Por la memoria de nuestros mártires…

Por la memoria de nuestros mártires…

A partir del diecinueve de abril, hace un par de días, las redes sociales nicaragüenses se han llenado de recuerdos. La violenta respuesta del gobierno a las protestas populares comenzó a generar víctimas fatales el diecinueve de abril del año pasado y cada día a partir de esa fecha resuenan y resonarán los nombres de los jóvenes asesinados: Richard, Moroni, Alvarito, Sandor, Junior, Orlando, Francisco… un doloroso recuento que suma varios centenares de muertes injustas y crueles.

Lejos de reconocer sus crímenes, el gobierno se ha empecinado en tergiversar la historia tratando de convencernos de que no es cierto lo que todos vimos y vivimos durante estos duros días que comenzaron con las matanzas de abril y mayo del año pasado y continuaron con las “operaciones de limpieza” de los tranques y barricadas en los meses siguientes. Mediante “documentales” burdamente amañados pretenden que olvidemos las “caravanas de la muerte”, los videos que mostraron en vivo las acciones inhumanas coordinadas por la Policía Nacional como la quema de la casa en el barrio Carlos Marx con toda una familia adentro, incluyendo a una pareja de hermanitos.

Un segmento de la población, usualmente dependiente de las dádivas gubernamentales o que tiene alguna expectativa de recibirlas, se aferra a la versión del “golpe de estado” y la repite fanáticamente. Otro grupo poblacional era y es indiferente a la crisis, asume que hay que “dejar en paz” al gobierno para que “volvamos a la normalidad“… “tenemos que comer“, “si no trabajamos no comemos“… “ya lo pasado es pasado, no vamos a revivir a nadie“; son algunas de las frases con las que encubren su falta de dignidad y humanidad e incluso su complicidad.

La tragedia nicaragüense que hoy vivimos es una vuelta a los ciclos de violencia que caracterizan a nuestra corta historia. La lista de nuestros mártires del último año se suma a listas antecedentes… a las muertes de la dictadura somocista, a las muertes de la década de los ochenta, a las “misteriosas” muertes de las últimas décadas, por mencionar las más conocidas y recientes. “Volver a la normalidad” sería volver a la impunidad, aceptar la injusticia y la ilegalidad como parte esencial de nuestra existencia, sería condenar a las nuevas generaciones a la repetición del ciclo.

La memoria de nuestros jóvenes mártires y héroes, recientes y pasados, es en realidad el presente y el futuro al que nos estaremos condenando, y condenaremos a nuestras hijas e hijos, si otra vez no hacemos nada por cambiar la “normalidad” que pretende imponer el gobierno. Los culpables por las muertes (quienes dispararon u ordenaron disparar, quienes negaron atención médica, etc.) son personas concretas, seguramente identificables, pero responsables somos todos, en mayor o menor grado, y tenemos que asumirlo para empezar a actuar.

No son las sanciones ni las intervenciones extranjeras las que resolverán nuestra crisis, no. Tampoco saldremos de ella adelantando una farsa electoral para la que nadie está preparado, aunque muchos y muchas ya se regodean pensando en el nuevo reparto de poder.

Solo saldremos de esta crisis y de su recurrencia mediante el compromiso consciente y voluntario de no retornar a la normalidad, de no aceptar más como normalidad el terrorismo de Estado, los repartos de poder, la ilegalidad, la corrupción y el clientelismo. Solo saldremos de la crisis política y social cuando voluntaria y conscientemente salgamos de nuestra crisis de indignidad, de nuestra crisis ética y moral, individual y colectiva.

Por la memoria de nuestros mártires, recientes y pasados, que es también nuestro terrible presente y el futuro de nuestra descendencia, debemos de una vez y para siempre asumir nuestra responsabilidad ciudadana e integrarnos activamente en la construcción de una sociedad más justa, una sociedad en la que no sea necesario “protestar” arriesgando la vida frente “al poder”, sino ejercer ese poder para alcanzar un desarrollo humano ecológicamente sustentable y económicamente sostenible, un desarrollo económico con justicia social y respeto a la diversidad. Para que ninguna muerte sea olvidada, que ningún crimen quede impune… que ninguna muerte haya sido en vano.