Los movimientos estudiantiles emergentes en Nicaragua

Los movimientos estudiantiles emergentes en Nicaragua

El primer movimiento estudiantil que surgió en Nicaragua fue el Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN) en 1914 y en 1981 se constituye la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), como organización estudiantil monolítica que representaba a los estudiantes universitarios en las estructuras administrativas de las universidades que formaban parte del Consejo Nacional de Universidades (CNU).

Legalmente, la única organización estudiantil reconocida es la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN). Las organizaciones estudiantiles surgidas a partir de la crisis sociopolítica de 2018 son movimientos descentralizados o representaciones de facto, pero, a pesar de que UNEN posee una base legal para sustentar la representación estudiantil, carece de legitimidad por su complicidad en la represión como extensión política del FSLN en las universidades.

Ningún movimiento estudiantil de abril logró ser electo en el seno de sus respectivos recintos universitarios, como tampoco los “líderes estudiantiles”. No cuentan con la legitimidad para representar los intereses del estudiantado nicaragüense en tanto dichas organizaciones no sean electas y sus agendas aprobadas por los estudiantes. Todas las denominadas organizaciones estudiantiles -sin excepción- solo representan los intereses de los integrantes que las conforman, aunque logren de manera subjetiva plasmar en sus agendas puntos de interés general. Debe llevarse a cabo una consulta estudiantil amplia de cómo reestructurar o refundar el movimiento estudiantil y la forma de hacer universidad.

La represión policial y paraestatal ejercida por el gobierno Ortega-Murillo y el control político-partidario en las universidades, imposibilitó organizar a los estudiantes universitarios. La toma de los recintos universitarios y la suspensión del curso lectivo por las “autoridades universitarias”, evitó la organización estudiantil a través de asambleas y consultas abiertas en las universidades. En tales condiciones de represión fueron creándose una especie de “clivajes”: movimientos estudiantiles cerrados en diferentes recintos universitarios de todas partes del país.

La Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia (CUDJ) y la Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN) intentaron aglutinar a los movimientos estudiantiles emergentes -AUN no organizó a movimientos, sino que integró a “líderes estudiantiles” de distintas universidades de Nicaragua- pero no lograron estabilidad o compatibilidad en los objetivos y metas que tenían como grupos organizados. Ambas plataformas estudiantiles nacen antes del primer diálogo nacional para representar al sector estudiantil en el proceso de negociación con el gobierno.

Una vez integrados a las negociaciones con el gobierno, en esta etapa los movimientos veían con urgencia la necesidad de ocupar “espacios de representación” en “puestos de poder” para impulsar sus “demandas sectoriales”, principalmente la “autonomía universitaria”. Este tal vez sea el principal elemento que, podemos suponer, ha provocado fracturas en estos movimientos: disputas o rivalidades entre organizaciones para adquirir la “representación estudiantil” en esos espacios, pugnas de poder.

Posteriormente, la autonomía universitaria deja de ser la principal demanda y los movimientos comienzan a exigir mayor representación en los espacios políticos de incidencia con nuevas demandas en agenda como la liberación de los presos políticos, justicia, libertad de expresión y movilización, entre otras. A medida que la movilización interna fue desarticulada, los movimientos también perdieron fuerzas en estos espacios de negociación, siendo relegados en muchas ocasiones a acciones de menor relevancia como leer comunicados en conferencias de prensa o pasar a ser figuras representativas de las plataformas políticas opositoras.

Algunos grupos políticos y económicos pretendieron limitar la actuación de estas organizaciones a una agenda estudiantil o de educación; tratando de excluirlos en temas relacionados a la justicia, economía, cultura, etc. Los movimientos estudiantiles representan una amenaza para el establishment de los grupos hegemónicos, por eso han tratado de utilizarlos para legitimar “agendas ocultas” o desplazarlos de los espacios políticos. Es posible que se haya utilizado al movimiento estudiantil para intereses particulares, especialmente en esta coyuntura donde ser joven tiene una connotación positiva en el imaginario nicaragüense o para que estos defiendan agendas ajenas a sus propias demandas.

Desmovilizadas las protestas estudiantiles por la represión en las universidades, encarcelamiento, asesinatos, expulsiones arbitrarias y exilio forzado de estudiantes; el movimiento estudiantil empieza a personalizarse en “figuras mediáticas” víctimas de represalias por su activismo político o que obtuvieron notoriedad en el primer diálogo nacional. Ya no existía una comunidad estudiantil movilizada, ahora estas “figuras mediáticas” representaban los intereses de los estudiantes. Desaparece el sentimiento de comunidad y comienza a adoptarse una especie de “personalización” en las demandas estudiantiles.

Sin un programa estudiantil construido desde las universidades y sin que los estudiantes tuvieran la oportunidad de aportar en la construcción de ese programa, se creó un descontento en muchos universitarios que no estaban de acuerdo con las decisiones que estos movimientos estudiantiles ejecutaron en los espacios políticos opositores. No todos estaban de acuerdo con participar en unas negociaciones con Ortega -principalmente los estudiantes que estaban atrincherados en las universidades- como tampoco la atribución de sus exigencias políticas personificadas en los “líderes estudiantiles”. No existió una conducción colegiada en la formación y desarrollo de los movimientos universitarios.

