Elecciones 2021 – El reto del bicentenario

Elecciones 2021 – El reto del bicentenario

El día de ayer, 12 de mayo, señalado en el calendario electoral como el día de inscripción de alianzas políticas para las elecciones generales a celebrarse el próximo 7 de noviembre, gran parte de la población nicaragüense tenía la expectativa de que los bloques encabezados por la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) y la Coalición Nacional se unirían en un amplio grupo opositor alrededor de una de dos casillas partidarias posibles. En horas de la tarde el grupo de la Alianza Cívica puso fin a esa expectativa con la inscripción de su bloque, realizada por el partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) ante el Consejo Supremo Electoral. 

Como es comprensible, se han levantado muchas voces cargadas de decepción y pesimismo. La idea de una amplia unidad opositora parecía el paso más lógico para incentivar un voto masivo y hacer contrapeso al fraude, que se ha convertido en un denominador común en los procesos electorales nicaragüenses en las últimas décadas. No obstante, es necesario decir que hay factores reales que hacen que esa unidad sea no solamente poco viable, sino contraproducente. Difícilmente podrán tener muchos puntos de contacto quienes representan, por ejemplo, a depredadores y defensores del medioambiente, a empleadores y trabajadores, a los promotores del canal interoceánico y los campesinos afectados, a quienes buscan una condena internacional contra el régimen y quienes cabildean en contra de las sanciones.

La ciudadanía nicaragüense no puede permitirse el desánimo ni la desesperación, en este momento no caben los llamados a la abstención y la apatía. Lejos de abandonar y perder definitivamente los espacios políticos, la ciudadanía tiene que ser consciente del contexto en que vivimos y comprender que ha sido precisamente el abandono de los procesos electorales de los años 2011 y 2016, dejando todo el poder en manos de las élites, lo que permitió la consolidación del sistema que hoy sufrimos y la demolición total de cualquier vestigio de la institucionalidad democrática que apenas veníamos desarrollando. La otra opción, distinta de las elecciones, ya la hemos probado: fue un proceso insurreccional y “revolucionario” el que en 1979 llevó por primera vez al poder al grupo que hoy detenta ese poder, no podemos seguir repitiendo ciclos históricos fallidos.

Debemos tener claro que los cambios recientes en el sistema electoral, tanto como la proclamación anticipada de un fraude electoral, buscan desincentivar la participación ciudadana y alentar el abstencionismo, que solo sirve a quienes pretenden la preservación del sistema. Aún dentro de un sistema de partidos y con todos los obstáculos que se imponen desde ese sistema, los procesos electorales pertenecen a la ciudadanía y son el mejor espacio de participación política para decidir sobre la gestión del poder y los destinos sociales. Frente a las pretensiones de limitar la participación ciudadana la respuesta coherente tiene que ser más participación y no menos.

Desde “Propuesta Ciudadana” apostamos a la construcción de una sociedad democrática inclusiva e integrada, y creemos que esta es la pretensión más clara que se puede extraer de los procesos iniciados en abril del 2018. La naturaleza de esa nueva sociedad democrática, que las y los nicaragüenses deseamos, pasa por la adopción de una nueva cultura política, pasa por la construcción de una ciudadanía comprometida y activa en los procesos de diálogo, negociación, consensos, tolerancia e inclusión. Sin una ciudadanía realmente comprometida con la democracia es imposible que tengamos democracia, y en Nicaragua sabemos perfectamente lo que eso significa. Al día de hoy padecemos las consecuencias del abandono de la política, la concentración de poder en pocas manos y los manejos de las élites de los grupos tradicionales de poder, con sus pactos y componendas fallidas.

La unidad que se requiere no es la unidad de grupos políticos o actores determinados, la unidad que necesitamos es la unidad de las y los nicaragüenses para poner freno a los abusos, la unidad para construir una verdadera democracia y, por primera vez en nuestra historia, constituir un verdadero Estado de Derecho.

En el año del bicentenario de la denominada independencia de Centroamérica, la ciudadanía nicaragüense tiene la oportunidad de marcar un nuevo hito en su historia y ser ejemplo en la región. La ciudadanía nicaragüense está convocada a llevar a buen término los procesos iniciados en el mes de abril del 2018, nuestro llamado es a terminar de romper con los viejos esquemas de poder heredados de la Colonia y gestar nuestra verdadera independencia como sociedad y ciudadanía. Para ello, aunque en este momento de conmoción parece difícil de entender, es necesario garantizar una participación masiva en el proceso electoral, evitar la manipulación de los resultados y hacer valer esos resultados.

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