La falacia de la salud gratuita desnudada por el COVID 19

Opiniones

Uno de nuestros miembros en Managua, lamentablemente, ya tuvo a tres familiares con síntomas de COVID 19. Una de sus tías sigue muy delicada. La señora padece de diabetes, es cardiópata e hipertensa. Lleva una semana con fiebre y tos. Postrada en su cama, le cuesta respirar y apenas puede hablar.

La señora, de unos 45 años, pide que no la lleven a un hospital público, prefiere morir en su casa que en uno de esos deprimentes lugares, cuenta nuestro amigo miembro. En los primeros tres días de los síntomas la llevaron a un centro de salud en un barrio céntrico de Managua, donde a pesar de que vieron su dificultad para respirar, la mandaron de regreso a descansar y a tomar acetaminofén, sin remitirla a un hospital para hacerle exámenes y descartar el COVID 19.

Otra de las tías de nuestro amigo, es trabajadora de un hospital público. Presentó calentura y tos. La chequearon por primera vez en el hospital Solidaridad, en Managua, donde la devolvieron a su casa, supuestamente solo tenía una neumonía viral. Sin embargo, su salud fue empeorando. La señora fue perdiendo la capacidad normal para respirar. Se puso pálida, casi no podía hablar. Una semana después de presentar sus primeros síntomas, la tía de nuestro amigo, fue internada porque ya no podía respirar por si sola, necesitaba oxígeno.

Su familia reclamó al personal del hospital y los acusó de negligentes. Afortunamente, la señora pudo salir con vida. A ella le aplicaron la prueba de COVID 19, sin embargo, se tardaron dos días para dar los resultados, que fueron negativos. En la hoja de alta del hospital pusieron que ella tenía una neumonía atípica.

Durante los 3 días que estuvo internada, los familiares no podían entrar a verla, ni siquiera les permitían que se quedaran en el hospital. Los médicos afirmaron que darían información de la salud de la señora a través de llamadas telefónicas, pero no fue así.

Lamentablemente, la mamá de nuestro amigo, quien es enfermera, también presentó síntomas, luego de haber tenido contacto con su hermana. Después de un día de fiebre, la señora se fue al hospital Militar, categoría “Diamante”, donde le dijeron que todo estaba bien, que solo era un dolor de garganta. No le hicieron ni una prueba o examen para saber el foco de la calentura y el dolor en la garganta. La mandaron a tomar acetaminofén.

Ante las experiencias de sus tías en los hospitales públicos y la pésima atención en el hospital Militar, nuestro amigo decidió llevarla al hospital Vivian Pellas. Sin embargo, el precio por atención es gigantesco para la clase media. Debía pagar un depósito de 600 dólares como garantía de pago. No obstante, el hospital está facturando hasta 1,500 dolares por atender a una persona que tenga los síntomas de COVID 19. Esta cantidad debe ser pagada una vez que terminen todos los exámenes. Imposible.

Él tuvo que regresar con su mamá al hospital Militar “Diamante” donde nuevamente la devolvieron a su casa y le dijeron que volviera cuando tuviera más síntomas del COVID 19, como tos seca. Esa vez tampoco le hicieron exámenes para encontrar el foco de las dolencias.

No sabía qué provocaba el malestar de su mamá y era angustiante, ya que no sabía si estaba contagiada o no, o si se podría poner peor. Finalmente, tuvo que llevarla al área privada del hospital Salud Integral para que le realizaran una serie de exámenes para saber el posible foco de su síntomas.

Pagó 150 dólares en exámenes que debieron haberle hecho en su hospital de seguro social, el Militar. El resultado de los exámenes indica que ella tenía una neumonía leve, que se presume fue producto de un contagio por COVID 19.

Al final, ¿es gratuita la salud en este país? O, al menos, ¿la buena salud?