Actualmente, los movimientos estudiantiles están organizándose para el proceso electoral, creando sus propios tendidos territoriales para posicionar a jóvenes en cargos públicos. El capital político dejó de ser exclusivo de los estudiantes universitarios, ahora cualquier joven puede formar parte de estos grupos. La organización no está centrada en las universidades, está en función de crear estructuras juveniles en los territorios.

Surge una nueva perspectiva donde los estudiantes empiezan a ejercer sus derechos políticos como personas naturales, apartando su carácter de líderes o movimientos estudiantiles. El colapso del sistema de partidos políticos en Nicaragua pudo crear las condiciones para que estudiantes o jóvenes no estudiantes vean en los movimientos estudiantiles un espacio idóneo para hacer activismo político o que estos grupos utilicen el movimiento estudiantil para incentivar la participación política de jóvenes en el espacio público.

La descomposición del tejido social por la crisis sociopolítica y la falta de institucionalidad en el país, sin que exista la posibilidad de incidir directamente en el sistema político -cooptado por el FSLN- ha desvirtuado la naturaleza de estos movimientos, adoptando ahora una identidad de “movimientos políticos juveniles” dado que los partidos políticos no son atractivos para la juventud nicaragüense. Podemos asumir bajo esta premisa que no todas estas organizaciones son estudiantiles o que lo fueron durante el auge de la crisis y posteriormente vindicaron otras demandas, pero utilizando la lucha estudiantil por su significado simbólico. Tendríamos que conceptualizar qué es un movimiento estudiantil y de acuerdo a esas características clasificar si son o no movimientos estudiantiles.

Esta crisis de identidad o trasmutación no es uniforme, algunos movimientos estudiantiles tienen una naturaleza hibrida: una línea de trabajo trazada en sus demandas sectoriales y a la vez intervienen en los procesos políticos de la oposición, porque consideran que ambas cosas están estrechamente vinculadas y es necesario participar en los espacios políticos para posicionar sus demandas, pero esto también llevó a otros a la disyuntiva entre enfocarse solamente en las demandas estudiantiles o en la cuestión política, por lo que algunos movimientos estudiantiles y “líderes estudiantiles” prefirieron retirarse de los espacios políticos y dedicarse exclusivamente al tema estudiantil, mientras otros movimientos desde un inicio solo trazaron como prioridad la cuestión política, aduciendo que mientras no hubiera una salida política a la crisis no era posible la democratización de las universidades.

Otro elemento muy importante en la degradación de los movimientos universitarios es la “oegenización”. Estos contrajeron una cartera de recursos financieros para desarrollar su activismo, y la adquisición de estos recursos depende en gran medida de los objetivos o programas que tengan y en dependencia de ese programa los “donantes” facilitan esos recursos o estos también inciden en ese programa. Esto fue restándoles independencia y autonomía al tener que cumplir “objetivos medibles y alcanzables” para obtener recursos económicos.

Los movimientos estudiantiles y sus líderes padecen una crisis de representación y legitimidad como la oposición en general. No están exentos de esta problemática. A pesar de eso, todavía tienen una buena aceptación de los nicaragüenses, aunque tal vez no sea así entre los estudiantes universitarios. Desentrañar está situación es complejo por múltiples factores y puede que esté supeditada a las prácticas de la vieja cultura política. La exclusión, la falta de diálogo o la forma en que han gestionado sus conflictos, en lugar de diversificar a los movimientos estudiantiles; fueron atomizándolos en pequeños feudos donde algunos imponen sus visiones.

En la medida en que la crisis sociopolítica fue extendiéndose; los movimientos universitarios fueron absorbidos por la complejidad de la crisis. Posiblemente debido a la falta de experiencia política y a los actores con los que estuvieron relacionados, los grupos estudiantiles vieron la necesidad de adaptarse al entorno para sostener sus proyectos y mantener una capacidad de influencia relativa en la oposición.

Siguiendo las ideas de Hulasko Meza y Freddy Quezada, parece evidente que, contrario al paradigma de la diferencia, el paradigma de la contradicción sigue imponiéndose en la sociedad nicaragüense. Nos queda para el análisis discutir qué tanto han cambiado los valores en la sociedad nicaragüense post guerra y si esos valores son suficientes para suponer que en este momento el paradigma de la diferencia se superpone al paradigma de la contradicción o si hay una mezcla de ambos paradigmas tratando de moldear los valores de una nueva cultura política nicaragüense.

No pretendo con este artículo dar por hecho que sea esto una verdad absoluta, ni si es bueno o malo la evolución de la lucha universitaria, es mi perspectiva personal desde que estoy organizado en la oposición y especialmente relacionado con los movimientos estudiantiles. La solución a la crisis nacional no debe ser sectorizada o entregada a otros por una cuestión etaria. Todos y todas somos parte de la solución y como tal debemos involucrarnos para resolverla. El cambio no está en lo joven, sino en lo nuevo, porque jóvenes abundan en este país. La generación de la revolución sandinista también era joven y fallaron. El error fue romantizar la gesta y asumir que la juventud es sinónimo de algo diferente o nuevo. Todos como sociedad debemos comprometernos con esos cambios que supuestamente deseamos.

En un próximo artículo escribiré sobre cuál creo que debe ser el rol de los movimientos estudiantiles para coadyuvar a la solución de la crisis nacional.

Share