El referendo es la ruta

El referendo es la ruta

El 26 de febrero de 2019, el Gobierno de Nicaragua felicitó al gobierno de Cuba por la celebración de un referendo que permitió adoptar una nueva Carta Magna en la República de Cuba. Citando un viejo dicho, tenemos un gobierno que es candil de la calle y oscuridad en su casa. En Nicaragua, las palabras Referendo y Constituyente parecen prácticamente tabús, y aunque progresivamente las han ido adoptando muchas personalidades políticas, todavía no son consideradas por nuestro pueblo como la ruta que pudiera resolver nuestra crisis. Entre polos opuestos absolutos, entre el que quiere que se vaya y el que quiere que se quede, ¿por qué no votamos de una vez en un referendo libre y transparente, que permita al fin medir la verdadera base electoral de cada bando?

Como se ha dicho anteriormente, en Propuesta Ciudadana no creemos que la salida de Ortega baste para resolver la crisis. Porque esta crisis de gobernabilidad no se reduce a la concentración de poder en manos del Presidente o de su esposa, la Vice. El establishment sandinista que rodea al Presidente y controla las Instituciones del Estado es el que ha tejido su entramado de clientelismo, corrupción y control social que hoy tiene a todos los funcionarios de manos atadas y a una ciudadanía atemorizada. Para el partido en el poder hay mucho dinero en juego y pocos valores e ideología que no sean solo retóricos. Si hoy el Gobierno se está sentando a negociar es porque desde otros países les están cortando el grifo. Si los reales caen a cuenta-gotas, entonces ¿cómo seguir manteniendo a esta red piramidal y paraestatal de súbditos? En esos casos, quedan ciertas artimañas: una es buscar como endeudarse con las pocas Repúblicas que siguen necesitando a Nicaragua. Sin embargo, para el funcionamiento paraestatal, es legítimo pensar que la porción de dinero ilícito para mantener a las estructuras partidistas aumenta proporcionalmente a las sanciones impuestas. A nivel microsocial el repunte de la delincuencia en el país, alentado por la crisis económica, también le sirve a un Gobierno que necesita tener a ciudadanos amedrentados. Todos sabemos que en la Nicaragua de hoy la policía está mas pendiente de “disuadir” a los estudiantes que intentan protestar y para que no se cuelguen mantas que critiquen al gobierno. Total, el que hoy delinque solo ataca el tejido social, no es un animal político que cuestiona a su gobierno ni se preocupa por el futuro de su país.

Desde hace unos meses ha estado circulando un documental sobre el ascenso y la caída de Manuel Noriega. El documental es muy bueno y lo recomiendo, pero lo han estado compartiendo en sus redes muchos manipuladores de la oposición o chavalos con poca formación. Este párrafo va dedicado a los que manipulan la historia de América Central y defienden una postura intervencionista. El caso de Panamá, que terminó en intervención militar, es un caso de estudio que nada tiene que ver con nuestra realidad nicaragüense. Panamá fue (y sigue siendo) un protectorado norteamericano gobernado por élites corruptas y racistas. A finales de los años 1960 la falta de democracia y de oportunidades llevaron al país a un despeñadero del que la Guardia Nacional, comandada por Omar Torrijos, supo sacar provecho. En 1968 se dio un golpe de Estado que llevó a Torrijos a la presidencia. En poco tiempo los militares acapararon el poder criando cuervos como Manuel Noriega. Hasta ahí la historia de Panamá se parece más a lo que hubiera sido la historia de Nicaragua si la Guardia Nacional hubiera derrocado a los Somoza.  Fue después de la muerte de Torrijos (1981) que Manuel Noriega comenzó a instaurar su dictadura. Estaba convencido de que era intocable por haberle servido durante una década a la inteligencia norteamericana. Es más, sus negocios con el narcotráfico lo llevaron a financiar a la Contra de Nicaragua, tal vez por afinidad, pero sobre todo para blanquear su dinero. Desde el poder, el militar arremetió contra lo que quedaba de institucionalidad en el país. Pero lo que llevó a la intervención norteamericana en Panamá no fueron ni su autoritarismo, ni sus negocios ilíctos. Esas fueron más bien las excusas. Lo que desencadenó la intervención fue que el Dictador se atreviera a desobedecer y a retar a la potencia norteamericana en su propio territorio. Para que quede claro: nuestro gobierno no es un peligro para los Estados Unidos, al contrario, ha sido uno de sus mejores aliados. Si en este momento estamos en la mira del Departamento de Estado es porque la crisis sociopolítica que atravesó el país los llevó a incluirnos en el la estrategia política y diplomática en contra de Venezuela, por ser su aliado. Mientras no caiga Nicolás Maduro, la comunidad internacional nos seguirá poniendo atención. Pero si hubiera un cambio de gobierno en ese país inmediatamente nuestra crisis quedaría en segundo plano. El golpe sería bastante duro para todos los ilusos que creen en las buenas intenciones del presidente nortemericano.

