La visión de Noam Chomsky sobre la crisis en Nicaragua

La visión de Noam Chomsky sobre la crisis en Nicaragua

Aunque este artículo es del mes de julio del año pasado (publicado el 27 de julio en el sitio democracynow.org) contiene aspectos que son vigentes en cuanto a los antecedentes históricos y las condiciones que dieron lugar a la crisis sociopolítica que enfrentamos.

Los organismos internacionales de derechos humanos afirman que más de trescientas personas murieron en Nicaragua desde que las protestas estallaron en el mes de abril y que la amplia mayoría fue asesinada por fuerzas aliadas al gobierno. A comienzos de esta semana, el presidente Daniel Ortega rechazó un pedido de renuncia, en medio de las crecientes protestas y la agitación social. Para saber más de este tema, puede ver la conversación que mantuvimos con Noam Chomsky acerca de la actual crisis y el papel que tuvo EE.UU. en Nicaragua en la década de 1980”.

Transcripción
Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.

AMY GOODMAN: Continuamos informando sobre la situación en Nicaragua. En una entrevista poco habitual, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, rechazó recientemente las presiones para dimitir del poder, en medio de crecientes protestas y disturbios civiles. Escuchemos al presidente Ortega en Fox News el lunes 23 de julio.

PRESIDENTE DANIEL ORTEGA: Fuimos electos a través del voto. Entonces, hay períodos electorales que tienen su límite. Y nosotros estamos en un período electoral que tiene su límite en el año 2021. Ahí celebraremos las próximas elecciones en Nicaragua. Y tendremos que ver quién sale electo, quién asumiría el nuevo gobierno.

AMY GOODMAN: Escuchábamos al presidente Daniel Ortega. Los grupos empresariales más importantes de Nicaragua vienen demandando a Ortega que convoque elecciones anticipadas, a lo que Ortega ha respondido diciendo que Nicaragua “no es propiedad privada”. Organizaciones internacionales de derechos humanos señalan que más de 300 personas han muerto desde que estallaron las protestas en abril —protestas contra las medidas de austeridad del gobierno— y que la gran mayoría han sido asesinados por fuerzas afines al gobierno. En junio entrevistamos al ex líder sandinista Alejandro Bendaña, que se desempeñó como embajador en la ONU y como secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua durante el gobierno Ortega… durante el gobierno sandinista de 1979 a 1990. Esto es lo que Bendaña dijo en Democracy Now!

ALEJANDRO BENDAÑA: Es necesario recordar algunos hechos históricos clave. La revolución sandinista comenzó en 1979 y terminó en 1990 con la derrota electoral de Daniel Ortega. Pero esto no significó el fin de la carrera política de Ortega, que durante 17 años trabajó tenazmente para volver al poder. Pero para lograrlo, se fue deshaciendo de sus competidores potenciales y de muchos viejos partidarios sandinistas. Recibió al capital corporativo en Nicaragua. Adoptó las posturas más retrogradas de la Iglesia, con quien formó una alianza, y llegó a un acuerdo con Estados Unidos. Y así pudo ganar por pocos votos las elecciones presidenciales en 2007. Pero para ese momento, él ya había dejado de ser sandinista. Sí, sigue usando los símbolos, los colores sandinistas, pero su gobierno ha sido, en esencia, neoliberal. Y luego se volvió autoritario, represivo.

AMY GOODMAN: Escuchábamoa a Alejandro Bendaña, que se desempeñó como embajador ante la ONU y como secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores durante el primer gobierno de Ortega, luego de la victoria sandinista en Nicaragua, entre 1979 y 1990. Según las organizaciones estudiantiles, el gobierno es el principal responsable de los asesinatos. ¿Cuáles es tu opinión, Noam?

NOAM CHOMSKY: Bueno, en 1990, es cierto que… en primer lugar, ya en los años 80 Nicaragua tenía muchos problemas, pero su situación era casi excelente en comparación con el resto de la región… difícil pero bien según los estándares de la región. En 1990, el presidente Bush, el primer presidente Bush, básicamente informó a la población de Nicaragua que si no votaba por “nuestro” candidato, la guerra de los contras, la guerra terrorista, continuaría y se aplicarían duras sanciones que estrangularían al país. Así que, pues, a punta de pistola, la población votó en contra del Sandinismo, y en parte también lo hizo por cuestiones internas. Había muchas cosas que se estaban haciendo que no se debían haber hecho. Desde entonces, la situación no ha sido de ningún modo tan mala como en otros países de América Central, los cuales están, en mayor o menor medida, tremendamente influenciados por Estados Unidos. Pero aún así, ha habido mucha corrupción, mucha represión. Es un gobierno autocrático, sin dudas. La oposición tampoco genera muchas expectativas en general. Entonces, desde ningún punto de vista es una situación bonita. Podría ser que las negociaciones reduzcan las tensiones. Y mi opinión personal es que sería bueno para Nicaragua que Ortega convocara a elecciones anticipadas y permitiera que se celebren sin corrupción ni brutalidad. Pero no parece que… se ve realmente difícil que se logre una resolución simple a esta altura. Es una situación lamentable.

