En qué basa su poder y permanencia la dictadura Ortega Murillo

En qué basa su poder y permanencia la dictadura Ortega Murillo

Autor: Felipe León

A un año del inicio de la revolución cívica nicaraguense el 18 de abril del 2018, no solo mediante la fuerza militar se sostiene la dictadura.

Después de transcurridos doce meses de la lucha y resistencia cívica del pueblo nicaragüense cabe preguntarse: ¿Cuáles son las bases en que se sustenta la dictadura?

1.- Una base social organizada y convencida que están defendiendo “la revolución” de los ataques de golpistas de la derecha que son organizados y financiados por el imperialismo norteamericano y reciben financiamiento del narcotrafico; seguidores que constituyen y funcionan como red de espionaje del régimen para el control de la población civil, con un soporte “ideológico” que los une alrededor del caudillo que para esa masa encarna la herencia de los postulados de la revolución y la lucha sandinista.

La defensa de Daniel Ortega y de Rosario Murillo es la defensa de sus propias formas de vida, y para muchos, de privilegios que emanan del poder que representa el régimen y en esa lógica se mantendrán fieles al dictador mientras este se mantenga firme, pero algunos se sostendrán hasta el final con la dictadura y desaparecerán con ella.

Por ello el discurso oficial para mantener la fidelidad de este porcentaje reducido de la población, aunque considerable aún, tiene que enfocarse en la utilización (léase manipulación) del ideario de la lucha de décadas contra la dictadura somocista e inclusive en la gesta histórica y heroica de Sandino, ya que, se les hace indispensable que esta gente esté penetrada por esa convicción y además que no duden que su “status, conquistas y victorias” han sido amenazadas por una conflagración golpista que atenta contra su gobierno constitucional y legítimo que encarna la voluntad popular.

2.- Un aparato político-militar y por tanto vertical, estructurado y con presencia en el territorio nacional, capaz de movilizarse bajo consignas indiscutibles de obligatorio acatamiento, sin posibilidades de discusión, con capacidad de contratar personal con los recursos del Estado y de una amplia movilización.

Una de las características del actual FSLN en manos de la dictadura bicéfala Ortega-Murillo, es que no tuvo la oportunidad o no quiso aprovecharla durante la década de los ochenta de transformarse en un partido político moderno y democrático por las circunstancias de la guerra civil de ese período, no hizo la transición y siguió después de la derrota de 1990 con su funcionamiento verticalista que se transformó en un espacio idóneo para la entronización de un caudillo que ha centralizado en el y su mujer la dirección de esa organización político-militar en la que no existe ningún elemento democrático y la desnaturalizaron expulsando gradualmente de sus filas todo el espíritu crítico que pudo hacer el cambio de esa estructura.

Pero así como existe es un factor favorable para la dirección bicéfala del régimen que utiliza la organización para sus intereses como camarilla, sin ninguna voz a lo interno que permita un redireccionamiento de su actuar, y al que han dañado su imagen ante un porcentaje mayoritario de la población que lo identifica ahora como un ente represor y brazo político de la dictadura.

Pero que tiene la fortaleza de cohesionar a una diezmada militancia que se mantiene en sus filas, que no son pocos, y que garantizan el control social en los territorios.

3.- Un contingente de empleados públicos que son militantes de ese FSLN que les impone obediencia ciega y participación obligatoria en los actos políticos-partidarios del régimen, so pena de perder el empleo o de represalias según su nivel de compromiso con la organización en la que la disidencia o “desobediencia” a las orientaciones se castiga como acto de deslealtad y traicion.

Entre los empleados públicos hay que distinguir a los que son cuadros políticos comprometidos, por convencimiento, con el discurso y actuar de la organización, esos son los secretarios políticos o “comisarios” que controlan a los trabajadores estatales; están otros que son los convencidos, los que creen en que este partido representa unos ideales revolucionarios con los que se identifican, no tienen responsabilidades dentro de la estructura pero son “ojos y oídos de la revolución” y vigilan y denuncian a los “vacilantes o indiferentes” que por lo general son aquellos empleados que por la necesidad de obtener ingresos adquieren el carnet del partido, pero estos no son necesariamente adherentes al régimen.

La composición de los empleados estatales no es homogénea, pero la dictadura ejerce un control férreo aún, de este sector social a través de sus adlateres dentro de las instituciones del Estado. Y también de algunas organizaciones gremiales y sindicatos “blancos” que sirven de correa de transmisión de las políticas de la dictadura.

4.- El miedo, el temor impuesto por la represión de la policía y de la organización paramilitar del régimen es un factor favorable a su permanencia.

