Contra el odio: ni sapos ni golpistas

Contra el odio: ni sapos ni golpistas

En los últimos meses, ha crecido exponencialmente un problema que hasta ahora ha sido ignorado, un enemigo silencioso, pero mortal: El discurso que incita al odio.

El discurso de odio es cualquier forma de expresión cuya finalidad es propagar, incitar, programar o justificar el odio basado en la intolerancia.

La narrativa gubernamental, que a través de sus medios de comunicación y redes sociales incitan al odio y la violencia, ha polarizado a una sociedad dividida y golpeada por la represión. En un país con un Estado de Derecho, el gobierno debería garantizar que los ciudadanos no sean objeto de discriminación. Pero en este contexto es el ejecutivo quien se ha encargado, a través de las instituciones públicas, de estigmatizar a los opositores de “golpistas”. Los opositores en cambio, les llaman “sapos”. Estos estereotipos solo generan violencia y hostilidad.

No podemos normalizar el lenguaje que incita al odio. La intolerancia es un germen cultural que nos ha imposibilitado crear una sociedad democrática. El respeto a la diversidad de opiniones e ideas es la expresión de una ciudadanía que aprecia la dignidad humana. Nadie debe ser objeto de discriminación por su opinión o posición política.

El apartheid gubernamental que clasifica a los nicaragüenses en ciudadanos de primera o segunda clase por su simpatía partidaria es parte del rompimiento del Estado de Derecho y les imposibilita moralmente para seguir gobernando. Pero esta práctica se ha venido replicando sistemáticamente en la ciudadanía. Ni sapos ni golpistas. Todos somos nicaragüenses. La intolerancia es una muestra de nuestra inmadurez política y la falta de diálogo para resolver los conflictos. Todos tenemos los mismos derechos ante la ley. Responder con violencia a la violencia, no construirá un país estable y sostenible y los ciclos de conflictos no acabarán.

La mayoría (incluido yo) hemos caído en la trampa de la intolerancia. El lenguaje es poderoso, los genocidios comenzaron con un discurso de odio:

El genocidio es un proceso. El holocausto no comenzó con la cámara de gas. Comenzó con un discurso de odio.
Adama Dieng, ONU

Llamar “sapo” a un simpatizante del régimen no nos diferencia de ellos que nos señalan de golpistas. La reconciliación no comienza con la firma de un papel, nuestras actitudes darán el cambio sustancial que necesita Nicaragua. Debemos ser estratégicos y reconocer que los simpatizantes sandinistas pueden convertirse en parte de la solución para derrotar a la dictadura si deciden apoyar una transición democrática. Son tan nicaragüenses como nosotros y tendremos que aprender a coexistir junto a ellos.

No debemos buscar la justicia con nuestras propias manos, debemos apoyar mecanismos que pacifiquen la tensión política; como la Justicia Transicional, una comisión de la verdad, una Fiscalía Internacional independiente o ejercer la justicia universal a través de la Corte Penal Internacional o la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Derrotar el discurso de odio promovido por la pareja presidencial es una forma de resistencia cívica para salvaguardar nuestras vidas en este contexto en que el Estado de Derecho está siendo violentado. La politización de las instituciones públicas que están encargadas de proteger la dignidad e integridad de los ciudadanos nos vuelve vulnerables en tiempos de dictaduras.