Solo el pueblo salva al pueblo

Solo el pueblo salva al pueblo

Es difícil concebir la historia de Nicaragua sin poder hablar de los grandes flagelos que la han azotados por siglos: la desigualdad, la pobreza, pactos y dictaduras. La historia reciente demuestra que, a pesar de estos grandes flagelos, el pueblo nicaragüense ha sido aguerrido y ha mantenido inquebrantable su espíritu de lucha y la esperanza de salir de este círculo vicioso, al que regresamos una y otra vez, sin aprender de la historia.

Los pactos políticos a lo largo de la historia sólo han beneficiado a las grandes élites, caudillos, partidos políticos, y potencias extranjeras. El Pacto del Espino Negro (1927), El Pacto de los Generales (1950), El pacto del Kupia Kumi (1971), y el más reciente el pacto entre Ortega y Alemán, son toda una muestra de cómo estos actores se han repartido dinero, poder político y militar, concesiones territoriales y cargos en el Estado.

El Pacto Ortega – Alemán le devolvió a Daniel Ortega las esperanzas de volver al poder, una vez que la Asamblea Nacional aprobara una reforma constitucional que permitía ganar una elección presidencial al que recibiera un 35% del voto en una primera vuelta. Solo así pudo Ortega retomar el poder a principios del 2007. Por su parte, Alemán sigue operando y engusanando los poderes del Estado al frente del extinto PLC, luego de habérsele encontrado culpable y fuese sentenciado a 20 años de cárcel por el delito de lavado de dinero. El 15 de enero de 2009, Arnoldo Alemán fue sobreseído de los cargos de corrupción por la Corte Suprema de Nicaragua, que en ese entonces era presidida por Manuel Martínez Sevilla un cercano allegado de Alemán.

Una vez ya en el poder Ortega junto a Rosario Murillo, quien además de ser la primera dama funge como vicepresidenta y coordinadora del consejo de poder ciudadano, han desarrollado toda una parafernalia que incluye el desmantelamiento de las estructuras democráticas, voces disidentes y medios de expresión críticos, basados en el clientelismo y asistencialismo, a eso también podríamos sumar la deserción de figuras importante del sandinismo y el naciente orteguismo como el endiosamiento de la familia y su permanencia en el poder.

Ortega ha llamado al periodo comprendido entre 2007-2019 la segunda fase de la revolución. Una revolución que, según el Poeta y Sacerdote Ernesto Cardenal, terminó en los años 90 y fue traicionada. “Los sandinistas no deben confundirse: el FSLN de Daniel Ortega no es sandinismo, sino su traición. Votar por Daniel es votar por Alemán” (El Nuevo Diario – Managua, Nicaragua – 26 de octubre de 2006)

Lo cierto es que gracias a ese pacto Ortega sigue en el poder hasta el día de hoy. Sin embargo, el panorama no es el mismo después de abril 2018. Ortega ordena, ejecuta, controla y castiga, pero no gobierna. Sobrevive. La insurrección popular dio paso a la protesta masiva y creativa de un pueblo que durante once años fue indiferente a los abusos de lo que algunos llamaban “dicta blanda” una combinación de elementos democráticos y autoritarios”

Antes de abril, el pueblo no protestaba por el precio de la canasta básica, el precio del combustible, el salario mínimo, las reformas a la seguridad social y la situación del seguro social, la eliminación de los subsidios a la electricidad, el excesivo gasto presupuestario en propaganda, las comisiones por desembolso e intereses de préstamos de financieras. Todo esto era tolerado por la “bonanza económica” que atravesaba el país. Una bonanza gracias al maridaje “Gobierno- Cosep”. Bonanza que permitía que la banca privada del país y grandes empresas de diferentes sectores y testaferros se sumaran al sector privado, construyendo de esa manera acuerdos en conjunto en donde Ortega funge como el presidente eterno de Nicaragua y como representante de todos sus compañeros multimillonarios. Señor de toda Nicaragua. Se estableció de esta manera un sistema de gobierno basado en el consenso Ortega – Cosep .

El rumbo de la historia cambia cuando el 12 de abril, un grupo de Jóvenes autoconvocados protesta contra la negligencia del Gobierno frente al incendio de la reserva Indio Maíz. Y días más tarde estudiantes universitarios se levantan a protestar en contra la reforma del seguro social. Ortega respondió con represión, balas y muerte. El saldo al día de hoy son más de quinientos muertos, más de ochocientos presos políticos, y el rechazo masivo de la población que pide: liberación, justicia y adelanto de elecciones.

Después de un dialogo fallido en mayo del 2018, en donde la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, conformada por diferentes sectores, entre ellos estudiantes, campesinos y empresa privada, quienes demandaban muestras claras y exponían el camino a seguir para una salida pacífica de la crisis socio política que enfrentaba el país, a través de reformas electorales, anticipos de elecciones y cese a la represión a la manifestación ciudadana, sin resultado alguno. Ortega hizo un nuevo llamado a negociaciones ante las sanciones de la Unión Europea, de EEUU y la condena internacional, pero esta vez no están todos los que estuvieron la vez anterior. Algunos de ellos están en el exilio y otros encarcelados. Dicha negociación fue convocada una vez que Ortega se reuniera con grandes empresarios y banqueros del país, quienes ven en riesgo su capital y un inminente retroceso de la economía nacional, según especialistas se pronostica una caída del PIB en un veinte por ciento.

