¿Por qué la vía electoral?

Opiniones

A propósito de una reciente entrevista realizada por Jaime Bayly a un reconocido político nicaragüense y el revuelo que ha causado en algunos sectores de la población, en especial usuarios de las redes sociales que demandan “medidas de presión”, el derrocamiento del gobierno del FSLN o la condición de que Daniel Ortega no sea candidato en el próximo proceso electoral; vale la pena retomar algunas ideas expuestas en un artículo anterior y agregar nuevas observaciones a partir del contexto presente.

Derrocar a Ortega

Comencemos diciendo que el comentarista Bayly esperaba que su entrevistado, por ser promotor y abanderado de un bloque “antisandinista”, le proporcionaría alguna declaración incendiaria. El entrevistado, sin embargo, solo atinó a decir que su apuesta es la vía electoral, la participación masiva de la población y la defensa del voto para evitar un fraude. A despecho de quienes quisieran que exista un mecanismo mágico que haga desaparecer milagrosamente a la dictadura, debo decir que la posición del político en cuestión es correcta, aunque no necesariamente el resultado va a beneficiar a su propuesta.

Pensar en que es posible encontrar un mecanismo que logre la salida anticipada de Ortega antes de noviembre del 2021 es bastante rebuscado, entre otras razones, porque para lograrlo sería necesario activar y movilizar a un número no menor que 300,000 ciudadanos y ciudadanas decididos a ir hasta las últimas consecuencias. La falta de organización y articulación entre los distintos grupos que surgieron a partir de las protestas de abril del 2018 fueron la causa principal de su derrota y, al mismo tiempo, el uso excesivo y criminal de la violencia del régimen no ha cesado. Actualmente miles de policías y paramilitares controlan las calles y reprimen indiscriminadamente cualquier tipo de protesta o reunión. No podemos ni por un momento dudar que en caso de ser necesario volverían a asesinar a quienes intenten acciones rebeldes de tipo insurreccional.

Sumado a lo anterior es también necesario reflexionar acerca del posible resultado de un intento de rebelión similar al ocurrido en el 2018. Asumiendo que la empresa privada se hubiese verdaderamente sumado a la lucha mediante un paro indefinido, simplemente no podemos saber cuál habría sido el desenlace; las probabilidades de victoria o derrota son exactamente desconocidas e indeterminables. El hecho de que Policía, Ejército y fuerzas irregulares, la violencia criminal desatada por el régimen y el alto grado de indefensión de la población me llevan a pensar que el resultado habría sido el mismo, con más muertes y víctimas junto al derrumbe absoluto de la economía nacional, que aunque a algunas personas les parezca sin importancia redundaría en más sufrimiento para millones de personas.

¿Y si la insurrección del 2018 hubiese triunfado?… Sencillamente estaríamos inmersos en una guerra civil, porque es extremadamente ingenuo (y hasta estúpido) suponer que los grupos armados adeptos al régimen se iban a quedar de brazos cruzados ante el pueblo desarmado. Más allá de la victoria insurreccional también habría sido necesario acudir a un proceso de legalización y legitimación de quienes accedieran al poder político mediante negociaciones y acuerdos que desembocarían en un proceso electoral, indefectiblemente, con todas las singularidades que enfrentamos ahora mismo: una clase política carroñera disputándose los restos de Nicaragua y una clase económica depredadora tratando de sobrevivir, en medio del desastre.

Ya he señalado que 300,000 personas permanentemente activadas son suficientes para tener posibilidades reales de triunfo en una lucha cívica, al FSLN le bastaría con 10,000 delincuentes armados para truncar cualquier intento de establecer un gobierno postinsurreccional… y el problema es que los tiene y tiene suficientes recursos económicos para mantenerlos. Así planteado, derrocar a Ortega en un escenario no electoral no solo no es la solución a la crisis, sino que se convierte en un verdadero colapso social del cual no podemos saber cuántas décadas nos costará levantarnos.

