Violencia gubernamental y sus consecuencias

Violencia gubernamental y sus consecuencias

La paz no es únicamente la ausencia de guerra o violencia, sino el fortalecimiento de los aspectos positivos que la edifican, como son la armonía, la cohesión, la colaboración y la integración.
Johan Galtung

El día de ayer tuve la oportunidad exclusiva de conversar con un par de policías que circulaban en las cercanías de la Casa del Café, en Los Robles, más precisamente a un lado de “Valenti’s Pizza”. Los policías en cuestión amenazaban con detenerme por ser, supuestamente, uno de tantos “golpistas” que salen a la calle “a joder”. En realidad minutos antes yo estaba tomándome un cafecito en el local de “Don Pan” y había cruzado la calle para saludar a mi amigo y antiguo profesor Alberto Novoa Espinoza, Exprocurador General de la República.

En determinado momento de la discusión y ante mi argumento de que el problema real que enfrentábamos era el irrespeto a las leyes por parte de la misma Policía, al extremo de llegar a amenazarme con llevarme a la cárcel por simple y accidentalmente estar en un sitio público por donde ellos iban pasando, uno de los policías dijo algo que me heló la sangre: “¡Me valen verga tus leyes!”. ¿Cómo razonar con una “autoridad” que desconoce que es de esas leyes que depende, precisamente, su status de autoridad? ¿Qué puede hacer un simple ciudadano frente a unos 20 hombres y mujeres armados que le rodean y se sienten por encima de la Ley?

Esa discusión fortuita me puso a reflexionar sobre los alcances que tienen en Nicaragua la violencia cultural y la violencia estructural, mismas que repercuten (siguiendo a Johan Galtung) en la violencia directa de la que hemos sido testigos el último año y en el recrudecimiento de otros tipos de violencia como los femicidos y asesinatos que están comenzando a aumentar peligrosamente en nuestro país.

El triángulo de la violencia de Galtung

Johan Galtung es un matemático y sociólogo de origen noruego que durante toda su vida ha trabajado en los temas del conflicto y la violencia, teorizando y poniendo en práctica algunas propuestas interesantes en materia de mediación y resolución alternativa de conflictos.

Básicamente, la propuesta de Galtung es que la violencia directa (la visible) tiene raíces profundas en la violencia cultural y la violencia estructural, no siempre visibles. Similar a la imagen que tenemos de un ‘iceberg’, la punta (violencia visible) es siempre menor que la masa que se oculta en el agua (violencia invisible). Resumiendo un poco las ideas, podemos decir que la violencia directa está reflejada en el comportamiento de las personas, es la violencia que se manifiesta de forma verbal, física o psicológica; la violencia estructural, por su parte, es la que se ejerce (muchas veces a manera de opresión) por el sistema social, económico o político en que las personas se desenvuelven y la violencia cultural implica los aspectos de la cultura en el ámbito simbólico (religión, ideología, lengua, arte, ciencias y simbologías; como banderas, himnos, imágenes sagradas, etc.) que puedan ser usadas para justificar o legitimar la violencia directa o estructural; de este modo, la violencia cultural condiciona las actitudes de las personas.

La irresponsabilidad gubernamental

Siendo evidente que las expresiones de rebeldía de una buena parte de la sociedad nicaragüense tienen origen en la negación de derechos de parte del gobierno, podemos afirmar que los niveles de violencia estructural son ya inaceptables. En su afán por establecerse como poder único en todos los ámbitos de la vida social, política y económica el gobierno del FSLN ha creado dos categorías de ciudadanos (acercándose peligrosamente al fascismo): unos que con el aval de su secretario político sectorial tienen acceso a las “bondades” que facilita el gobierno desde la administración del Estado y otros que no solamente son oprimidos y reprimidos, sino que también estigmatizados como “enemigos”, sea del progreso o de la revolución o del pueblo.

El abuso de los símbolos partidarios, la mitificación de una revolución fallida y toda su carga heroica, así como la ya mencionada creación de la imagen del “enemigo interno” que sirve a “intereses imperialistas”, junto con la persistente y cansina campaña mediática en contra de los “vándalos”, “golpistas”, “terroristas” y demás epítetos que se vierten desde los medios oficiales y oficialistas; son expresiones que buscan exacerbar la violencia cultural en la población para justificar y legitimar los niveles de represión que se han implementado en contra de los opositores, ocasionando centenares de muertes y decenas de miles de víctimas de todo tipo.

