Para construir una Nicaragua mejor

Opiniones

La semana pasada vi un maratón documental sobre la Primera y Segunda Guerras Mundiales y en un primer momento saqué la conclusión de que la evolución del Hombre como ser sociable y su incorporación a sociedades regidas por las leyes se dio a través de la violencia. “El Hombre se humanizó a través de la violencia”, pensé. Una contradicción, aparentemente.

La Liga de las Naciones y la Organización de las Naciones Unidas son creadas a partir de ambas guerras para resolver los conflictos entre las naciones. Cada conflicto obligó a desarrollar mecanismos para mediar y solucionar futuros problemas. La guerra o la violencia, por así decirlo, crearon éstas estructuras supranacionales para mantener la paz.

Entre la primera y la segunda guerras mundiales, hay un periodo de 30 años de diferencia y el conflicto nace a partir de la derrota alemana en la primera guerra mundial. La segunda guerra mundial es consecuencia directa de la primera. La Alemania Nazi se alimentó del nacionalismo para crear la guerra y devolverle la “gloria” al país. ¿Por qué Alemania volvería a iniciar una guerra? Para los franceces cuando se firma el Tratado de Versalles lo más importante era castigar a Alemania. La justicia la convirtieron en venganza con impunidad para los vencedores.

Quiero hacer un paralelismo con Nicaragua, aunque sus dimensiones y contextos históricos sean muy diferentes: la crisis de abril del 2018 estalló 30 años después de concluir la guerra contra la revolución armada previa que derrocó a la dictadura de Somoza, y se intentó una transición hacia la democracia que no se cimentó en la justicia, sino en un apartheid político, donde los “sandinistas” por ser “sandinistas” fueron despedidos de sus puestos en el Estado o estigmatizados; diez años antes la revolución había hecho lo mismo con los „somocistas“. Algo semejante a la postura de Francia de castigar hasta la humillación a Alemania: “castiguemos a los sandinistas por la guerra”, que antes había sido „castiguemos a los somocistas por la dictadura impuesta“.

Hitler utilizó el nacionalismo para buscar venganza por la humillación a que fue sometido el pueblo alemán después de la primera guerra mundial. La crisis social y económica que el pueblo alemán padecía, causado por las sanciones impuestas por la alianza que derrotó a Alemania, sanciones que obligaban a Alemania a resarcir económicamente los daños ocasionados por la guerra, ayudó a Hitler a instaurar el tercer reich. Ortega y Murillo hicieron casi lo mismo; utilizaron todo el rezago social que padecía la población para instaurar sus dictaduras. Ese resentimiento y odio fue creado por la impunidad y la venganza. A partir de esa premisa los paramilitares, ex miembros del EPS, salieron a las calles a asesinarnos. Usaron las heridas de la guerra y el desplazamiento social de estas personas en otros gobiernos para convencerlos de asesinar. No hubo atención psicológica a los desmovilizados por la guerra, adoctrinados por el régimen sandinista en los 80’s, ni hubo justicia para castigar los crímenes cometidos durante la guerra.

La justicia tiene que beneficiarnos a todos, imparcialmente. No hacer justicia, es abrir el paso a un nuevo dictador que manipule el resentimiento y el dolor de las masas e irremediablemente volver al clientelismo populista y al autoritarismo. Debemos reconstruir el tejido social desde la justicia poniendo un alto definitivo a la impunidad.

Al punto que quiero llegar es que no se puede repetir el mismo error de pretender construir un país democrático con una sociedad polarizada y violenta, valerse de la “justicia” para buscar venganza. La justicia se trata de no repetir lo mismo. En los juicios de Nüremberg, una gran parte de los altos mandos militares del Nazismo fueron ajusticiados, antes otros murieron en la guerra o se suicidaron. A pesar de que muchos otros casos quedaron en la total impunidad, los alemanes aprendieron a través del dolor, solo a través del dolor entendieron que en la guerra no hay honor ni gloria, ambas guerras suicidas habían sido instigadas por ellos mismos. No solo fue el ajusticiamiento de sus criminales militares lo que llevó a los alemanes a aprender de sus acciones, la magnitud del desastre que crearon y enfrentaron provocó en ellos un cambio de mentalidad. La idea de justicia también es un proceso mental que tenemos que trabajar.

La reflexión sería que tanto Ortega como Hitler son productos de los traumas de la guerra, la violencia institucionalizada y el resentimiento social. Ojalá que no haya un próximo dictador creado también por el dolor que vive el país por los acontecimientos recientes.

Tal vez la Humanidad hoy no sea mejor que lo que fue ayer, incluso puede que sea peor. No pasaron ni 50 años al finalizar la segunda mundial cuando en la antigua Yugoslavia se llevaba a cabo un genocidio étnico, es decir, hace menos de 25 años. No se aprendió del genocidio realizado por los nazis contra los judíos en campos de concentración como el de Auschwitz y otras zonas de Europa. La Humanidad se sigue deshumanizando y diversos grupos humanos recurren a la violencia para imponer su visión de las cosas. Sociedades supuestamente más avanzadas que las nuestras son las dueñas de las guerras, pero eso no es excusa para nosotros.

Aún estamos a tiempo de cerrar los ciclos de violencia desde nuestra mentalidad nicaragüense, al menos en nuestro pequeño espacio territorial. No hay honor ni gloria en las guerras, las guerras no construyen sociedades ni pueden perfeccionarlas, las guerras nos deshumanizan y nos destruyen socialmente. Nicaragua no será mejor por el hecho de que se vaya Ortega o „extirpemos“ al sandinismo, ellos solo son una parte del problema. El orteguismo, el sandinismo, el somocismo y cualquier otro cacicazgo excluyente, guerrerista y violento no regresarán si, y solo si, los nicaragüenses nos convertimos en mejores ciudadanos; si abandonamos el resentimiento y los deseos de venganza para enfocarnos en un sano ideal de justicia.

Nicaragua será mejor cuando tenga mejores ciudadanos.