Retos de la diáspora: símbolos, mitos y traiciones

Retos de la diáspora: símbolos, mitos y traiciones

Comenta un líder auto-convocado que al haberse reunido en Washington D.C. los nicaragüenses de la diáspora están “donde los quiere la dictadura”. Yo más bien creo que, independientemente del lugar de la reunión, la propaganda chayorteguista iba a maldecirla, y presentarla ante sus ciegos feligreses como una conjura perversa. Daría igual si los nicas hubieran viajado al polo norte o al desierto de Gobi.

Por otro lado, pienso que hay que empezar a pasar por alto, o mejor aún tirar a la basura, la simbología inventada por el estalinismo castrista en América Latina en su afán de deshumanizar a quienes han cuestionado, se han opuesto y han luchado en contra de ellos en cuanto país ha sido alcanzado por esa variante de despotismo.

La propaganda filo-estalinista redujo a Miami, no olvidemos, a ciudad de “gusanos” y “sapos” por albergar a gente que en ella se refugiaba de dictaduras, como ocurre hoy de nuevo.

Ese discurso ha sido muy efectivo, en parte porque muchos artistas e intelectuales latinoamericanos se enamoraron de la “izquierda”, y la “izquierda” de la región se enamoró de Castro, de un psicópata llamado Guevara, y de otros criminales del poder, como el que nos ha tocado en nuestra Nicaragua. Todavía me retumba en la memoria un verso de Neruda: “que se vayan a Miami con sus tías”.

De tal manera que debemos concentrarnos en lo que verdaderamente importa en estos momentos, y no seguir dándolo validez alguna a los símbolos torcidos de la trágica y fraudulenta historia de la “revolución” latinoamericana del siglo XX. A estas alturas ya no importan los insultos que la dictadura chayorteguista lanza en su afán de resucitar una imagen humanista, progresista, falsamente revolucionaria: la batalla de la imagen la llevamos ganada; ya casi nadie se atreve a decir sin sonrojarse que el de Ortega-Murillo es un régimen “cristiano, socialista, y solidario”; el estigma de tiranos se les hunde en la piel.

Lo que no vamos ganando es la batalla del poder. Es decir, el monstruo se ha quitado la máscara (mejor dicho, se la ha arrancado el pueblo de Nicaragua) pero igual mata, reprime, y hasta compra, con la ayuda de sus testaferros en el COSEP, un compás de silencio que le permite buscar con estos un arreglo que minimice los riesgos de ambos.

Qué hacer, cómo apretar la tuerca desde el exterior, tanto contra el régimen como contra sus secuaces financieros y políticos, ese me parece que es el gran reto de la diáspora.

Desafortunadamente, para responder a ese reto nos quedan unos cuantos tragos amargos de esa medicina llamada verdad. Porque la represión es violenta y cruel, pero empiezo a sospechar traiciones que son más crueles todavía, de gente que se ha vendido todos estos años como demócratas, por ser enemigos de Ortega, pero a quienes las circunstancias parecen revelarlos como zorros del mismo piñal, o para usar otra frase que un amigo recientemente me recordó, como “lobos con piel de oveja”.

Francisco J. Larios
Economista y escritor nicaragüense

Nota: Se refiere a los comentarios que podés ver en este post.