Es natural en el ser humano el impulso por preservar la vida, evitar el dolor de la tortura y rehusar la privación de la libertad y eso lo sabe la dictadura y por ello ha impuesto el “Terror de Estado”, para disuadir a la población de salir a las calles, de manifestarse, de pronunciarse, de organizarse.

Mucha gente siente temor de expresar su rechazo al régimen por miedo a la represión; otro tipo de personas simplemente no les interesa lo qué pasa en el país; y un segmento beligerante de jóvenes, aunque no son los únicos, que mantienen el espíritu de la lucha convirtiéndose en la llama de la insurrección civil.

La dictadura utiliza un discurso para la población señalando que estos sectores de la resistencia civil y democrática son los perturbadores de la Paz y la tranquilidad de las familias nicaragüenses, los que han provocado la crisis y la destrucción del país, con lo cual busca generar un sentimiento de rechazo contra la insurrección de abril.

Trabaja en dos direcciones: una, reprimir para inmovilizar por miedo a los miles de manifestantes y dos, la de persuadir que los culpables de la crisis socio-política son otros y no ellos.

5.- La actitud de los sectores económicos empresariales, principalmente los más fuertes, que no han querido ser consecuentes con las demandas populares de ir a fondo con la lucha por el estrangulamiento económico-financiero de la dictadura con una huelga general, como una forma de lucha para doblegar al régimen y obligarlo a aceptar lo inevitable de su salida del poder, al que se aferra a costa del mayor sacrificio de la juventud nicaragüense que ha conocido la historia nacional.

El capital tradicional con su temor de un deterioro de la economía, la afectación de su patrimonio y una fuerte lesión a sus intereses, no se arriesgan a romper el cordón umbilical que los mantiene atados al régimen que les ha permitido hacer negocios y obtener jugosas ganancias en el maridaje que han sostenido a lo largo de doce años a costa del hundimiento de la economía doméstica popular y el deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores de la sociedad nicaragüense.

La publicitada estabilidad macro económica del país y el relativo crecimiento ha servido para estabilizar al capital histórico y afianzar a la emergente “burguesía” que ha creado y sustentado la dictadura mediante la corrupción, el saqueo y endeudamiento del Estado.

Por un lado lo que el régimen defiende son sus capitales mal habidos, de una camarilla que quiere seguir “ordeñando” las arcas públicas y mantener privilegios que saben bien que con un cambio democrático pasarán todos a engrosar las listas de los corruptos de Latinoamérica y tendrán que enfrentar la justicia, no solo por los crímenes de lesa humanidad sino además por los grandes robos que han realizado a expensas del bienestar del pueblo, esa certeza de su destino, históricamente ineludible, los hace cerrar filas alrededor de su caudillo que controla los poderes civiles y militares pero también posee un poder fáctico que les empodera y les da seguridad de permanencia, emocionalmente necesitan de un sistema que les impida morir.

Y la burguesía tradicional, que ha carecido desde la independencia de un liderazgo propio, ha vivido bajo el paraguas protector de “hombres fuertes” que les han garantizado los privilegios y el “clima apropiado” para los negocios, ellos han “delegado” en caudillos las tareas políticas y el control del Estado con tal de que se les permita hacer negocios, enriquecerse y reproducirse (Frutos Chamorro, William Walker, José Santos Zelaya, Emiliano Chamorro, Anastacio Somoza e hijos, Daniel Ortega-Rosario Murillo & Sucesión, sin olvidar el protectorado norteamericano en la época de la segunda anarquía nacional que nos administró todo y nos heredó una prolongada dictadura familiar que sobrevivió 45 años por los reiterados pactos de la oligarquía política y económica opositora).

Hoy, ese conglomerado económico-financiero nacional sigue sin liderazgo y padece de un miedo congénito hereditario terrible de involucrarse en acciones políticas drásticas y decisivas, temen perder sus negocios, sus propiedades, sus oportunidades (aún tienen frescos los recuerdos de los años 80’s de lo que padecieron con el sandinismo en esa década: encarcelamientos, asesinatos, expropiaciones y exilios forzados) y no tienen confianza, porque no existe aún una dirección política fuerte y aglutinadora, no ven una alternativa coherente y fuerte capaz de hacer frente y dar la batalla a la dictadura con una estrategia que sea factor de éxito y triunfo sobre el poder de Ortega y Murillo.

Cómo si lo hubo en la lucha contra Somoza y se aliaron con los “muchachos” para derrocarlo, financiando, aportando cuadros (los Nicho Marenco, Joaquin Cuadra, Alfredo César, entre otros, formados al amparo del gran capital opositor), facilitando casas de seguridad, medios de movilización de armas y combatientes, gestionando apoyos internacionales y siendo beligerantes con los paros y huelgas de entonces porque había confianza en el triunfo sobre la tiranía y se arriesgaron.

