La experiencia de Venezuela para Nicaragua

La experiencia de Venezuela para Nicaragua

La crisis de Nicaragua no tiene las dimensiones de la catástrofe venezolana. No es mi intención en este post compararlas, pero quiero evidenciar la irresponabilidad e ineptitud de una oposición para emancipar al país de una tiranía .

En enero de este año el parlamento venezolano – último reducto democrático del país – desconoció a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela y para tal efecto designaron como Presidente encargado de Venezuela al presidente del parlamento venezolano, Juan Guaidó. Desde entonces, casi un centenar de venezolanos han sido asesinados por las fuerzas de seguridad de la dictadura de Maduro en las protestas convocadas por la oposición.

CARNE DE CAÑÓN

Desde que Guaidó es Presidente encargado de Venezuela, la liberación de Venezuela del régimen de Maduro es una promesa incumplida. Esta iniciativa ha sido acompañada con el beneplácito de los EE.UU y una cantidad considerable de países de la región. En febrero de este año, el secretario de Estado de los Estados Unidos, aseguró que los días de Nicolás Maduro estaban contados. Han pasado cinco meses desde sus declaraciones y Maduro sigue siendo presidente de Venezuela y no parece que las cosas vayan a cambiar.

Ese centenar de venezolanos asesinados no es únicamente responsabilidad de la dictadura de Maduro, la oposición venezolana ha utilizado como punta de lanza la vida de los venezolanos que desesperados por la grave crisis de su país ofrecen lo poco que tienen: ¡la vida! Tal irresponsabilidad estuvo a punto de provocar una guerra extraregional. Venezuela es de interés geopolítico por sus grandes reservas de petróleo y la gigantesca deuda externa que tiene con China y Rusia. La vida de esos venezolanos nadie las repondrá, ni las promesas incumplidas de la oposición venezolana podrá recompensar a los familiares de los asesinados.

LA HIPOCRESÍA DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Distintos países del mundo han dicho apoyar la lucha de los venezolanos para liberar a su país de la tiranía de Nicolás Maduro, pero mientras los venezolanos huyen de su país por la falta de condiciones para vivir, estos les niegan la entrada. Países como Ecuador están considerando solicitar visa a los venezolanos para que puedan ingresar a sus territorios. En otros países del cono sur como Brasil los venezolanos son víctimas de xenofobia. Solo Colombia ha abierto sus fronteras solidariamente. Mientras la comunidad internacional dice apoyar las aspiraciones de los venezolanos, les cierran sus fronteras a miles que buscan una oportunidad para sobrevivir.

LO QUE DEBEMOS APRENDER LOS NICARAGÜENSES

El día de hoy un grupo de muchachos se manifestaron en la Catedral Metropolitana de Managua. Una joven fue secuestrada por la Policía y otro muchacho salió herido por una bala de goma en su cabeza. Una adolescente de catorce años no debe de servir como carne de cañon para una oposición patética como la nicaragüense. La juventud de Nicaragua no debe convertirse en “santos de la catatumba”. Sin la vida, cualquier aspiración, por muy noble que sea, no tiene sentido.

Los supuestos representantes del pueblo, esos que se autoadjudicaron la lucha de los nicaragüenses, son los que tienen la responsabilidad de organizarse y conformar un bloque opositor que haga frente al régimen de Ortega. Esa organización debe ir acompañada de una propuesta o proyecto de nación que logre cambiar el sistema actual. La fiebre de presidencialitis que en las última semanas ha proliferado tiene que terminar. Ese bloque opositor tiene que llevar a cabo unas elecciones primarias para seleccionar a los candidatos que representarán las aspiraciones de los nicaragüenses. Debe cumplir sí o sí, ese proyecto de nación que en consenso se logró construir con anterioridad con todos los sectores políticos, económicos y sociales del país.

No es momento de candidatos, es hora de organizarse y presentar propuestas que coadyuven a lograr la unidad. La oposición venezolana presumió de unidad, sin embargo, Maduro continúa en el poder. En Nicaragua la situación es peor, la desconfianza y las agendas ocultas han provocado la división de la ya débil unidad opositora nicaragüense. El tiempo apremia y la correlación de fuerzas se debilita. Algunos ya proponen una tercera vía a la UNAB y ACJD para enfrentar a Ortega en unas elecciones.

La comunidad internacional en este momento es nuestro mayor aliado, pero puede convertirse en nuestro peor enemigo. La última Asamblea de Cancilleres de la OEA en Medellín, Colombia, dejó en evidencia que no se cuenta con los 24 votos para aplicar la carta democrática a Nicaragua. A pesar de los 75 días que le dan a la dictadura para reestablecer todas las garantías ciudadanas, la liberación definitiva de todos los presos políticos y elecciones adelantadas, ese tiempo se puede extender hasta el 2021 si no nos organizamos. No podemos apostar a que nuestros problemas se resolverán en el exterior. Los únicos que podemos hacer posibles los cambios que necesita el país somos los nicaragüenses.