Crisis nicaragüense – Cuando lo viejo se resiste a morir

Crisis nicaragüense – Cuando lo viejo se resiste a morir

Un Político hará cualquier cosa por conservar su puesto. Incluso se convertirá en patriota.” William R. Hearst.

Los nicaragüenses hoy en día vivimos en busca de los noticiarios con la única esperanza de que existan esperanzas de que surja algo positivo de la mesa de negociación entre el régimen opresor y la ya mal vista Alianza Cívica (AC), y digo mal vista porque los miembros que conforman la mesa de negociación han guardado excesivo hermetismo, secretismo y hasta han provocado la exclusión de sectores importantes en sus conversaciones de tal forma que han perdido credibilidad y confianza. Quisiera entender por qué razón ha llegado la AC a, como decimos popularmente, poner la cabeza para recibir coscorrones al mejor estilo “gallo gallina”.

A pesar de estar representando los intereses de todo un país los miembros de la AC se han ablandado en cuanto a los temas de negociación, permitiendo inicialmente la concesión de tiempos extensos para la selección de los puntos de agenda y, peor aún, accediendo a un término de tres meses de espera para la liberación de presos políticos que desde que fueron secuestrados están por cumplir un año de encarcelamiento, en muchos casos sin legalidad alguna. Mientras la AC y el gobierno se encuentran reunidos “negociando” se han producido grandes atropellos a la libertad de reunión y manifestación, se ha atropellado las libertades públicas, como también la Asamblea Nacional ha aprobado leyes “a diestra y siniestra” para favorecer la posición de un tirano que hasta bancos ha decidido comprar, a sabiendas de que los activos que adquiere en nombre de Nicaragua son objeto de penalizaciones e investigaciones por lavado de dinero.

Para mayor desgracia, no solo la Alianza Cívica ha realizado acciones que la dejan en entredicho y generan gran desconfianza al pueblo de Nicaragua, sobre todo a aquellos que en su momento decidimos unir nuestra voz a la de cenenares de miles de nicaragüenses más para salir a las calles a exigir rendición de cuentas y poner un alto a las atrocidades del actual gobierno, que ha establecido la peor dictadura conocida en la historia de nuestro país. La Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), cuyo inicial impulso fue la lucha por las demandas de “democracia”, el relevo político y la búsqueda de consenso e inclusión de todas las organizaciones y movimientos del país, se ha visto ya también empañada por las viejas prácticas políticas de siempre. Aunque por el momento se guarda “prudente silencio” es necesario encender las alarmas. Como miembro de Propuesta Ciudadana creo que no sería ético que guardemos “prudente silencio”, tenemos que estar atentos para no permitir que se engañe a la población, mucho menos que se la utilice para beneficiar los intereses de ninguna cúpula.

El nivel de hermetismo, secretismo, paranoia, deslealtad, exclusión y hasta imposición con que algunos liderazgos actúan dentro de la UNAB pone en riesgo la articulación y cohesión de organizaciones y movimientos que realmente buscamos un enfoque de trabajo consensuado con el objetivo de realizar un verdadero proceso de renovación política, para lo cual esperamos que desde el inicio, a lo interno de la UNAB, se observen las diferencias entre la actual política nacional y la que supuestamente se propone para construir la “nueva Nicaragua”.

Ante estas tristes realidades me asalta la duda de que si en abril del año pasado hubiésemos logrado que la dictadura se fuera estaríamos realmente mejor, ¿hubiéramos logrado el cambio anhelado?, ¿quiénes hubiesen asumido el trabajo de “reparar” el país?

Al parecer, de ahora en adelante las máscaras irán cayendo y descubriremos que los protagonistas serán los mismos de siempre, aquellos que tras bambalinas siempre están preparados para salir a la escena y presentar su espectáculo, aquellos que incluso ya dieron a hacer placas con sus nombres grabados en letras doradas para los cargos que pretenden ocupar. Es la vieja cultura política, más del mismo modelo político imperante.

Me produce escalofríos pensar que, a pesar de lo tanto que se ha vivido y sufrido en tan poco tiempo, no se haya aprendido la lección de cómo no hacer las cosas, volviendo al “quítate tú pa’ ponerme yo”.  Como dijo Jorge Luis Borges: “yo propondría que los políticos no fueran personajes públicos” y es que, entre otras tantas desgracias, lo que aquí tenemos hoy en día es abundancia de “figureros” que por lo único que se preocupan es por mantener su modus vivendi o mejorar su estatus social e ingresos en unas hasta ahora improbables “elecciones anticipadas”.

Mientras sigamos de espectadores, lentamente, como en el cuento de la rana, iremos soportando que la olla se caliente hasta que terminemos cocidos sin darnos cuenta, entendamos que los políticos tradicionales gritan democracia solo cuando necesitan la presión del pueblo para sentar a negociar a su contraparte. ¿De verdad pensás que alguien va a defender tus y mis intereses si nosotros mismos no lo hacemos?

Por eso vos que me estás leyendo, integrate, organizate, sumate a la acción, que no te dé miedo o pereza luchar por lo que es tuyo, por tus derechos.  No hay peor ciudadano que el que viendo la necesidad de un cambio social y político no está dispuesto a hacer algo para alcanzarlo, date cuenta de que lo que están usando es tu propio poder para perjudicarnos. El poder político en sí no es “malo”, lo malo es no ejercerlo.