Debemos tener en cuenta que a principios de los años ochenta la situación era extremadamente esperanzadora en Nicaragua. Incluso los organismos internacionales, como el Banco Mundial y otros, elogiaban los pasos progresistas que daban los Sandinistas. El país estaba lleno de esperanza, de entusiasmo, de campañas de alfabetización y lucha contra la pobreza. Con casi… La intervención de Estados Unidos había comenzado a mediados del siglo XIX y había sido totalmente destructiva. Pero se estaban empezando a recuperar, a salir de eso; hasta que comenzó la guerra terrorista de Estados Unidos. Recordemos que Estados Unidos es el único país que ha sido condenado por la Corte Internacional de Justicia de la Haya por cometer terrorismo internacional —técnicamente, por el uso ilegal de la fuerza— y se le ordenó pagar reparaciones de gran magnitud a Nicaragua por el ataque que estaba llevando a cabo. Por supuesto, EE.UU. rechazó el fallo y rechazó la jurisdicción de la Corte Internacional. La Corte Internacional fue repudiada no solo por el gobierno estadounidense sino también por la prensa. El periódico New York Times la calificó como foro hostil porque había fallado contra Estados Unidos, por lo que por supuesto no se le debía prestar atención. Estados Unidos incluso vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que instaba a los Estados a acatar el derecho internacional. Así que la contrarrevolución continuó en Nicaragua, las sanciones continuaron, las otras formas de subversión continuaron y las esperanzas quedaron prácticamente destrozadas. Se podía ver el cambio en las expectativas y las actitudes. Y uno de los resultados dentro del país fue la corrupción, la represión, eso que ahora está implosionando. Pero insisto, es una situación fea y lamentable, que no se puede comparar con lo que han vivido otros países que han estado bajo el control de Estados Unidos todo ese tiempo.

Pero creo que lo importante… volviendo a la crisis de inmigración, que es en realidad una crisis moral para Estados Unidos, y algo parecido pasa en Europa, debemos tener en cuenta que los y las inmigrantes no quieren abandonar sus países. Estarían felices si pudieran quedarse en sus propios países en lugar de venir aquí a pasar situaciones desagradables y difíciles. Pero no pueden, porque hemos arruinado sus países. Entonces, el primer paso para resolver la crisis de inmigración debería ser ayudar a recomponer y reconstruir lo que hemos destruido. De ese modo, la gente no seguirá huyendo de su hogar, que es donde quisiera poder vivir. Y bueno, eso está ciertamente dentro de las posibilidades de un país súper rico como Estados Unidos que tiene ventajas incomparables. Es el primer paso para lidiar con la crisis de inmigración que, insisto, es una crisis moral, no una crisis de inmigración.

En segundo lugar, deben establecerse las condiciones para facilitar la llamada inmigración legal —no me gusta ese término, pero técnicamente se le dice así— en términos decentes: con muchos puntos de entrada, con asesoramiento jurídigo gratuito y apoyo del gobierno de EE.UU. para que la gente inmigrante pueda defender su situación; así como establecer condiciones decentes para la gente que solicita asilo político —nada de ponerla en campos de detención y robarles a sus niños— y facilitar el pedido de asilo garantizado por el derecho internacional. Eso debería realizarse automáticamente, especialmente en un país rico como el nuestro. Ese es el segundo paso.

También podemos ver que hay países pobres que de alguna manera han logrado lidiar con una gran avalancha de inmigrantes. Por ejemplo El Líbano, un país pobre, donde actualmente cerca del 40% de la población es gente refugiada, desplazada de Israel por distintas guerras israelíes como las de 1948 y 1967. También tiene refugiados sirios y refugiados iraquíes que huyen de la invasión estadounidense a Irak. Es un país pobre, con muchos problemas internos, pero de alguna manera están sobreviviendo con un 40% de gente refugiada en su población. Lo mismo ocurre en Jordania, otro país pobre. También en Kenia, África, otro país pobre con una gran cantidad de refugiados. Bangladesh ha recibido un gran número de gente refugiada que huyó de Birmania. Pero los países ricos del mundo —Estados Unidos, los países de la Unión Europea— que tienen una responsabilidad abrumadora sobre las circunstancias de las cuales huye la gente refugiada, no pueden ayudar. No pueden lidiar con eso. “Es demasiado para nosotros”. Que se vayan a otra parte. Que se vayan a un país pobre, pero no a los países que provocaron las condiciones de las cuales están huyendo. O sea, se trata de una crisis moral grotesca de todos los países industrializados.

AMY GOODMAN: Volveremos con el profesor Noam Chomsky en 30 segundos para hablar del gran sacudón que sufrió la base tradicional del partido Demócrata en Estados Unidos y de otras noticias que no salen en los grandes medios.