Los dilemas de la Unidad Nacional (Parte 2)

Los dilemas de la Unidad Nacional (Parte 2)

En mi artículo anterior hice una breve exposición de los hechos a los que se enfrenta la Unidad Nacional (UNAB). En esta segunda parte voy a intentar un análisis de los mismos y sus posibles consecuencias.

Aproximación a la composición “ideológica” de la UNAB

Al analizar los resultados del proceso electoral interno de la UNAB lo primero que salta a la vista es que las dos candidaturas más votadas corresponden a dos personas claramente identificables como representantes de una izquierda y derecha democráticas: Tamara Dávila por el MRS y Félix Maradiaga por la Unidad Nacional Autoconvocada (UNA), respectivamente. Ambos representantes del sector político lograron apenas un poco más del 50% de los votos posibles (47 y 46 de 91), la tercera persona más votada, Ivania Álvarez (45), representa al sector territorial de la UNAB y es identificada por algunos como representativa de los intereses de la Articulación de Movimientos Sociales (AMS).

El cuarto lugar en número de votos (40) corresponde a Violeta Granera, quien representa al FAD (Frente Amplio por la Democracia) en el sector político de la UNAB y puede identificarse que es de una tendencia moderada de derecha. Este patrón de votación se repite en las demás posiciones que lograron los votos para estar en el Consejo Político de la UNAB, generando un balance más que aceptable alrededor de un “centro político”. Es necesario reiterar y destacar que NINGUNA de las distintas corrientes de izquierda, derecha o centro logró superar mucho más allá del 50% de los votos, recordando que cada organización podía distribuir hasta 6 votos hacia 6 distintos/as candidatos/as. Es decir que, como quiera que cada organización votante haya distribuido sus votos, la UNAB es una organización ideológicamente plural y balanceada.

Las fuerzas en conflicto

En este apartado tengo que comenzar diciendo que, más allá de su retórica y del discurso obtuso de muchos opositores radicales, el FSLN hace mucho tiempo dejó de ser una agrupación representativa de la izquierda, mucho menos de una izquierda radical (socialista o comunista). Ni siquiera considero que pueda llamársele “sandinista” en el concepto de la agrupación guerrillera original que devino en partido político a mediados de los años ochenta del siglo pasado.

En un artículo anterior dejé señalado que:

… las protestas populares del mes de abril del 2018 obedecieron a demandas puntuales en materia de propiedad (Movimiento Campesino) protección al medioambiente, seguridad social, derechos humanos y democratización de los espacios sociales, especialmente las universidades públicas. Todas estas demandas acumuladas e insatisfechas durante la última década responden a lo que podemos denominar una “nueva cultura política” (NCP) emergente que, alejada de los partidos y movimientos políticos tradicionales, representaba y representa una amenaza a los poderes fácticos de la nación, una amenaza al sistema.

La excesiva violencia gubernamental con que se reprimieron las protestas justificadas de la población provocó que las demandas iniciales se transformaran y se pasara a exigir la dimisión del gobierno por los crímenes cometidos. Así las cosas, la lucha popular generadora del primer conflicto por las reivindicaciones sociales mencionadas, con la “ayuda” de organizaciones de empresarios, organismos no gubernamentales y  partidos y movimientos políticos tomó el rumbo del conflicto tradicional o lucha por el poder político que es característico de lo que en Propuesta Ciudadana denominamos “vieja cultura política” (VCP)…

Esta breve descripción me permite identificar la existencia de cuatro fuerzas en pugna:

  • El FSLN, con su modelo de organización jerarquizado, vertical, violento y autoritario es la máxima expresión de rechazo a la democracia.
  • Quienes se declaran “antisandinistas” y pretenden lograr la “desaparición del sandinismo”. Este bloque es minoritario y tiene las mismas prácticas y vicios tradicionales de las organizaciones políticas nicaragüenses, pero al ser el extremo contrario del FSLN es igualmente antidemocrático.
  • Quienes declarándose también “antisandinistas” han venido pactando y acomodándose al gobierno autoritario del FSLN a cambio de espacios de poder y prebendas. En este grupo naturalmente se encuentra toda la clase política tradicional no extremista y una buena parte de los empresarios privados. Se inclinan hacia un sistema más democrático, pero no tanto como para que llegue a afectar sus intereses y su forma de negociar entre ellos, son practicantes y defensores de la VCP nicaragüense.
  • Quienes van más allá de una lucha por espacios o posiciones de poder y se plantean un verdadero cambio de sistema hacia la construcción de una nueva cultura política. Hasta ahora este grupo se encuentra disperso en las distintas organizaciones y bloques de organizaciones surgidas a raíz de la crisis de abril del 2018 (exiliados, UNAB, ACJD, etc.), tienen claridad de objetivos pero muchas dificultades para romper con los paradigmas de la VCP que redundan en dificultades para organizarse en un solo bloque.

