Coalición sin corrupción

Coalición sin corrupción

Este mes que llevo descansando, retirado de los espacios políticos, me ha dado la oportunidad de escuchar a la gente y percibir esa otra realidad de la población respecto a la crisis política. Es interesante porque la gente no está desconectada de la crisis, tienen mucho conocimiento de los acontecimientos, sobre la oposición y la represión que ejerce el régimen. Incluso hasta simpatizantes sandinistas han hablado conmigo expresándome que el cambio de gobierno es irremediable. Y no son de estos sandinistas fanáticos o serviles, son sandinistas con un alto nivel de formación que conocen la realidad de la estructura de su partido y reconocen las fracturas internas.

No es cierto que existe “apatía” por la cuestión política del país, existe un descontento generalizado por el papel de la oposición para presionar a Ortega por una salida. Pero así como hay sandinistas descontentos con su partido, hay opositores que han dado marcha atrás y no ven con malos ojos al régimen de Ortega.

La crisis no es lineal, se mueve vertiginosamente en varias direcciones, desde posiciones políticas extremistas a puntos coincidentes entre bandos aparentemente irreconciliables, pero me resulta interesante que estos sandinistas que están casi en la disidencia se estén alejando del partido por la crisis económica y la corrupción dentro de las estructuras del gobierno y no por la represión descarnada. Y, por el otro lado, que opositores que durante abril participaron en las protestas en este contexto valoren más su estabilidad económica y para eso se hayan visto “obligados” a cambiar su posición política y obvien las consecuencias de la represión. Puedo equivocarme con esta aseveración, pero pareciera que son los simpatizantes del régimen los que van a determinar la caída de la dictadura.

Hace unos días se lanzó “la gran Coalición Nacional” en medio de un Estado de sitio descomunal. Cualquier intento de unificar a la oposición debe ser aplaudido, por supuesto. La interrogante de siempre es: ¿unidos alrededor de qué? Aparentar unidad no sirve de nada. La gente desconfía de la UNAB, la Alianza Cívica, los campesinos, los partidos políticos y los estudiantes; que todavía son percibidos con respeto, pero dicen que “les falta experiencia”. Y sobre todo hay un reclamo exigiendo “soluciones”. La oposición no ha sido capaz de catalizar las demandas de los nicaragüenses. Eso es algo que lo dije en muchas ocasiones, que estábamos construyendo un país desde nuestra visión como opositores y no desde las aspiraciones de los nicaragüenses de a pie.

Entiendo perfectamente por qué la gente no se siente identificada con las propuestas hasta ahora planteadas, porque no ven plasmadas sus demandas en esas propuestas. Otro dato interesante es que el tema económico sea más importante que los derechos humanos y la democracia.

La gente percibe mucho más importante la parte económica. Ese debe ser un tema a trabajar: concientizar y hacerle entender a los nicaragüense que para lograr un desarrollo económico y social de calidad necesitamos defender los derechos humanos y construir y defender una democracia fuerte, sin ambos elementos no tendremos un desarrollo económico sostenible o se repetiría el caso de que el crecimiento económico solo beneficiaría a una pequeña cúpula allegada al poder político y económico. Esa desconfianza podría ser erradicada si la oposición fuera capaz de construir un plan de nación para reconstruir el país en la etapa post-Ortega y de tener un plan de acción para reactivar la resistencia contra la dictadura.

Azahalea Solís, dijo en el programa Esta Noche, que: era “impensable construir una Coalición Nacional sin la participación de la Contra”. Yo sigo pensando que siguen apostando por acercarse a estas organizaciones que la población identifica como anti-sandinistas y eso en aras de eliminar esa idea de que se quiere un orteguismo sin Ortega. No me molesta la participación del FDN, pero se le está dando un peso político que no tiene.

Hace poco se le rindió homenaje a Enrique Bermúdez como “héroe de la democracia”, con puros fines politiqueros. Yo no podría estar más en desacuerdo, cuando la contra cometió delitos de lesa humanidad en los años 80’s y firmó en los acuerdos de Sapoá una amnistía general que les absolvía a ellos y al sandinismo de ser investigados y juzgados por estos crimenes. La Contra también es responsable de que no haya habido un proceso de reparación, verdad y justicia al concluir la guerra.

No me molesta la participación de la Contra, sino esa imagen que quieren verder de la Contra. Quieren utilizar las heridas de la guerra para derrotar a Ortega y esa es la peor estrategia que se puede usar, sobre todo en los más jóvenes (60% de la población de Nicaragua es joven). No están trabajando en una visión hacia el futuro. Los más jóvenes trabajamos nuestro presente pensando en el futuro y si van a revivir a reliquias de la guerra no nos va interesar.

También estuvo presente María Fernanda de Alemán, esposa del ex-presidente Arnoldo Alemán en el acto de la Coalición. En lo particular no estaba de acuerdo con la participación de los partidos políticos tradicionales, pero fui madurando esa idea y creímos necesario que las bases de los partidos fueran parte de la Coalición Nacional, por supuesto proponiamos vetar a las cúpulas de dichos partidos. Miembros jóvenes del PLC nos han expresado que el partido no está controlado por Alemán y su esposa, y que hay mecanismos democráticos internos. El PLC que pactó en el 98 con el FSLN no es el mismo, pero queda ese estigma de que a partir del pacto es que se le permite a Ortega llegar al poder.

A partir de aquí tenemos la participación de una organización implicada en crimenes de lesa humanidad y facilitador de una amnistía, cuando se trata de conseguir justicia, y la inclusión de un partido político pactista, cuando se trata evitar un pacto con el régimen. Todas esas incongruencias que percibe la población en la oposición desalientan la esperanza de encontrar una solución a la crisis política.