La Alianza Cívica abandona la Coalición Nacional

Opiniones

La salida de la Alianza Cívica deja en manifiesto la deficiente gestión que sus miembros han hecho durante la crisis política. Nunca entendieron y no entienden las necesidades de este país. La enorme influencia o cooptación de la Alianza Cívica por el gran capital los condenó al fracaso. Si ayer la alianza público-privada con Ortega condenó a Nicaragua a destruir su institucionalidad porque la supeditaron sus intereses económicos, no es nada diferente a lo que están haciendo hoy. Si la decisión de la Alianza Cívica de salirse de la Coalición Nacional la tomaron pensando en proteger los intereses del gran capital, ignorando la postura de sus bases territoriales, están repitiendo el modelo que tenían con Ortega antes del 2018. Es difícil de comprender que estén más dispuestos a entenderse con Ortega que a lograr acuerdos con la oposición. Dirigir y solucionar los problemas de una nación no es igual a manejar una empresa. La politica no debe supeditarse a la economia. Nicaragua no es una finca.

La Alianza Cívica debió asumir con humildad que se equivocaron y quedarse para enmendar esos errores, reconfigurar esa Coalición Nacional y hacer de ella un espacio que respondiera a las expectativas de la población. Dejan a la deriva lo que ellos mismos edificaron y sin claridad o transparencia de lo que quieren hacer a partir de su salida. ¿Se van porque la CN no es una opción democrática para los nicaragüenses o porque no satisface sus intereses o expectativas particulares? Hay una diametral diferencia entre una y otra opción.

La salida de la Alianza Cívica solo aumenta la incertidumbre y vuelve más complejo el mapa de actores. A nivel nacional hay una sociedad polarizada, con un alto nivel de hartazgo hacia la clase política que no supo manejar la crisis y lograr la salida de Ortega. Una enorme mayoría quiere la salida del FSLN del poder, pero tampoco se identifica con los grupos opositores. La Comunidad Internacional presiona para que lo interno exista una unificación de la oposición, como también darle una identidad al liderazgo político para movilizar a la gente a unas eventuales elecciones o para presionar la salida de Ortega dependiendo del escenario. ¿A quién va a reconocer la CI como el grupo opositor legitimo contra el gobierno? ¿Alianza Cívica o Coalición Nacional? Una disputa innecesaria que tiene como repercusión que la CI dude del liderazgo de la oposición y alargue la estadía de Ortega en el poder para mantener la estabilidad en la región y el país. ¿A quién va a reconocer Ortega como el grupo opositor? Todas las negociaciones o diálogo con Ortega han sido con la Alianza Cívica. En unas eventuales negociaciones sobre las reformas electorales Ortega podrá elegir entre la Alianza Cívica o la Coalición Nacional. Puede elegir entre sus antiguos socios de cogobierno o los partidos políticos tradicionales aglutinados en la CN. Hay que recordar que el segundo intento de dialogo fue patrocinado por los banqueros. Ortega podrá decidir negociar con el grupo que sea más allegado a sus intereses y le sea menos incómodo.

Es evidente que los nicaragüenses nos habíamos creado grandes expectativas a partir de la crisis de abril 18. Lo que vivimos no es lo que queríamos construir. Estamos cerca de cumplir tres años de crisis con enormes pérdidas en vidas humanas y la economía nacional retrocede a pasos agigantados. Todos coincidimos en que la continuidad de Ortega es insostenible y que la urgencia es lograr su renuncia o salida. Es una urgencia, pero Ortega solo es una parte del problema.

Aunque las cosas marchen mal no podemos condenarnos a vivir en dictadura. Creo que en este momento lo que podemos hacer es exigir y condicionar a la oposición para que no participe en un proceso electoral donde no hay condiciones y garantías previas. El combo de leyes introducidas y aprobadas por la Asamblea Nacional que restringen más las libertades ciudadanas y el aumento selectivo de la represión nos hace pensar que Ortega cierra toda posibilidad de una salida electoral a la crisis, lo que nos lleva a recurrir a un plan B, pero eso dependerá de la participación activa de la ciudadanía para imponer a la oposición líneas rojas, una ciudadanía organizada para defender sus derechos y luchar contra el autoritarismo de este gobierno.