El rol de la Unidad Nacional ante la salida de la Alianza Cívica de la Coalición Nacional

Artículos

¿A qué juega la Alianza Cívica?

Tal y como se esperaba, esta semana (exactamente el lunes 26 de octubre 2020) la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) anunció su salida de la Coalición Nacional (CN) y, si bien el hecho no causa ninguna sorpresa, vale la pena dedicar unas líneas a evaluar esta jugada en el penoso “ajedrez político” que se juega frente a un adversario que nos tiene encañonados y amordazados, tanto a los jugadores que pretenden retarlo como a los espectadores forzados.

Antecedentes

Como es bien sabido, la ACJD nace de la convocatoria realizada por la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) para intentar un diálogo entre grupos opositores que sostenían una abierta insurrección frente al régimen y que estaban siendo reprimidos con extrema y criminal violencia. La ACJD es un intento de organización fundada por las organizaciones y personas asumidas como representativas de la Sociedad nicaragüense: empresa privada, academia, movimiento campesino, sociedad civil organizada y algunos estudiantes universitarios.

En un aparente intento de ampliar la base social para legitimar a la ACJD como interlocutora frente al gobierno, para el mes de octubre del 2018 un nuevo bloque de organizaciones se suma a la ACJD y crean la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB). Durante poco más de un año la ACJD y la UNAB (curiosamente la ACJD nunca se asumió como parte integrante de la UNAB, sino como organización independiente) discutieron la integración de otras organizaciones y partidos políticos para consolidar un solo bloque opositor frente al régimen del FSLN. Y es así como en el mes de febrero nace la Coalición Nacional bajo la presión del Movimiento Campesino y no sin antes producirse una extraña división de la UNAB, con la salida la ACJD en el mes de diciembre del 2019.

Cabe destacar que este extraño proceso de encuentros y desencuentros provocados por la ACJD ha estado siempre acompañado por el “coqueteo” con el partido Ciudadanos por la Libertad (CxL, antes Partido Liberal Independiente (PLI)), cuya personería jurídica fue aparentemente otorgada por el régimen del FSLN bajo condición de disolver la alianza que por ese entonces, como PLI, sostenía con el Frente Amplio por la Democracia (FAD) y el Movimiento Renovador Sandinista (MRS). La causa de las simpatías entre la ACJD y CxL no es nada rebuscada: CxL es en realidad el mismo partido creado por Eduardo Montealegre (empresario/banquero) que ha existido y corrido en elecciones anteriores con distintas siglas y que en el año 2006 estuvo presta a reconocer el “triunfo” del FSLN en las elecciones generales para agenciarse el “segundo lugar” por encima de su rival (de donde sale el mismo Montealegre) Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Sin la colaboración del PLI de Eduardo Montealegre (antecedente directo de CxL) durante el período legislativo 2007-2011, incluyendo la creación de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC) y otras iniciativas, el FSLN no habría podido afianzarse en el poder.

Si sumamos a estos antecedentes el hecho de que el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) hasta el mes de abril del 2018 venía cogobernando con el FSLN bajo un modelo denominado de “diálogo y consenso” elevado a rango constitucional en las reformas aprobadas entre los años 2013 y 2014 por la Asamblea Nacional dominada por mayoría absoluta del FSLN, tenemos los ingredientes necesarios para plantearnos dos escenarios que podrían explicar los aparentemente erráticos movimientos de la ACJD.

Primer escenario: “oxigenar” al régimen

Algunos analistas y comentaristas han planteado, desde la instalación del diálogo nacional, que el COSEP pretendía una salida negociada que garantizara un “aterrizaje blando” al gobierno del FSLN. Esta idea parte de la premisa de que el COSEP necesita garantizar la estabilidad económica de su socio (que implica la estabilidad económica del país, debido a la magnitud del capital que maneja como producto de los negocios con Venezuela) y, al mismo tiempo, impedir que salgan a luz los detalles de sus relaciones de negocios con el FSLN. Una segunda idea fuerte de este razonamiento es que el FSLN estaba “a punto de caer” debido a la presión popular en las calles. Seguramente recordamos a aquellos comentaristas que desde sus programas televisivos gritaban eufóricos: “¡Vamos ganando!”. “¡Los tenemos locos!” o afirmaban que, según sus fuentes, “solo están definiendo quiénes se irán en el avión”.

