Los dilemas de la Unidad Nacional (Parte 1)

Los dilemas de la Unidad Nacional (Parte 1)

El año 2020 inició con una actividad de suma importancia que vendría a consolidar y fortalecer a la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB): la elección de su Consejo Político (CP). Muy rápidamente, sin embargo, esta actividad ha desembocado en dos problemas mayúsculos que ponen en riesgo la existencia de dicha organización por las razones que trataré de exponer brevemente en dos artículos consecutivos.

Antecedentes

Es necesario decir, para entrar en contexto, que la Unidad Nacional nace de la necesidad de dotar de legitimidad a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), misma entidad que, a su vez, nació del nombramiento y conformación de los representantes de la oposición que se sentarían a negociar con el gobierno del FSLN la salida de la crisis iniciada en abril del 2018. Esta primera definición de representantes al “Diálogo Nacional” corrió por cuenta de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) y necesariamente contó con la aceptación del gobierno como contraparte.

Un grupo de organizaciones preexistentes y movimientos surgidos casi espontáneamente durante las protestas, que no estaban representados en el Diálogo Nacional, se unieron a la naciente ACJD para conformar la UNAB. La presencia del COSEP (Consejo Superior de la Empresa Privada) y AMCHAM (Cámara Americana Nicaragüense) dentro de la ACJD desde siempre ha generado posiciones encontradas entre los distintos grupos opositores al gobierno del FSLN, por el hecho evidente de que hasta el 18 de abril del 2018 venían cogobernando y promoviendo su modelo corporativo sin mayores contratiempos y, desde otra perspectiva, porque a la UNAB se integraron organizaciones como el Partido MRS y de sociedad civil administradas y representadas por personas que son identificadas como sandinistas desde la década de los ochenta del siglo pasado.

Al fracasar el Diálogo Nacional iniciado en el 2018 y un segundo intento por reactivarlo (propiciado por negociaciones del “gran capital” nicaragüense) las contradicciones internas de la UNAB comenzaron a aflorar, básicamente porque en el documento fundacional está establecido el reconocimiento a la ACJD como interlocutor de todo el grupo frente al diálogo. Una vez frustrado el diálogo y siendo casi evidente que enfrentaremos un proceso electoral, en las condiciones impuestas por el FSLN, la membresía de la UNAB (que incluye a varias de las organizaciones de la ACJD) decidió en Asamblea las condiciones para la construcción de una “Gran Coalición”, entre ellas la de que dicha nueva estructura giraría alrededor de UNAB y ACJD como núcleo fundador, la de que la Gran Coalición gestionara su propia personería jurídica como partido político y la de que la UNAB podría en su momento decidir no participar en un proceso electoral si las condiciones no fueran propicias.

Es necesario señalar que dentro de la UNAB siempre existió inconformidad en muchas organizaciones porque la comunicación con la ACJD no era fluida, al extremo de ser necesaria la creación de un grupo de trabajo conformado por 7 miembros de la UNAB y 7 de la ACJD. Por su parte la ACJD dio inicio a conversaciones con partidos políticos tradicionales, considerados colaboracionistas por una buena parte de la población, y cabe destacar las constantes declaraciones de la presidenta de CxL (Ciudadanos por la Libertad) manifestando su rechazo a una alianza que involucrara directamente a la UNAB y exponiendo que la situación de una ACJD dentro de la UNAB era demasiado “confusa”.

Elección del Consejo Político de la UNAB

Con esos antecedentes el mes de enero arrancó para la UNAB con un proceso de elección de representantes para el Consejo Político (CP). El proceso electoral se desarrolló con bastante normalidad y transparencia, sin embargo los resultados no fueron del total agrado de quienes no resultaron electos, destacando los reclamos de Luis Fley (FDN) y otros representantes de agrupaciones con mucho recorrido en la política tradicional nicaragüense. El principal argumento detrás de estos reclamos radica en que su presencia en el Consejo Político “es necesaria para garantizar la pluralidad y representatividad”, que en realidad no es otra cosa que la vieja idea de “reparto de poder” con que se construye la institucionalidad en nuestro país. Estos reclamos no están justificados.

