El Ejército y la Policía

El Ejército y la Policía

Autor: Sergio Simpson*

Ideal sería que no existieran ejército ni policía, pero los humanos aún no alcanzamos el nivel para permitírnoslo.

Es terrible, la gente armada recibe formación para ejercer poder destructor y represor, no exactamente salva guardador de la población; no siempre alguien puede controlar el instinto o deseo, ni cuestionar la misión, de matar al oponente aun neutralizado, o revelarse al supremo que ordena.

En Nicaragua, miembros de ambas fuerzas armadas son impunes, desde los mandos hasta el soldado de menor rango; nunca investigan la responsabilidad en acciones bélicas cuya denuncia, generalmente, es de familiares de víctimas balaceadas.

En las zonas montañosas y selváticas del país son centenares denuncias contra patrullas del ejército que aniquilan selectiva y grupalmente, aún después de finalizada la guerra nacional de la década de los ochenta del siglo pasado, en tiempo reciente y presente.

La institución castrense no ha respondido a las evidencias de familias campesinas, no realiza una investigación, no existen bajas deshonrosas o condenas judiciales a quienes violaron normas y leyes, tampoco indemnizaciones por muerte a manos de uniformados.

El ejército, según delaciones y pruebas, cumple la misión de aniquilar a quienes se armen por razones políticas contrarias al gobierno, desde entonces la sangre no ha dejado de correr por los campos, después en menos cantidades que cuando la guerra.

En la ciudad, fue hasta en la rebeldía que inició en abril del 2018 que se acusa al ejército de ser cómplice de las cienes de muertes por disparos de armas exclusivas -para uso de soldados especializados- y sólo el gobierno posee.

La policía que actúa más en la ciudad y se encuentra observada por la gente y periodistas grabando su comportamiento con la sociedad, es señalada y comprobada con miles de denuncias sin respuesta.

Cuando capturan a una persona, aunque no se resista, recibe golpes con los puños, la cachiporra, patadas, culatazos, y como saco de frijoles la arrojan encadenada a la tina de la camioneta, sin dejar de atacar.

Policías han sido filmados disparando a gente desarmada, fotografiados en su apogeo devastador, sin cumplir el reglamento de sus funciones, entre los cuales dicta el respeto a los derechos ciudadanos y cumplimiento de la constitución.

Ambas instituciones y sus jefes, además de posible enjuiciamiento internacional, son recriminados por un sector de la sociedad que, además, exige rindan cuentas del presupuesto que administran con fondos públicos en millonarias inversiones de capital en el país y el extranjero.

En el imaginario nacional se encuentra presente la historia de la constante utilización de tropas, al mando de quienes dominan el poder político y económico, para aplastar rebeliones de opositores.

Los gobiernos militares nunca han dejado resultados espléndidos, aun cuando en algunos países demuestran que económicamente las dictaduras han sido eficientes. No es el caso de Nicaragua, jamás salió de la miseria ni de la cultura colonial con caudillos, corruptos, matanza, pobreza mental.

Nicaragua, en el año 2021 cumplirá 200 años de haberse independizado de España, antes de esa fecha, desde la llegada de los colonizadores, son incontables las batallas de los nativos defendiéndose. Miles murieron, muchas víctimas de crueldades capaces de cometerse por sadismo, heroísmo, recompensa, poder, imbecilidad.

Sacrificarse el pueblo nicaragüense entre sí, dirigido, azuzado, comprado, convencido, gozoso de batallar, sacar la sangre a borbollones, unos por adversar al caudillo y otros por defenderlo y cumplir su mandato.

Las ganas de exterminar se encuentran en algunos con esa formación, práctica, o aspiración, pero son la minoría de nicaragüenses que no superan el pensamiento bélico, la mayoría anhela un país con rigores cognoscitivos y cumplimiento de leyes.

La construcción de un pensamiento social para el respeto entre personas, requerirá más presupuesto nacional que el de fuerzas militares. El programa educativo se diseminará por todos los medios disponibles para la comunicación personal y social.

Este proceso nacional que experimentamos, irremediablemente nos lleva, por fin, a un cambio de concepto de poder, de lo militar tradicional a lo civil novedoso, acorde con nuestras aspiraciones de antaño: Democracia. Relaciones justas. Progreso personal. Igual oportunidades. Honradez y eficiencia.

Lo que menos necesitamos son fuerzas armadas que repriman nuestras aspiraciones libertarias, y aniquilen a quien se resista a obedecer absurdos provenientes del caudillo, servilismo y complicidad malversadora del dinero público.

Domingo 25 agosto 2019


*El autor no es miembro de Propuesta Ciudadana