Rutas de salida a la crisis

La primera ruta, que se abrió con motivo de la crisis de abril 2018, es obviamente el Diálogo Nacional. Aunque la actitud del gobierno indica que no piensan retomarlo, no deja de ser una opción viable a tener en cuenta por ser quizás la más indicada en el corto plazo para prevenir una nueva confrontación violenta o incluso por causa de una posible y futura confrontación violenta.

Algunos amigos siguen pensando que existe la posibilidad de provocar la renuncia o el derrocamiento del gobierno por la vía de las protestas pacíficas, un paro nacional y toda la gama de acciones no violentas que indica el manual de Gene Sharp para los “golpes blandos”. Esta ruta es la menos probable de todas y el gobierno lo ha dejado bien claro con sus acciones, mismas que incluyen crímenes de lesa humanidad por los que ha sido y se espera siga siendo sancionado por la comunidad internacional. La propuesta del FSLN es que la población intente derrocarlo por la vía violenta, que es donde se siente más seguro gracias a sus fuerzas paramilitares y militares; que aunadas al control asboluto sobre el sistema judicial le garantizan poder recetar cárcel, hospital o cementerio a los “golpistas”.

Una tercera posibilidad ya ha sido planteada muchas veces por Propuesta Ciudadana y consiste en un referendo abrogatorio para someter a la decisión popular que se dejen sin efecto las reformas constitucionales del año 2014, que son la base legal para la existencia del gobierno actual y su control absoluto sobre la Policía y el Ejército. Abrogar la reforma constitucional deja sin efecto la reelección del Presidente, los Alcaldes y la permanencia en el cargo de muchos funcionarios, como los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia. El mismo referendo contendría como segunda pregunta la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente, habida cuenta de que toda la institucionalidad se encuentra trastocada. La ventaja evidente de un referendo es que es un mecanismo absolutamente legal y permite que sea la ciudadanía quien ejerza su poder para decidir el rumbo de nuestro país.

La cuarta ruta posible es la que ha planteado la ACJD desde su aparición en el Diálogo Nacional y consiste en un proceso electoral bajo unas condiciones y requisitos que el gobierno debería de aceptar. La fortaleza de esta ruta está en ser la más aceptada por la comunidad internacional, sin embargo, aún una victoria electoral, en diversidad de variantes, no garantiza que se logre desmontar el andamiaje sobre el que descansa el poder del FSLN. Para poder realizar cambios sustanciales desde el gobierno se tendría que obtener una victoria contundente, con más del 70% de los votos de la ciudadanía y ser capaz de defender esos votos.

Las opciones reales de la UNAB

Con todo y los errores cometidos por el Comité Electoral de la UNAB para el proceso de elección del Consejo Político podemos decir, con absoluta certeza y conocimiento de causa, que es la organización más cercana a construir una estructura verdaderamente democrática e inclusiva, capaz de atraer y organizar a los distintos grupos y/o personas que desean construir una sociedad verdaderamente democrática. La primera “prueba de fuego” a ser superada es este innecesario conflicto generado por ineptidud o malicia (es indiferente) de algunas personas.

La salida de la ACJD de la UNAB es una oportunidad de oro para que esta última pueda replantearse una nueva visión y objetivos de cara a la construcción de una propuesta electoral y de gobierno totalmente distinta de la que se plantean los otros tres bloques o grupos arriba señalados. Las discusiones internas de la UNAB, incluso algunas abiertas contradicciones entre sus miembros, son en realidad una fortaleza cuando logran superarse mediante el diálogo y la concertación. Solo una organización que de verdad practique la democracia interna será capaz de ofrecer democracia a la sociedad nicaragüense.

Una vez tomada la determinación de seguir por cuenta propia y correr el riesgo de CONFIAR en la ciudadanía (el pueblo) más que en los círculos de poder económico y político tradicionales o las potencias extranjeras, la UNAB se convertirá en una verdadera fuerza representativa de una nueva cultura política (NCP) y capaz de “golpear la mesa” en cualquier negociación frente a cualquier interlocutor. Si la UNAB no confía y no se apoya en la gente, la gente no va a confiar y mucho menos va a apoyar a la UNAB.

La ruta a seguir, de entre las arriba expuestas, NO DEBE SER elegida por la UNAB sin antes haber organizado sus territorios y sometido la discusión a la ciudadanía. El “mesianismo”, “caudillismo” y “vanguardismo”, son también características de la VCP a desterrar, la democracia solo puede ser construida COLECTIVAMENTE, en sociedad… nadie nos la va a dar ni podemos arrebatarla. Por ejemplo, la UNAB no puede llamar a la gente a protestar cuando la gente SABE que no puede hacerlo, que no le conviene y que, incluso, NO VALE LA PENA.

Apostar ingenuamente a una “Gran Coalición”, vistas las declaraciones y acciones de los posibles futuros aliados, a sabiendas de los altos grados de desconfianza con que son vistos por la población y tomando en cuenta los antecedentes recientes (como cuando CxL dejó “colgada de la brocha” a la alianza que tenía con el FAD-MRS o la participación en distintos fraudes electorales, como víctimas complacientes); sería condenarse como organización y arriesgar peligrosamente el futuro de Nicaragua.