En este enredijo que nos toca desembrollar también tenemos que saber desenvolvernos. Eso pasa primero por entender que la solución está en nuestras manos. No podemos seguir rogando por más presión internacional cuando son nuestros ciudadanos los que pagan las consecuencias. Es más, nunca ha caído ningún gobierno por sanciones económicas. ¿Entonces cuál es el objetivo? ¿Que la gente se rebele por estar ahogada económicamente? Abundan los análisis que califican las sanciones como contraproducentes. Por ser el pueblo el primero en sufrir las consecuencias de las agresiones económicas externas,  las sanciones tienden a generar un efecto inverso y pueden terminar legitimando lo ilegítimo. Ahora en Nicaragua y en medio de este prediálogo en el que somos espectadores y no partícipes, nos toca reflexionar si las condiciones están para esperar las elecciones del 2021. Claramente la tensión política es tan alta que lo más apropiado para el bien del país sería encontrar una solución anticipada. Para nosotros esa solución pasa por un referendo vinculante. Un referendo que le devuelva la soberanía al pueblo. Como lo garantiza nuestra Carta Magna, el referendo es un derecho y es uno de los ejercicios de democracia participativa. Así lo estipulan nuestras leyes electorales que reconocen y garantizan este ejercicio:

Artículo 134 — Referendo es el acto de someter directamente ante el pueblo leyes o reformas, de carácter ordinario o constitucional, para su ratificación.

Hoy es imperativo empoderar al pueblo de Nicaragua que ha demostrado su madurez política saliendo a las calles exigiendo sus derechos. No podemos permitir que se hagan acuerdos entre cúpulas y tampoco podemos avalar a los que promueven la violencia. El proyecto de referendo debe ser discutido y debatido en todas las comisiones de partidos, de movimientos y de articulaciones sociales. Debemos verlo como la puerta de entrada a una nueva cultura política en Nicaragua. Debemos imaginar ese referendo, y pensarlo en todas sus formas ¿Queremos que sea un referendo abrogatorio? Es decir, un referendo que abrogue leyes del pasado o reformas constitucionales que consideramos ilegítimas. ¿O será que necesitamos un referendo propositivo?  O sea, un referendo que apruebe nuevas leyes que busquen recuperar la institucionalidad destrozada. Por ahora, el modelo que más genera consenso parece ser el del revocatorio, porque ese nos permitiría medir la legitimidad de este actual gobierno dándole la palabra a los ciudadanos. Como sentenció Bertol Brecht en una de sus cartas: La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer. Por ello, ayudemos lo nuevo a nacer debatiendo nuestras ideas, compartiendo nuestras reflexiones y participando activamente en la producción de soluciones que abran paso a una nueva era política en donde se respete la dignidad de todos. No seamos ese Analfabeto político, no seamos ese terrible poema de Bertol Brecht:

El peor analfabeto es el analfabeto político.

No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.

No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.

No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.