A estas nuevas negociaciones se han unido nuevos rostros por ambas partes. Por parte del Gobierno está el ex somocista y ex correligionario liberal de Arnoldo Alemán, y ahora orteguista, Wilfredo Navarro, y por parte de la Alianza Cívica, José Pallais otro exmiembro del PLC de Alemán. Además, la Conferencia Episcopal, quien durante toda la crisis ha acompañado al pueblo nicaragüense, ha renunciado a ser testigo y mediadora en estas negociaciones, ya que el gobierno no da muestras de buena voluntad.

Para algunos esta encerrona en el INCAE, sólo son una estrategia dilatoria de Ortega para evitar la aplicación de la carta democrática por parte de la OEA, las sanciones de la UE y el recrudecimiento de la Nica Act. Estas negociaciones son la estrategia central del gobierno Ortega-Murillo y consisten llanamente en mostrar un rostro negociador ante la comunidad internacional y poder detener de esa forma su inminente caída o al menos poder ganar tiempo. Hasta el día de hoy las negociaciones llevan más de quince días, y no se han restablecido los derechos que han sido suprimidos, ni se ha liberado a los presos políticos que Ortega maneja como fichas en el tablero en las negociaciones. Lo único que nos recetan después de cada encerrona son comunicados superfluos, llenos de eufemismos y pocos resultados.

Darles larga al asunto, dar casa por cárcel a presos políticos y cambiar de condición a los excarcelados, de presos políticos “terroristas” a presos comunes con algunos de los maquillajes cosméticos que la dictadura ha realizado, asi como emitir comunicados en conjunto con la AC en donde dicen que van a “fortalecer” los derechos que no tienen los nicaragüenses. Ortega pude poner su firma en cualquier documento. Durante el diálogo de mayo 2018 Ortega se comprometió a respetar las orientaciones emitidas por la CIDH. El resto ya lo saben. En junio quemó a una familia entera.

A pesar de todo esto, hay quienes no han perdido la fe, puesto que hay una representación de universitarios en la AC, minada mayormente por empresarios, y figuras como Carlos Tünnermann, quien ha fungido como vocal en lectura de algunos comunicados prensa por parte de la Alianza Cívica.

La Unión Nacional Azul y Blanco conformada por la Articulación de Movimientos Sociales (que aglutinan a sectores estudiantiles, campesinos, movimientos sociales, feministas, indígenas y empresariales), el Frente Amplio por la Democracia (FAD), y plataformas de la Sociedad Civil, como la Coordinadora Universitaria (CUDJ), los Movimientos 19 de Abril de varios departamentos y la Alianza Cívica ha criticado el actuar de esta última por lo poco que ha logrado en la mesa de negociación y el secretismo con que se manejan las libertades públicas.

La Alianza Cívica aceptó negociar con la dictadura, quien prometió liberar a los presos políticos y que dicha libertad sea condicionada por un “ordenamiento jurídico” manejado al antojo y capricho de la dictadura, quien hasta el día de hoy no asume su responsabilidad por los crímenes de lesa humanidad que han sido debidamente denunciados y hasta documentados por organismos nacionales e internacionales.

“Hay que esperar” “Hay que ser paciente” “Es un proceso”

Algo que posiblemente mata las esperanza de seguir luchando es el cortoplacismo, es querer una democracia express. Nadie dijo que sería de un día para otro, pero aquellos que dicen: “Hombre, no critiques”, “Hay que ser positivo”; son los mismos que se molestan por simple hecho de disentir y son esos mismos que avalan las decisiones y los pactos.

En múltiples ocasiones, Ortega ha dejado claro que no habrá elecciones anticipadas y que lo que paso en abril 2018 fue un intento de golpe fallido, por lo que deberíamos esperar hasta el 2021 para que se realicen elecciones. ¿Será entonces que el objetivo de los negociadores es crear un “ambiente de consenso” que permita que Ortega llegue al poder hasta el 2021? Porque esto de liberar presos políticos, dejar de torturar en el chipote y de arrestar a todo aquel que se manifieste contra la dictadura está dentro de la norma de un país en que desde abril 2018 los titulares y los medios de comunicación solo hablan de arrestos, muertos, exiliados y desaparecidos.

¿Será acaso que estamos ante una segunda fase del maridaje Ortega- Cosep? ¿Será que la Alianza Cívica busca como contribuir con el régimen para desmantelar las movilizaciones ciudadanas porque estas “entorpecen” las negociaciones? ¿Será que estaremos condenados a someternos a los acuerdos de las grandes élites que siempre salen inmunes y beneficiadas y que están acostumbradas a danzar sobre la sangre de nuestros muertos? ¿Estamos frente a otro pacto? ¿Qué le está ofreciendo la Alianza a la Dictadura? ¿Amnistía? ¿Yo me rehúso a creerlo así, porque ni la comunidad internacional quiere seguir teniendo tratos con un gobierno genocida.

La lucha cívica sigue viva y el futuro de Nicaragua no puede, ni va a, depender de la voluntad de un pequeño grupo selecto. Sólo el pueblo salva al pueblo.