La salida electoral

Frente al posible escenario electoral los detractores oponen como principales argumentos la obvia posibilidad de que Ortega y el FSLN intenten un fraude, el hecho de que la campaña y las elecciones ocurrirían en un ambiente de violencia y hostilidad del que seguramente resultarán víctimas fatales y que en definitiva lo único que se lograría sería la legitimación del resultado fraudulento. A este negativismo le agregan que es “inadmisible” la candidatura de Ortega, por su innegable condición criminal… Ortega es un asesino, eso nadie lo duda, por lo tanto, según los “genios” de la “propuesta insurreccional”, no podemos admitir que compita en unas futuras elecciones. Está de más decir que, como suele suceder, los críticos no tienen la mínima idea para salir de la crisis por una vía que no sea la electoral, asumen que mágicamente desaparecen todos los obstáculos mencionados en el capítulo anterior y luego de no sé qué milagro llega no sabemos quién al poder sobre los hombros de las masas populares sublevadas.

Debo decir que la negatividad de los detractores de la vía electoral está bien justificada. Ortega y el FSLN van a intentar mantenerse en el poder por todos los medios a su alcance, habrá un intento de fraude y seguramente nuestras vidas correrán peligro durante la campaña y mientras se luche por evitar el fraude, pero… ¿no correríamos igual o más peligro intentando nuevamente una insurrección?… ¿acaso estamos seguros ahora?

Si el éxito de una insurrección cívica es altamente probable cuando tenemos a trescientas mil personas protestando en las calles, ¿qué pasaría si logramos movilizar al menos a un millón de personas en el marco de un triunfo electoral opositor?… ¿Y si se desbordan dos millones de personas en protesta por el fraude?… ¿Cuál sería la reacción del Ejército y la Policía?… ¿Cuál sería la reacción de quienes hasta el día de hoy justifican los crímenes del FSLN con el pueril argumento del “golpismo”?

Si bien es cierto no podemos dar una respuesta positiva tajante a las preguntas anteriores, también lo es que hay un cambio radical de contexto favorable a quienes queremos terminar con la dictadura. Las insurrecciones, nos guste reconocerlo o no, están fuera del marco legal de todos los países del mundo… los fraudes electorales también. En este nuevo escenario a nosotros nos asiste no solo la razón, sino que también la ley… y eso es mucho más importante de lo que parece a simple vista, si pretendemos enrumbar a Nicaragua por el camino de la democracia.

Los escenarios posibles

Resumiendo este análisis, tenemos que estamos frente a cinco posibles escenarios, que en realidad son cuatro (ya expliqué que el triunfo de un intento de insurrección nos llevaría, indefectiblemente, a una guerra civil y/o a un escenario electoral):

  • El escenario haitiano: Que ocurriría si el FSLN logra perpetrar el fraude electoral y se organizan grupos fuertes de oposición que le impidan gobernar.
  • El escenario cubano: Que ocurriría si el FSLN ganara limpiamente las elecciones o si un nuevo intento de rebelión fuera nuevamente aplastado por la fuerza.
  • El escenario venezolano: Que tendría lugar si la oposición no logra ganar con la cantidad de votos suficientes para controlar y reorganizar los Poderes del Estado actualmente bajo el dominio total del régimen. Este escenario es factible tanto si la oposición unificada no alcanza al menos el 70% de los votos como si los votos se distribuyen entre grupos opositores divididos.
  • El escenario boliviano: Donde una victoria aplastante de la oposición obliga al Ejército y a la Policía a reconocer los resultados y someterse a la voluntad popular.

Para concluir, remitiéndome nuevamente a mi artículo anterior, tengo que decir ahora que aunque exista una serie de condiciones exigibles y deseables es altamente probable que dichas condiciones no sean facilitadas por la dictadura y nos correspondería a nosotros, la ciudadanía organizada, decidir cómo actuar. Los escenarios, invariablemente, serán los mismos, con o sin las condiciones a que aspiramos.

Yo apuesto por la vía democrática, por el civismo y el apego a lo legal; es evidente que mientras los criminales sigan en el poder no habrá manera de hacer que enfrenten a la Justicia y respondan por sus acciones. Creo que la ruta electoral es donde tenemos la mejor oportunidad de salir de la crisis con menores costos en vidas humanas y menos sufrimiento para más familias nicaragüenses, que, al final de cuentas es lo que tiene que importarnos.