La nueva Nicaragua, con las mañas de siempre

La nueva Nicaragua, con las mañas de siempre

Abril marca un antes y un después en nuestra cultura política. Un antes porque los nicaragüenses despertaron del letargo que los hacia “tolerantes” con la atropellada realidad del país y un después porque fiscaliza y critica el proceso de negociación que realiza el gobierno y la Alianza Cívica. No todos los males están resueltos y tomará años construir un acervo cultural democrático. La democracia no se construye en días, se hace en años. Es mediante la práctica de valores y participación ciudadana en las gestiones públicas que se puede construir un sistema político fuerte y sostenible.

Parte de esos males continúa siendo la oligarquía nicaragüense, que ahora asume la batuta para resolver una crisis que ellos ayudaron a construir. Una pequeña élite, representada en la Alianza Cívica, está al mando de las negociaciones. El 50% de los negociadores titulares, es decir, tres de los seis negociadores, representan al sector empresarial. Precisamente son las élites a lo largo de nuestra historia las que han excluido a las mayorías. A pesar que la lucha autoconvocada es protagonizada principalmente por jóvenes, los representantes en la Alianza Cívica provienen de la política “rancia” del pasado y Max Jerez, líder estudiantil, es la excepción a la regla. Podemos añadir que los familiares de las víctimas, representados en la Asociación Madres de Abril (AMA), tampoco son parte en las negociaciones y únicamente son “consultados”, cuando todos sabemos que la última palabra la tienen los representantes de COSEP, FUNIDES Y AMCHAM.

El triunvirato entre Gobierno, empresa e iglesia llegó a su fin en malos términos. La Conferencia Episcopal de Nicaragua ― la institución más respetable en el país― decidió declinar su participación en las negociaciones. “No queremos ser usados para tácticas dilatorias ni mucho menos para avalar arreglos ya construidos”, dijo el Obispo de Estelí, Abelardo Mata, y además añadió que no están representados todos los sectores populares del país en la Alianza Cívica.

Por su parte los campesinos retiraron a su delegación de la Alianza debido a que sus exigencias “no fueron escuchadas”. La falta de representatividad dentro de la ACJD ha provocado una ruptura en la legitimidad de las negociaciones. No solo la falta de voluntad política del gobierno es culpable de la poca credibilidad en las negociaciones, la Alianza Cívica se ha autoadjudicado la representación de la amplia mayoría de los nicaragüenses que quieren una salida pacífica y creíble a la crisis sociopolítica, pero solo han logrado socavar la confianza de los mismos. Hasta ahora el único logro es la impresora disponible en el salón de las negociaciones del INCAE.

Ha surgido, sin embargo, en medio de la tormenta el Consejo Político de la Unidad Nacional Azul y Blanco, donde de manera transparente y democrática eligieron a sus representantes y limitaron su duración en el cargo a un término de seis meses. Más de 70 organizaciones llegaron a un consenso para formar este consejo político y llenar ese vacío de poder en la oposición y la confianza que la Alianza Cívica ha perdido entre la población por sus desacertadas decisiones.

La UNAB puede que consagre el sueño de Pedro Joaquín Chamorro con UDEL, donde tuvo cabida todo el espectro político nacional: conservadores, liberales, socialcristianos, socialdemócratas y socialistas marxistas-leninistas en un solo propósito: dar al traste con la dictadura somocista y sembrar las bases de una nueva república. Ahora la tarea no es diferente con Ortega. Solo la pluralidad de ideologías puede construir un verdadero movimiento democrático.

En el caso de unas elecciones adelantadas en Nicaragua, espero que sea la UNAB quien enfrente al Orteguismo en las urnas. Optar por la Alianza Cívica solo sería dar continuidad a un Orteguismo sin Ortega.

No podemos construir “la nueva Nicaragua” con las mañas de siempre, una pequeña élite robándose la lucha de un pueblo que ha sacrificado a sus hijos para construir un nuevo país. No es a ellos a quienes les corresponde elegir la dirección que debe tomar Nicaragua, es a los jóvenes que desde las calles o las trincheras en que se encuentren, son ellos quienes decidirán lo que mejor le convenga al país y la élite-oligárquica pasará a ser parte de la vieja historia.