Un abril en que ya no están

Un abril en que ya no están

La rebelión de abril no es un proyecto político, es una renovación ética y moral de una juventud que escuchó entre su niñez y adolescencia las historias de la guerra y no se encontró identificada con la revolución. Un año de la masacre de abril. Un año que ya no están, pero es un abril en que se les recuerda.

No quiero hablar de los que murieron en abril como de unos héroes, sino como gente común, que dejó atrás sus sueños para que nosotros pudiéramos continuarlos. No sé si ellos mismos se considerarían héroes, pero sí forjadores de sus propios destinos. Abril es para reencontrarnos en el dolor de las madres que aun lloran las muertes de sus hijos. Nicaragua no necesita más héroes, ni de mesías que nos salven del cataclismo de las dictaduras. Esos héroes harían más estando vivos y por eso debe de prevalecer en la memoria colectiva que nos necesitamos vivos.

Un abril en que ya no están, pero es un abril en el que se les recuerda. Los muertos no solo son números en los informes, es gente con nombre que no exigía más que tener una patria. El país de mentira que teníamos antes de abril es responsabilidad de todos y mientras neguemos esa verdad no encontraremos el origen de nuestros males: la cultura.

El presidente de mentira, una oposición política de mentira, una democracia de mentira y nos fuimos engañando creyendo que todo estaba bien mientras la economía funcionara y olvidamos que para construir un país de verdad teníamos que respetar las leyes. Los fraudes electorales, la reelección presidencial indefinida, los opositores desarticulados, campesinos asesinados, abstencionismo, el miedo a protestar, las universidades secuestradas por operadores políticos del régimen y una constitución híper-presidencialista. Todo eso ocurrió enfrente de nosotros ¿Y qué hicimos? ¡Nada! La rebelión de abril no tiene sentido si no asumimos la responsabilidad histórica que nos corresponde, y para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos es necesario conocer la historia. Un solo hombre no puede construir un reino, fuimos cómplices en nuestra inacción.

Para romper con el ciclo de los caudillos debemos procurar que el poder no se ejerza desde arriba, sino desde abajo con la participación de la ciudadanía. A pesar del gran liderazgo que ha emergido entre los más jóvenes del país, es una apuesta si ese cambio generacional no es más de lo mismo. Pero es indispensable una mezcla entre juventud y experiencia. Abril no es una victoria, es la primera piedra para sentar las bases de una verdadera República. La Nueva Nicaragua es un eufemismo, un país con una democracia fuerte toma años construirla y la reconstrucción del país no será fácil debido a la polarización política y las heridas que ha dejado la masacre de abril. Este es un momento de reflexión y preguntarnos qué es lo diferente que haremos a partir de la caída de la dictadura.

Ni ganadores, ni perdedores, como país, todos hemos perdido. Perdimos la paz, vidas valiosas, tenemos una sociedad dividida por el odio y el revanchismo. No habrá una nueva Nicaragua mientras la impunidad impere y los poderes fácticos que gobiernan nuestro país pongan de primero sus intereses y de último los de nuestra desventurada nación.

Estamos construyendo una identidad política, más allá de reconocernos en el dolor, en el sufrimiento de las madres que perdieron a sus hijos. Esa identidad que no poseemos, es la que permitirá reconfigurar nuestra forma de hacer política. No es solo un cambio de gobierno, es reestructurar nuestra sociedad. A pesar de construir esa unidad en medio de la polarización política provocada por la represión del régimen Ortega-Murillo, hemos confundido la unidad con uniformidad y muchos llaman a la crítica “división”. No es en la uniformidad que construiremos la unidad, es en la pluralidad de ideas que construiremos una unidad que forje una identidad general. Es nuestra cultura el puente que permitirá encontrarnos y sentar las bases de una república, donde todos sepamos escucharnos para construir una sociedad libre y democrática. No más disciplina de partido, ni silencios cómplices. La única forma de sacarnos de la vergüenza de la pobreza es pensando primero en Nicaragua y de último en el partido. Independientemente de nuestra ideología TODOS somos nicaragüenses y es el mayor honor entre los honores.

Así pues, no es mi intención enarbolar la bandera del triunfalismo inútil, es tratar de homenajear las vidas de los muchachos que de manera desinteresada ofrendaron sus vidas por nosotros y de su sangre debe brotar la nueva Nicaragua que queremos. No deben convertirse en sacrificios inútiles. No son héroes por morir, sino porque son la conciencia de los oprimidos. La mejor forma de homenajearlos es construir un país de verdad y que perdure en la memoria de todos, que ellos fueron los fundadores de la nueva patria, no por su sangre, sino por sus ideas.

No hay olvido sin sepultura
para quien lucha por lo que es.
Que la muerte me regrese
lo que la vida me ha quitado…

Franco Valdivia

Un año de la muerte de Franco Valdivia y Orlando Pérez Corrales. Este pequeño poema es mi homenaje a ellos:

Como aquel muchacho

Son como aquel muchacho
que entró a la guerrilla
satélite de la patria
dueño de la libertad.

Murió como todo un hombre
con un arma en sus brazos
¡Que se rinda tu madre!
Gritó el héroe de paz.

No se raje muchacho
bienaventurado el que quiera la paz
tómese la vida en serio
pasará a la inmortalidad.

Dos muchachos estelianos,
murieron con un ideal
salieron un viernes a marchar
cayeron en el parque central.

No eran delincuentes
eran estudiantes
un 20 de abril
los asesinó la Policía Nacional.

La patria los necesita
Satélites de la Paz
Franco y Orlando
no los vamos a olvidar.