Miseria humana: convertirte en aquello que alguna vez dijiste combatir

Miseria humana: convertirte en aquello que alguna vez dijiste combatir

Aferrados al poder político, evidentemente obcecados y ciegos de furia ante la imposibilidad de seguir sosteniendo la imagen de ser un “gobierno democrático y revolucionario” legitimado por la población, los miembros de la cúpula del FSLN y sus cómplices esgrimen el manido recurso de la “defensa de la seguridad nacional” ante la existencia de un “enemigo interno” aliado con fuerzas oscuras externas, que fue puesto en boga allá entre los años 70s y 80s del siglo pasado, precisamente por causa del nacimiento de agrupaciones como la de ellos mismos.

Irónicamente, en su afán por continuar ejerciendo el control y dominio del aparato estatal, el FSLN ha diseñado una amplia definición de terrorismo que les describe en su génesis, de cuerpo entero y con lujo de detalles. La reforma a la legislación penal, en medio de la crisis iniciada por la represión gubernamental a las protestas de abril del año 2018, aplicada al proceso histórico del nacimiento y consolidación del FSLN hasta julio de 1979 justificaría con creces las acciones de la dictadura somocista en su contra, es más, podríamos incluso decir que Somoza se quedó corto.

Un poco de historia acerca de la “lucha contra el terrorismo” y la construcción del “enemigo interno”

Se atribuye al general francés Jacques Massu, y en general a los militares franceses, ser los “pioneros” en el uso de “técnicas” como la tortura y las desapariciones forzadas para enfrentar a la guerrilla insurgente en Argel, un enemigo real que enfrentó a los colonizadores durante la guerra de liberación nacional desatada (1954) en la todavía entonces colonia francesa (1830-1962). El método francés incluía, entre otros: la militarización de las ciudades importantes para mantener a la población amedrentada y bajo control, la persecución y asesinato sistemático de militantes políticos y opositores mediante “escuadrones de la muerte”, así como la instalación de centros de detención clandestinos donde se intentaba “disuadir” a los capturados u obtener de ellos información relevante para contener y exterminar a la insurgencia.

Esta metodología nacida de la visión militarista de un ejército de ocupación, para quien “el enemigo” está siempre oculto entre el pueblo, llegó a nuestra región de la mano de la “Escuela de las Américas” como parte de los procesos de “formación” de los militares latinoamericanos para enfrentar a los grupos guerrilleros insurgentes que, siguiendo el ejemplo cubano, trataran de imponer el “comunismo” en sus respectivos países. El “enemigo interno” se caracterizaba entonces como una fuerza capaz de mezclarse entre la población para manipularla en contra del sistema y a favor de “oscuros intereses extranjeros”.

En ese esquema de pensamiento del colonizador, adaptado al contexto “revolucionario” latinoamericano de los 70s, el “enemigo” puede ser cualquier persona y para detectarlo y eliminarlo es válido, por lo tanto, ejercer cualquier forma de presión o represión en contra de cualquier persona, de todas las personas.

Reprimir al pueblo en nombre del pueblo, el estado de “guerra permanente para garantizar la paz”

La paranoica creación de un “enemigo interno” que sirve a los intereses de un “enemigo externo” es hasta cierto punto ideal para garantizarse un estado mental de “guerra permanente” en aras de “preservar la paz”. Normalmente las personas tenemos la tendencia a sacrificar una parte de nuestra libertad si de ese modo nos garantizamos seguridad y estabilidad, y esa tendencia a buscar la seguridad y la estabilidad es la que de algún modo justifica la existencia de los Estados y sus aparatos represores.

El discurso de Daniel Ortega durante la reciente celebración del Natalicio de Sandino, el 18 de mayo en Niquinohomo, es un ejemplo claro de este tipo de construcción mental:

“Este Ejército y esta Policía nacieron de la Batalla que libró el Pueblo nicaragüense enarbolando la Bandera Rojinegra para rescatar la Bandera Azuliblanca que había sido arrastrada, humillada, vilipendiada, vendida a los invasores yanquis, y los vendepatrias de siempre, vendepatrias de ayer, vendepatrias de hoy, que les importa poco la Bandera Azuliblanco, más que para arrastrarla, para buscar cómo venderla por unos cuantos pesos.

