Ciclos de inconformidad

Ciclos de inconformidad

La manera en que se desarrolla el pensamiento crítico hacia la política en Nicaragua está fracturada por la intolerancia que nos aleja del ejercicio de un debate pleno, que nos lleve al encuentro de puntos viables y democráticos a la hora de buscar soluciones a los conflictos. En su lugar encontramos posiciones de fuerza y el peso de la palabra más ligado a poner encima las ideologías y bajo ese encuentro de distintas opiniones solo vemos predominar al que logra deslegitimar mejor a su contendiente.

Los libros de historia demuestran que siempre fuimos así, historias de esas asonadas en conflictos como León vs Granada, Somocistas vs Sandinistas o la más vieja rivalidad entre pueblo vs élites económicas, parece que tenemos una cultura política conflictiva por no decir que es casi inexistente la cultura que pueda dejar desarrollos sustanciales en el país, es como subirse en la máquina del tiempo y reencontrarse en cada parada con un pueblo dividido e inconforme.

El politólogo nicaragüense Carlos Pérez de Propuesta Ciudadana en Nicaragua manifiesta que “la cultura política es el reflejo de los valores y principios de una sociedad”, y si retomamos los hechos históricos de nuestro país podemos darnos cuenta de que a la hora de resolver los conflictos se ha utilizado la violencia como vía de manifestación, reflejando así que nuestra cultura de resolución de conflictos viene siempre acompañada con rasgos violentos, antes de tratar de encontrar una solución consensuada, pacífica y que recoja los intereses y necesidades de todos los sectores sociales afectados, entonces, ¿será que no vemos otras formas de resolución a los conflictos?, desde mi análisis considero que las prácticas políticas cotidianas Nicaragüenses no nos han permitido estudiar otras vías a profundidad.

En un monitoreo que realicé para conocer los diferentes pensamientos críticos de grupos políticos, movimientos sociales afines y no afines al gobierno, así como la manifestación de comentarios que se reflejan en las redes sociales gubernamentales, educativas y medios de comunicación, encontré que la falta de relaciones humanas para la búsqueda de una Nicaragua diferente viene cargada por las inconformidades que caracterizan a nuestra sociedad. Estas inconformidades las clasificaría por edad e ideologías, algunas son las mismas de siempre y hoy en día la nueva generación se enfrenta a otras inconformidades a nivel sociopolítico y continuamos en ese ciclo de no entendimiento y respeto al pensamiento de los diferentes grupos y la decisión popular no predomina, se evaden los mecanismos para indagar en la opinión pública, terminando siempre por “perdonarse” entre los mismos actores: políticos y empresarios.

Bajo el contexto que dejó el nuevo enfrentamiento sociopolítico registrado en los hechos desde abril del 2018 en Nicaragua encuentro:

  • Adultos inconformes subestimando el pensamiento crítico de la nueva generación.
  • Sociedad inconforme por los atropellos a los derechos humanos.
  • Grupos políticos rivales con la misma inconformidad por la lucha de poder.
  • Iglesias inconformes con el actuar gubernamental y social de los diferentes grupos.
  • Empresarios inconformes por la caída y amenaza de sus intereses.
  • Sociedad inconforme por el irrespeto a su paz y movilidad.
  • Personas a las que no les interesa la política y están inconformes porque solo de eso se habla.
  • Este artículo de opinión es también una muestra de inconformidad con la cultura política que tenemos.

Es un conjunto de inconformidades que son promovidas por grupos que perciben intereses fuera de lograr un aproximado de bienestar común que la sociedad pueda sentir, éstas inconformidades tienden a dividir a la sociedad y se continua con la vieja práctica, sumándole ahora un nuevo mecanismo de inyección como son la tecnología, medios de comunicación y redes sociales.

Por causa del bono demográfico Nicaragua es un país con una población joven y el ejemplo que ven ahora en la forma de hacer política tradicional solo conlleva a choques de opinión, enfrentamientos físicos y pérdidas humanas con daños irreparables, porque es muy complejo perder en una guerra vidas, donde los que más sufren no están siendo escuchados, sigue el cáncer de la cultura conflictiva heredando más ejemplos de intolerancia. No es nada razonable enseñar a que se respete la opinión con violencia, así como tampoco lo es que manden a sacrificar la vida de muchos jóvenes para que se haga valer la opinión de unos cuantos.

Para empezar a cambiar se debe romper con el mesianismo, la cultura del sacrificio que deja figuras a las que luego se les debe algo “porque la causa les cuesta”. No podemos construir más caudillismo, la necesidad de organización popular que sea para escuchar los descontentos e inconformidades y llevarlos a procesos de toma de decisión consensuada como, por ejemplo, el ejercicio de un referéndum, que la constitución lo avala y no al simple activismo. No se puede andar creyendo utópicamente en sabios que decidirán por nosotros. Para levantar el desarrollo a largo plazo se requiere de personas capacitadas y expertas que ayuden a una ciudadanía organizada y activa en las distintas áreas de crecimiento a impulsar. Más que de líderes necesitamos del ejercicio de una ciudadanía responsable.

Cada quien tiene derecho de creer y romantizar su ideología, pero no se puede pretender ni permitir que la misma sea impuesta al resto de la población. Debemos acostumbrarnos a que si se está inconforme con el sistema político se le cambie en la urnas electorales, pero con un juego limpio y sin expresiones de violencia. Solo así podríamos restar inconformidades, tenemos que fiscalizar y participar activamente en los asuntos políticos, dejar de creer que los problemas de la política no son un asunto de todos y todas, un asunto que normalmente descuidamos para luego terminar inconformes una vez más.