Debemos dar la batalla por la historia

Debemos dar la batalla por la historia

Autor: Fidel Ernesto Narváez*

Quiero plantear un debate. Y comienza así: “Debemos dar la batalla por la historia”. Y quiero antes de empezar hacer una aclaración para no ser mal comprendido: No vengo ni a rescatar el sandinismo, ni soy militante del MRS, ni lo he sido nunca del FSLN, ni pretendo que nadie acepte un símbolo u otro, solamente pretendo que seamos conscientes que hay una batalla por la historia y por los símbolos que es donde se ganan y se pierden muchas cosas. Quiero que seamos conscientes de eso.

¿Saben por qué es un delito ondear la bandera de Nicaragua? No es por que a punta de banderas azul y blanco vayamos a botar a la dictadura, o porque tengan poderes sobrenaturales la banderas, no, se ha convertido en delito porque Ortega y Murillo, en especial Murillo, son personas que nunca van a permitir que demos la batalla en los símbolos y en la historia.

Por eso la tala de los arbolatas fue un golpe tan fuerte como pintar de azul y blanco el monumento a Rafaela Herrera en los barrios orientales o el de Sandino en Niquinohomo, porque significaba destruir sus símbolos y liberar los que habían secuestrado para vender un discurso sin saliva.

Ellos se apropiaron de Sandino, de Rubén Darío, Andrés Castro, de las purísimas en la Avenida Bolívar, de la Catedral de León, de las fiestas patronales, de los evangelios y de los pastores evangélicos, del guardabarranco con su movimiento ambientalista, de Alexis Argüello y Denis Martínez con su movimiento deportivo y el Estadio, de la lucha antisomocista, de las fiestas patrias de septiembre con sus festivales y bandas de guerra, de Santo Domingo con sus mayordomos, y así se han apropiado de todo lo que represente un símbolo o historia.

Ellos están esperando cualquier elemento histórico o simbólico para aporpiárselo, y como toda apropiación es privación, entonces así durante muchos años privaron al pueblo de su historia y de sus símbolos. Nadie se sentía autorizado a hablar de ello porque solo ellos podían, porque son tan ultraprivatizadores, que hasta la historia la habían privatizado.

Empecemos por donde más duele: Sandino.

Sandino murió en 1934, Sandino no era sandinista, ni mucho menos supo quién era Ortega, ni Carlos Fonseca, ni la Revolución de los 80s, nada, mucho menos viajaba a China a vender la soberanía, ni viajaba en tres Mercedes Benz blindados con un ejército personal de 500 policías y paramilitares por las calles de Managua.

Entonces, si nosotros creemos que Sandino, que es historia, (y ahí debe quedarse, en la historia como patrimonio de todas y todos los que quieran verlo y de los que no), si creemos pues, que es un aliado del orteguismo, si creemos eso, entonces ese es un ejemplo de cómo vamos perdiendo la batalla en los símbolos y la historia. Y así nos va a pasar con Rubén Darío, y así va a pasar hasta con el sol y la lluvia, porque en la visión de la dictadura el sol alumbra “sus” victorias y la lluvia “remoja” sus cosechas.

¿Por qué planteo este debate? Por que hay mucha cobardía en la nueva y vieja clase política a la hora de plantear estos debates, y las y los políticos nuevos no quieren poner sobre la mesa estas discusiones por miedo a perder “adeptos”, porque no quieren “ensuciar” su imágen a costa de que la gente siga manteniéndose en la memoria corta, en la memoria de peces, y convertirse ellos en los nuevos símbolos, o utilizar los nuevos símbolos de la Insurrección de Abril.

Neguémosnos a que controlen la historia, y no significa necesariamente que tengamos que aceptar los símbolos con que no nos sentimos identificados, jamás, sino que debemos tener claro que si los usan y se los apropian, es con la intención de que cada uno de nosotros nos declaremos vencidos y ellos vencedores, en el tema de la memoria histórica.

Les quiero dejar un párrafo del libro “1984” de George Orwell, ¿para qué? Para que nos demos cuenta de la intención que hay detrás cuando las dictaduras, cualquiera que sean, utilizan la apropiación de la historia y de los símbolos para controlar el pasado, el presente, el futuro, y por ende, nuestra realidad.

“Y si todos los demás aceptaban la mentira que impuso el Partido, si todos los testimonios decían lo mismo, entonces la mentira pasaba a la Historia y se convertía en verdad. «El que controla el pasado —decía el slogan del Partido—, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado.» Y, sin embargo, el pasado, alterable por su misma naturaleza, nunca había sido alterado. Todo lo que ahora era verdad, había sido verdad eternamente y lo seguiría siendo. Era muy sencillo. Lo único que se necesitaba era una interminable serie de victorias que cada persona debía lograr sobre su propia memoria. A esto le llamaban «control de la realidad».


*El autor no es miembro de Propuesta Ciudadana