Sobre la ley de amnistía

Sobre la ley de amnistía

El Parlamento de Nicaragua, controlado por el oficialismo, aprobó el sábado 8 de este mes y con carácter urgente una Ley de Amnistía que vendría a absolver de responsabilidad a quienes han cometido delitos en el contexto de la crisis que estalló hace más de un año y que ha dejado cientos de muertos y de detenidos, y decenas de miles en el exilio. La iniciativa, propuesta por el grupo parlamentario sandinista, que es mayoría absoluta en el Congreso, concede una rara y amplia amnistía a todas las personas que han participado en los sucesos acaecidos en todo el territorio nacional a partir del 18 de abril de 2018 hasta la fecha de su entrada en vigencia.

La amnistía se extiende a las personas que no han sido investigadas, que se encuentran en procesos de investigación, en procesos penales para determinar responsabilidad y en cumplimiento de ejecución de sentencias. O sea que no debe sorprender si varios individuos ya procesados por otros delitos serán beneficiados por el efecto de esta ley, en un país como Nicaragua la magia “del país de nunca jamás” es burda. Por tanto, según ordena la Ley, las autoridades competentes no comenzarán procesos de investigación, deberán cerrar los procesos administrativos iniciados y los procesos penales para determinar responsabilidad, así como la ejecución de sentencias. Así mismo, las personas que se encuentran privadas de libertad al momento de la entrada en vigor de la Ley, deberán obtener su libertad de forma inmediata.

Las autoridades cancelarán los registros de antecedentes penales de todas las personas beneficiadas con la amnistía. La norma cubre todos los delitos políticos y los delitos comunes conexos, exceptuando aquellos regulados en tratados internacionales que Nicaragua es Estado parte. Las personas beneficiadas con la Ley deben abstenerse de perpetrar nuevos hechos que incurran en conductas repetitivas. En conclusión hay una lista muy extensa de personas entre policías, miembros activos y retirados del ejercito, paramilitares, etc que mataron, secuestraron, torturaron, intimidaron que no serán investigados ni juzgados, ya que la justicia y la reivindicación es cuestión secundaria y poco práctica en estos momentos. Impunidad en todo su esplendor.

La parte de no repetición es algo así como el dragón comiéndose a sí mismo, más allá de la semántica, la observancia del principio de no repetición trae como consecuencia la abolición del beneficio establecido por esa Ley, o sea se contradice porque condiciona el supuesto beneficio otorgado. No olvidar lo “guatusera” que es el alma del “político sandinista” tan básico en su esencia mental.

La ley es una trampa, algo así como una movida de ajedrez donde se sacrifican unos peones, pero se deja intactas a las torres, los caballos, los alfiles, el rey y la reina del sistema socio-político, un juego o modelo harto caduco ya en nuestra trágica y cómica historia, una movida para poner en punto de mate a cualquier iniciativa progresista, positiva, o de acción propuesta para encontrar una salida sana a esta crisis, ello se convierte en un obstáculo para un verdadero proceso de justicia transicional en Nicaragua.

La ley en sus consecuencias más mediáticas, genera más incertidumbre y deja abierta la posibilidad de represalias sin precedentes: en el caso de cualquier intento que el gobierno considere que vaya en su contra, atacará vorazmente y sin contemplación. Según la historia desde los 80 hasta ahora se han realizado 14 leyes de amnistía (las que recomiendo estudiarlas todas como materia pendiente para la ciudadanía nicaragüense), de las cuales 10 fueron en el primer gobierno sandinista más la reciente, y que evidencia por demás del grado de impunidad que se ha recetado el régimen desde sus inicios.

Dicen que las matemáticas son frías, pero los 594 muertos, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), más otros centenares de lesionados no contabilizados hasta el momento, más las decenas de miles de exiliados, es una herida, una rasgadura en nuestra patria. Hoy viernes 14 de junio pasé como siempre por la rotonda Rubén Darío o de Metrocentro, la gran bandera patria que se encuentra en el costado norte amaneció rasgada, como resintiendo el dolor de estos tiempos.