La “hoja de ruta” en las negociaciones Gobierno – Alianza Cívica

La “hoja de ruta” en las negociaciones Gobierno – Alianza Cívica

La noche de ayer las redes sociales nicaragüenses volvieron a la carga en el tema de las negociaciones que se realizan en las instalaciones del INCAE. En esta ocasión el detonante fue la presentación de una “hoja de ruta” que establece las “reglas básicas” para continuar con las discusiones de fondo. Con toda sinceridad debo decir que desconfío absolutamente de este proceso, por las razones que expongo a continuación.

En primer lugar, como se ha destacado y he comentado en notas anteriores, la composición de los equipos negociadores es poco representativa por parte de la Alianza Cívica e incapaz de tomar decisiones, incluso de ser tomada en serio, por la parte del Gobierno. Dado que las negociaciones se retoman a instancias del gran capital, la presencia de una fuerte representación empresarial y no de las organizaciones que dieron inicio a las protestas que desembocaron en la crisis genera suspicacias bien fundadas.

En segundo lugar, el hecho de que nos sea presentado un paquete de reglas supuestamente necesarias para continuar con el diálogo (no una verdadera hoja de ruta), pero que esas reglas admitan o requieran de nuevas reglas (ver numeral 4, parte final relativa a reglas de conducta), definiciones (ver numeral 10, la agenda) e incluso sean “tentativos” o “prorrogables” (ver numeral 9, el plazo), me indica que con toda seguridad habrá discusiones que pueden evitar el abordaje de los temas de fondo por días, meses y hasta algunos años.

En tercer lugar, bastante relacionado con el primer apartado de esta enumeración, sigue siendo evidente que la Alianza Cívica no ha asimilado que para ejercer una representación legítima tiene que estar en permanente comunicación con las bases y esto no se limita a la emisión de escuetos informes de sus actividades. Suscribir un acuerdo de confidencialidad (ver numeral 4, parte inicial) cuando lo que se discute son asuntos de interés público y cuando se pretende hablar en nombre de la ciudadanía, de cada uno(a) de nosotros(as) es absurdo y hasta aberrado. Tengo perfectamente claro que no nos interesa conocer detalles como el vocabulario empleado, el tono de las discusiones o los chistes de salón que puedan tener cabida en conversaciones de este tipo, pero sí es indispensable saber qué se discute y cuáles son los obstáculos que se enfrentan en las discusiones, para aportar ideas, asumiendo que el problema es nuestro, de todos(as).

Por último, y no menos importante, me parece grave que ante la falta de credibilidad y/o legitimidad de ambas partes dialogantes no se haya definido un rol más beligerante a testigos que gocen de esa credibilidad y legitimidad ausentes. Tendría mucho sentido y abonaría a la paz social que quien emitiera un comunicado detallado de lo que ocurre en cada sesión fuera el testigo, quien perfectamente podría resumir las discusiones sin incurrir en los detalles que he mencionado en el párrafo antecedente.

Lamento decir que la Alianza Cívica por segunda vez acude al posible diálogo con muchas carencias y no está a la altura del momento histórico. Como sociedad necesitamos el diálogo, sí, pero no cualquier diálogo… y mucho menos necesitamos que se nos venda como tal un posible arreglo entre las élites económicas, aunque se hagan en el transcurso algunas mínimas concesiones a las demandas de la ciudadanía.

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