Un segundo momento conflictivo ocurre cuando el Comité Electoral (CE) de la UNAB “descubre” que el candidato Jesús Téfel obtuvo un voto más que Cristhian Fajardo, pero no es el tercer lugar de los candidatos presentados por su sector. Según el reglamento emitido por el CE y aprobado por todas las organizaciones de la UNAB resultarían electos los dos candidatos más votados de cada sector de la UNAB y los dos terceros más votados. Fajardo fue el tercer candidato más votado del sector territorial, mientras Violeta Granera fue la tercera más votada del sector político, seguida por Téfel en cuarto lugar. Para resolver el problema inexistente (dado que la regla es clara y nadie la había objetado) el CE resolvió que se había extralimitado en su interpretación reglamentaria y que no eran los dos mejores terceros lugares sino que simplemente los más votados.

Luego de esa decisión arbitraria el CE ha rechazado una serie de impugnaciones con argumentos legalistas que atañen a supuestas formalidades incumplidas y que dejan de lado las cuestiones de fondo planteadas. Esta manera de imponer las reglas es incoherente, luego de que se ha desechado por sí y ante sí una regla frente a una aplicación “incómoda”, genera mucha tensión e inconformidad innecesarias en un contexto de por sí tenso y preocupante. Y conste que tanto Cristhian Fajardo como Jesús Téfel son excelentes personas que tienen las mismas cualidades y méritos para representar a la UNAB en su Consejo Político, el caso es de INSTITUCIONALIDAD, otro grave problema que tenemos que superar en nuestra cultura política tradicional: las reglas no se pueden acomodar o interpretar a conveniencia, se respetan.

Los temas relativos a la elección del Consejo Político están en proceso de discusión y todavía no sabemos cómo se resolverán. Quizás lo más conveniente sea que se sometan a la Asamblea General de la UNAB para su resolución concertada y definitiva. Lamentablemente un proceso que fue bastante ejemplar termina con discusiones innecesarias, inoportunas y extremadamente incómodas.

La separación de la ACJD de la UNAB

De manera sorpresiva y casi como un rumor, que extrañamente coincidió con la elección del CP de la UNAB, en las redes sociales y medios de comunicación supimos que la ACJD procedería a separarse de la UNAB. Las explicaciones para esta repentina decisión son poco convincentes y contradictorias.

Se dice que ambas organizaciones se separan para luego proceder a unirse en la futura “Gran Coalición”, se menciona también que es un movimiento “estratégico” para terminar de configurar “la identidad” de ambas organizaciones y que no hay una separación real porque van a continuar realizando el trabajo conjunto que vienen desarrollando desde el 2018. Al mismo tiempo, sin embargo, las organizaciones de la ACJD tienen que decidir si continúan en la UNAB o se salen de sus estructuras, como en el juego infantil aquel en que se pregunta: “¿con quién te quieres ir?, ¿con la luna o con el sol?”.

Me parece que ambas entidades quedan muy mal paradas cuando quieren vender a la opinión pública que esta es una decisión conjunta y no se tomaron la molestia de informarlo siquiera a sus organizaciones miembros. Lo menos que uno habría esperado era la emisión de un comunicado conjunto informando tan importante decisión.

Jugar a la corrección política en el contexto nicaragüense para encubrir una decisión unilateral que genera incertidumbre y desconfianza afecta principalmente la imagen de la UNAB, porque es obvio que la decisión la tomó la ACJD. Los motivos no son importantes, pero seguramente están vinculados con la composición del nuevo CP y la posición de CxL (que es la más probable casilla electoral con la que cuenta la ACJD).

(Leer la segunda parte de este artículo)