Asumir que el aumento de la violencia estructural y de la violencia cultural nos van a llevar al camino de la paz es absolutamente estúpido, habida cuenta de que, como ha sido expresado, la violencia directa está ligada a los otros dos tipos de violencia y su magnitud es directamente proporcional a ambas. La pregunta que salta a la vista es: ¿a qué apuesta el gobierno?

Normalmente, y siguiendo el llamado “Principio de Hanlon”, suelo pensar que no todas las acciones de las personas están motivadas por la maldad… muchas veces es simple estupidez. Quizás estemos todavía a tiempo de lograr que las personas en el gobierno reflexionen.

La solución interna del conflicto no solo depende del gobierno

Ya en otros comentarios he dejado señalada la necesidad de reconocer que hay un segmento de la población opositora que no difiere mucho del segmento que apoya las posiciones de gobierno a niveles de fundamentalismo extremo. Envueltos como estamos en los mismos aspectos culturales (historia, tradiciones, creencias, etc.), muchas de nuestras reacciones son casi instintivas… incluyendo las expresiones de violencia directa (agresiones verbales, morteros, piedras y armas, si las hay).

Para que Nicaragua tenga posibilidades reales de salir de este conflicto y recuperarse se hace necesario que nos enfoquemos en los procesos de organización y restablecimiento del tejido social que ha sido roto por la violencia provocada por el gobierno. No hablo de poner la otra mejilla o de perdonar ciegamente a quienes hayan cometido crímenes contra la población, me refiero a NO ACEPTAR la propuesta violenta del gobierno, negándonos rotunda y conscientemente a estigmatizar a (y/o declararnos enemigos de) sus simpatizantes y seguidores, negándonos también a seguir el juego de quienes promueven una “insurrección” o “rebeldía popular” (aunque se pretendan cívicas) e impulsan, quizás con muy buenas intenciones, el “derrocamiento de la dictadura”, aunque tengamos que destrozar lo que queda de nuestra economía o tengamos que morir quien sabe cuántos más en el intento.

Construir un modelo social donde no alcancen la corrupción y la violencia

El actual gobierno del FSLN ha perdido toda autoridad legal y moral para pretender continuar en el poder y solamente se sostiene por la fuerza de la violencia y las armas, sin embargo, si aspiramos a construir una sociedad democrática tenemos que evitar hacerlo sobre la base de la muerte y la violencia, ya tratamos de hacer eso entre las décadas de los 70s y los 80s, y vimos que NO FUNCIONA… no persistamos en el error. El actual gobierno y el FSLN en términos políticos ya están derrotados, pero la sociedad nicaragüense todavía no es capaz, no está en condiciones, de capitalizar esa derrota del autoritarismo, la corrupción, el fanatismo y el clientelismo.

Necesitamos construir un proyecto de nación que involucre a toda la sociedad nicaragüense y que en su primera fase nos permita:

  • Iniciar un sistema y procesos de Justicia Transicional y Restaurativa para hacer prevalecer la Ley
  • Replantearnos la organización del Estado mediante una Asamblea Constituyente
  • Democratizar la economía para abandonar el modelo extractivista y rentista que atenta contra nuestro medioambiente y nos dificulta avanzar por la senda del progreso social.

Entonces, siguiendo las ideas de Galtung en materia de resolución de conflictos, nuestra verdadera lucha tiene que enfocarse hacia:

  1. Reconciliación: Trabajar sobre nuestras actitudes para identificar y neutralizar aquellos antivalores arraigados en nuestra idiosincrasia que sustentan la violencia cultural.
  2. Reconstrucción: Trabajar sobre nuestros comportamientos para evitar las manifestaciones violentas, sean verbales, físicas o psicológicas entre nosotros y contra quienes no piensan como nosotros.
  3. Resolución: Trabajar en el diálogo y la articulación organizativa que nos permitan construir una nueva estructura social que se aleje de los métodos opresores, represivos y de exclusión social y económica.

Sin trabajar seriamente en estos aspectos NO PODEMOS ASPIRAR a una salida real y definitiva de la presente crisis… trabajar en los procesos para alcanzar estos objetivos es más útil e interesante que ir a marchar y exponerte a que te asesine una “autoridad” a la que le “valen verga tus leyes” y a la que en este momento no tenés idea de cómo, cuándo y con quién vas a sustituir.