En cambio, la Bandera Rojinegra de Sandino para rescatar la Bandera Azuliblanco de la Patria, que la levantamos orgullos@s el 19 de Julio de 1979, entonces ondeó con Orgullo la Bandera Azuliblanco de la Patria. Y de esas Batallas por Nicaragua para rescatar la Bandera Azuliblanco de la Patria, de esas Batallas surgieron el Ejército y la Policía. Ejército y Policía que siguen defendiendo con Honor a Nicaragua, a tod@s l@s nicaragüenses, sin distingo alguno; siguen defendiendo la Seguridad, la Estabilidad, la Soberanía y la Paz para tod@s l@s nicaragüenses, sin distingo alguno.” (SIC)

Apenas un par de días antes de que Ortega celebrara los “triunfos” de un Ejército y Policía “nacidos de la Batalla que libró el Pueblo nicaragüense enarbolando la Bandera Rojinegra para rescatar la Bandera Azuliblanca”, el reo político Eddy Montes Praslin era asesinado por miembros de esa Policía en las celdas de la “cárcel modelo” construida por el último Somoza. Montes Praslin que, al igual que decenas de miles de nicaragüenses estaba siendo acusado como “terrorista” por el gobierno de Ortega, poseía la ciudadanía de los Estados Unidos de Norteamérica, donde estuvo radicado entre 1975 y el 2006 y sirvió en el ejército como ‘marine’.

Es imposible no asociar el asesinato de Eddy Montes Praslin con el discurso gubernamental y es igualmente imposible obviar el grave peligro que corremos los ciudadanos ante la visión de un Ejército y una Policía Nacional que siguen actuando, como brazos armados de un aparato partidario que se disfraza de gobierno democrático, para usurpar las funciones del Estado e imponerse con la misma filosofía y técnicas nacidas de mentes colonizadoras para enfrentar y sojuzgar a la población en los territorios ocupados.

No somos terroristas, golpistas o vándalos; somos ciudadanos y ciudadanas ejerciendo nuestros derechos

En este contexto, con los antecedentes históricos brevemente esbozados, se hace necesario contrarrestar la propuesta polarizante y confrontativa del gobierno actuando con mucha prudencia y cautela; evitando precisamente la confrontación, la violencia (de cualquier índole) y la polarización de la sociedad. Responder a la retórica violenta y guerrerista del FSLN en los mismos términos sería caer en su juego y fortalecerlos… sin olvidar el riesgo que corremos de convertirnos en ellos.

Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti. – F. Nietzsche

No, no somos enemigos ni pretendemos el exterminio o sometimiento de connacionales que no piensen como nosotros, no servimos a intereses extranjeros y no tenemos la menor intención de acudir a acciones violentas para derrocar al gobierno actual, pese a que consideramos que muchos de sus integrantes merecen ser, y serán, procesados por sus múltiples delitos en contra de la población y los bienes del Estado.

Como ciudadanos y ciudadanas nicaragüenses tenemos exigencias puntuales que hacer al gobierno del FSLN:

  • Que pongan freno a su barbarie y nos permitan vivir civilizadamente,
  • Que respeten la Ley, comenzando por la Constitución Política y los derechos fundamentales en ella consagrados,
  • Que sometan su mandato a la voluntad popular,
  • Que de una vez por todas nos dejen trabajar y vivir en paz.

Continuaremos ejerciendo pacíficamente nuestro derecho ciudadano de presentar estas justas exigencias al gobierno de turno, hasta que Nicaragua sea definitivamente libre y la sociedad nicaragüense se encamine democráticamente por la senda de la justicia, la paz y el progreso.