Ahora temen la dispersión y el fracaso y quedar expuestos a merced del régimen. Quieren apostar a lo seguro, el capital no arriesga en balde y como no tienen un garante prefieren negociar con el dictador en un “diálogo” cada vez más desacreditado por el incumplimiento del dictador y la falta de instrumentos para forzar una salida favorable a sus intereses y por ello hay que entender las vacilaciones de la empresa privada que enfrenta la disyuntiva de: arrancar concesiones al gobierno o pactar nuevamente. Lo cual es favorable únicamente a la dictadura.

6.- La debilidad y dispersión organizativa del movimiento rebelde, esa es una realidad inobjetable que todos lo saben, y aunque se han hecho esfuerzos desde la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) por crear una estructura representativa de todos los sectores de la Insurrección de Abril, de la conformación de un Consejo Político, este esfuerzo necesario y que debe fortalecerse no es lo suficientemente sólido aún como para ser visto o percibido por todos los agentes sociales, económicos, políticos, religiosos y diplomáticos, como el instrumento capaz de “derrocar” o sustituir al régimen para crear los espacios de poder y las instancias que puedan rescatar, reformular y sentar las bases de la transformación democrática radical que exige nuestra historia.

La debilidad se puede palpar en la dicotomía existente entre dos órganos de la vida nacional resultantes de la crisis socio-política que constantemente están en tensión y recriminaciones, me refiero a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) que inicialmente fue más plural y representativa y hoy es más empresarial y la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) que ha hecho un enorme esfuerzo por aglutinar a todos los sectores de la lucha, tanto internos como los del exilio (diásporas), aunque muy limitado por los niveles de represión que no ha permitido dentro del país reunirse y por los conflictos intergrupales que han surgido entre los refugiados principalmente en Costa Rica.

No existe una dirección centralizada y unitaria, ni una estrategia para combatir y triunfar sobre la dictadura y esto es un elemento con el cual se regocijan los dictadores del Carmen.

7.-La “pasividad” o neutralidad del Ejército es un factor fundamental de la permanencia del régimen dictatorial, la jefatura bajo la dirección de Avilés ha cerrado los ojos ante el terrorismo institucional que el gobierno ilegítimo e inconstitucional de Ortega-Murillo ha implementado sangrientamente contra el pueblo desarmado.

Son cómplices por el hecho de actuar contra ley expresa que obliga a este cuerpo castrense a defender al pueblo que es el soberano. Y de permitir que fuerzas irregulares porten y utilice armas de guerra para asesinar a los ciudadanos.

Y que no reaccionen ante la presencia de fuerzas militares interventoras cubanas y venezolanas que han ingresado encubiertas e ilegalmente a territorio nacional con la finalidad de formar parte de fuerzas sicarias que han masacrado al pueblo nicaragüense bajo las órdenes del dictador y con la complacencia de las fuerzas armadas del país.

Reflexionar para actuar y tener éxito

Seguramente quienes lean estas notas podrán agregar más aspectos que ayuden a entender en qué basa su poder y permanencia la dictadura de Ortega-Murillo, creo que esto es un debate que debe desarrollarse entre quienes queremos que más temprano que tarde se produzcan cambios que nos permitan asegurar con certeza que el régimen se debilita y puede ser sustituido.

Las comparto porque hay que analizar bien las fortalezas y debilidades del regimen para que quienes tienen niveles de liderazgo y decisión puedan actuar en una sola dirección, con una sola estrategia y golpes tácticos que vulneren los fundamentos de la tiranía y sí podamos afirmar con propiedad “De que se van, se van” o podamos repetir junto a los más entusiastas que “Vamos ganando”.

La fortaleza militar

Los instrumentos militares con los que la dictadura se sostiene son los siguientes:

7.- Una policía política parcializada al servicio de los intereses de la dictadura, que obedece al aparato político-militar que controla el dictador y su mujer.

8.- Una red de paramilitares a sueldo, organizados por operadores del régimen y que cuentan con los recursos necesarios para movilizarse en las operaciones de represión y control de la población civil que se manifiesta contra la dictadura.

9.- La asesoría militar y de contrainteligencia de militares cubanos que han estado operando en Nicaragua desde la década de los 80’s.

10.- Una fuerza compuesta por comandantes guerrilleros, retirados del ejercito, ex combatientes del servicio militar, miembros de la extinta Seguridad del Estado, que se cuadran fieles a las órdenes del dictador.

Estas enumeraciones no agotan los factores que sustentan aún al régimen, pero hay que señalarlas y con ellas como insumos delinear la estrategia de su derrota.

Martes, 23 de abril de 2019.

Día del estudiante que recuerda la masacre estudiantil de 1959 en Leon.
Día Internacional del libro.


*El autor no es miembro de Propuesta Ciudadana