Este país duele

Este país duele

“La lucha es de ustedes muchachos, nosotros solo somos un respaldo”. Es la frase más común que la gente nos suele decir en las calles, reuniones o redes sociales. Una responsabilidad que aún no tenemos claro cómo tenemos que asumirla. A esta nueva generación de nicaragüenses, como a tantas otras, nos toca cargar con la historia sangrienta de Nicaragua. Nadie sabe con certeza de dónde nace ese romanticismo por nuestra patria que, como cualquier otro amor, duele y te puede matar. En este país de poetas, donde hasta un chiste es poesía, solo se trasciende cuando se muere, como los héroes de esta patria que murieron y ya nadie los recuerda. Pasarán tal vez cuarenta años y solo seremos una vieja reliquia contada en los libros, y el romance sepulcral de esta historia solo la recordaremos los que la vivimos. Como si sufrir fuera vivir y la existencia queda relegada a una desinhibida nostalgia.

A nadie le importa si Carlos Fonseca fundó al Frente Sandinista o si Enrique Bermudez dirigió la contra. Ni aquella revolución que derrocó a una dictadura para instalar otra, ni los Dora María Tellez, Edén Pastora, Henry Ruíz, Sergio Ramírez importan. Nada puede sustituir al presente. No importan porque no somos nosotros, otros nos van a relegar y utilizarán nuestros nombres para enarbolar otra lucha que no será nuestra, dirán que así pensabamos, aunque nunca dijimos que la hicieran y otra vez el ciclo de la vergüenza tendrá otro rostro que trataran de olvidar. Preguntarán: “¿Y quién era él? ¿Por qué luchaba?” Conociendo al nica, más de uno se mofará de las preguntas y riéndose dirá: “Algún mamaturca que no tenía ni verga que hacer. Si no trabajo no como y los políticos a mí no me dan de comer“. Los políticos regordetes seguirán desfalcando millones de córdobas, alimentándose de la ignorancia de este pueblo que cree burlarse de los políticos con sus inverosímiles respuestas.

Después de leer por cuarta ocasión “Cien años de soledad”, he pensado que Nicaragua es la continuación de Macondo, pero moderno. Probablemente la participación de Aureliano José con las tropas federalistas de Nicaragua, huyendo del amor incestuoso que sentía por Amaranta, el rastro de la estirpe de los Buendía por nuestro país nos condenó a compartir cien años de soledad. Así como el gobierno Colombiano negó la masacre bananera en Macondo, en Nicaragua niegan que haya pasado lo mismo. Solo en este país un niño de dieciocho meses se suicida y tenemos más terroristas que Oriente Medio.

Todo está normal, a pesar de lo militarizada que está Managua. Un golpe de Estado orquestado por estudiantes es tal vez un fenómeno único en la historia universal. Un grupo de muchachitos menores de veinte años intentaron derrocar a un gobierno sin más armas que sus conciencias, entregando agua y víveres a los que protestaban. Los muertos fueron inventados por la maquinaria amarillista de la prensa y las madres que lloran al espectro de los cuerpos desangrados de sus hijos.

Este país duele, porque las madres siguen llorando las muertes de sus hijos mientras para otros la vida sigue igual, no ha pasado nada.

“Mañana, hijo mío, todo será distinto.
Sin látigo, ni cárcel, ni fusil
que supriman las ideas”. – Edwin Rodríguez Castro.

Y no ha cambiado nada en Nicaragua desde que se escribieron esos versos. La historia la seguimos escribiendo con la sangre derramada de los jóvenes y en algún momento pensaron que Nicaragua se iba quedar sin jóvenes. Unos muertos y otros en el exilio forzado. No quiero ser el próximo Sergio Ramírez que escriba en sus memorias que el legado de esta revolución fue la democracia, para que tiempo después más jóvenes como yo sigan muriendo por una “causa justa”. No recordaré a los que hoy luchan como unos héroes, los describiré como unos parlanchines malcriados, gente común como usted o yo, y los que murieron serán el estandarte para mantener firme nuestra convicción moral por Nicaragua.

“Marcharán los muertos en cada barricada,
habrá una flor para cada caído,
y las madres verán a sus hijos,
porque Dios hará justicia con aquellos
que mantengan la esperanza”.