Aunque en un primer momento este escenario parece razonable y probable (tomando también en cuenta que los empresarios cabildearon en los Estados Unidos en contra de las sanciones que amenazaban al gobierno del FSLN desde el 2017), la verdad es que desde la entrada en escena del COSEP como grupo opositor le fue asignada la denominación de “traidor” por el gobierno del FSLN y eso nos tiene que llevar a pensar que la ruptura es (o era) real. En tal caso, el COSEP no buscaba el “aterrizaje suave” del gobierno, sino el propio. Un escalamiento de lo que se planteaba como una rebelión o insurrección popular podría perfectamente redundar en un “ajuste de cuentas” popular en contra de los socios del régimen… los empresarios estaban salvando, o tratando de salvar, su propio pellejo.

Ya de plano confrontados por el gobierno, los empresarios deciden seguir apostando a la unidad con el resto de la sociedad nicaragüense organizada para apoyarse en ella y el respaldo de la comunidad internacional con el ánimo de sobrevivir. Estando absolutamente todos los hilos del poder en manos del FSLN los empresarios privados saben que su situación está seriamente comprometida. Así, una variante de este escenario es que, solapadamente, la empresa privada está tratando de tener en sus manos la capacidad de negociar con el FSLN ofreciéndole lo único que al FSLN le interesa en este momento, que es el control sobre las fuerzas opositoras.

Lo expresado en párrafo antecedente también es concordante con la tradición histórica nicaragüense de conflictos y pactos entre grupos de élite.

Segundo escenario: la toma del poder

La segunda opción posible es que, tomando en cuenta todos los mismos antecedentes y el planteamiento del primer escenario, la empresa privada y resto de la ACJD han definido como objetivo serio, probable y realizable la toma del poder mediante un proceso electoral que sería posible gracias a las sanciones y presiones internacionales en contra del régimen. ¿Por qué tendría la empresa privada que ceder su posición de cogobernante que ya goza de rango constitucional con el actual gobierno?

Aprovechando sus relaciones con los grupos opositores la ACJD ha logrado determinar las debilidades de esos grupos y ha decidido “apostar por lo seguro” (algo natural desde la visión empresarial) que es establecer una alianza con un partido político que ya tiene una “casilla”, programa y estructuras organizadas para hacer frente a un proceso electoral. Aquí vale la pena decir que en este escenario la ACJD asume que irá a elecciones con o sin las condiciones que plantea la Coalición Nacional. Una alianza entre la ACJD y CxL no pone en riesgo el estatus político alcanzado por la empresa privada, más bien lo garantiza. Nótese también que CxL no tendría ningún problema para negociar con el FSLN el ser “la segunda fuerza política de peso” en un posible pacto entre élites, puesto que lo han hecho antes y podría decirse es su “mínima aspiración” histórica, como organización heredera del PLC y a la tradición pactista en la vieja cultura política nicaragüense.

Teniendo en cuenta el fetiche de la “unidad para enfrentar al régimen” que se orienta tradicionalmente hacia la polarización de la sociedad ante la falta de propuestas políticas coherentes, el hecho de que evidentemente el porcentaje de la población que adversa al FSLN es mayor que el porcentaje de quienes apoyan al gobierno, junto con las medidas de presión de la comunidad internacional, parece un escenario factible para que, en cualquier caso, una fuerza opositora unificada logre vencer al FSLN en el futuro proceso electoral. Según este razonamiento, quienes quieran anotarse “al caballo ganador” tendrían que sumarse al proyecto que empuje la ACJD y someterse a sus designios o, más bien, a los designios de la clase empresarial.

El doble conflicto y la apertura de espacios a una Nueva Cultura Política (NCP)

Partiendo de la tesis de nuestro correligionario (en Propuesta Ciudadana) y amigo, Adolfo Hurtado, en Nicaragua a partir de abril del 2018 se vive un “doble conflicto”: un conflicto tradicional (de la VCP) que gira alrededor del ejercicio excluyente del poder político o su “repartimiento” y un conflicto que gira alrededor del establecimiento o restablecimiento de los derechos y de la democracia (de la NCP).

El actual acercamiento de la ACJD al CxL, a instancias de la empresa privada, es una manifestación de la VCP que satisface plenamente la propuesta teórica de Hurtado, pero, todavía hay más: al momento de redactar este artículo llega a mis manos una “proclama” suscrita por personas miembros y enlaces de las estructuras territoriales (departamentales y municipales) de la ACJD que rechazan la decisión y optan por mantenerse dentro de la Coalición Nacional, conservando incluso el mismo nombre. En dicha proclama destacan algunos elementos de la NCP, como el desconocimiento a las decisiones de las élites (caudillismo o verticalismo) así como la disposición de establecer el diálogo como mecanismo de resolución de los conflictos, por encima de las imposiciones o pugnas de poder y protagonismo.

Visto de este modo, la salida de la ACJD de la Coalición Nacional abre un espacio importante para la conformación y consolidación de un bloque político que puede perfectamente presentarse a un proceso electoral con un discurso de cambio de sistema, habida cuenta de que los socios principales del modelo de gobierno actual (ambos claros representantes de la VCP) nos plantean más de lo mismo, con algunas componendas entre las élites para un nuevo reparto del poder. Ni en sueños pasa por la mente de CxL o el COSEP un cambio del modelo constitucional actual de cogobierno, por ejemplo, y tampoco la necesidad de un cambio hacia la verdadera democratización de la economía.

El rol de la Unidad Nacional (UNAB) en la Coalición Nacional

Desde Propuesta Ciudadana, como organización miembro de la UNAB, hemos sido promotores y parte activa de los procesos de construcción y consolidación de sus estructuras, por lo que puedo afirmar con toda seguridad que la UNAB es actualmente el espacio ideal para que germine la semilla de la NCP que se manifestó con mucha fuerza a partir de abril del 2018 en nuestro país. Hasta este momento; con todas las dificultades que nos plantean la represión del gobierno del FSLN, la pandemia del COVID 19 y las dificultades económicas consecuentes; está bien encaminada a ser una fuerza política trascendente en la historia de Nicaragua, sin embargo, para lograrlo, tiene que terminar de solventar tres aspectos que me parecen fundamentales:

1.- La consolidación de una institucionalidad fuerte que garantice que las normas debidamente consensuadas y aprobadas estén por encima de las voluntades de las personas o de grupos de élite dentro de sus estructuras, la interpretación de las normas solo puede pertenecer a la Asamblea Ciudadana, como máximo órgano para el ejercicio de la soberanía de sus miembros y la expresión de su voluntad soberana. La UNAB tiene que asumir el estandarte de la Nueva Cultura Política no desde el discurso, sino desde la práctica cotidiana.

2.- La construcción de una visión de nación incluyente, integradora y segura que vaya más allá del simplismo “democracia vs. Dictadura” o de la metafísica “lucha del bien contra el mal”, tomando conciencia plena de la complejidad del problema sistémico de la sociedad nicaragüense para aportar propuestas de solución factibles y medibles en el corto, mediano y largo plazos; propuestas que necesariamente involucren a, y cuenten con, la participación de las bases en los territorios. Un primer paso positivo en esta dirección ha sido la decisión asamblearia de incorporar a los Consejos Municipales de cada municipio de Nicaragua en la Asamblea Ciudadana de la UNAB, todas las estructuras territoriales de base contarán con voz y voto en el plenario de la organización para la toma de sus decisiones.

Se hace necesario abandonar el discurso confrontativo y polarizante que, como he dicho antes, es característico de la VCP en sus tradicionales “luchas por el poder”, la ciudadanía nicaragüense, sin distingo de colores políticos, debería de poder sentirse identificada con las propuestas de la Unidad Nacional; sin temor a represalias, exclusión o confrontación violenta.

3.- El diseño y puesta en práctica de un plan estratégico acorde con la visión de corto, mediano y largo plazos que, entre otras cosas, logre posicionar y potenciar dos aspectos sustanciales de la NCP que sustentan el programa o visión de nación:

  • La participación ciudadana
  • La descentralización y desconcentración del poder

Con estas herramientas la Unidad Nacional podrá incidir con fuerza en la construcción de una Coalición Nacional que logre romper la propuesta “bipartita” que se vislumbra puede provenir desde los representantes de la tradicional o vieja cultura política para, mediante la polarización de la sociedad, garantizar el poder (o una mejor posición dentro del esquema de poder) a quien demuestre más músculo el día de las elecciones o tenga menos escrúpulos para aplastar al otro.

La propuesta que la Unidad Nacional tiene que aportar a la Coalición Nacional y a la sociedad nicaragüense tiene que ser una que nos permita “ganar” a todos y todas, establecernos como una Nación democrática, con un verdadero Estado de Derecho y, en definitiva, desarrollarnos como el país civilizado que en realidad somos. La membresía de Propuesta Ciudadana está profundamente comprometida con este esfuerzo y tenemos la certeza de que la inmensa mayoría de las organizaciones miembros de la UNAB también lo están.

Las puertas de nuestra organización permanecen abiertas para trabajar con las y los nicaragüenses que deseen cambiar el destino de nuestra nación hacia un futuro mejor.