Bolivia: Lecciones de Cultura Política para Centroamérica

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Recientemente se han producido las elecciones presidenciales en Bolivia orientadas a la restitución de la institucionalidad y el Estado de Derecho. La experiencia boliviana contrasta de manera sustantiva con la experiencia de muchos países latinoamericanos en sus mecanismos de resolución de conflictos como Venezuela, Chile, Nicaragua u Honduras. Este contraste toma mayor relevancia considerando la mayor complejidad étnica-cultural de Bolivia comparada con estos otros países, que hacen en principio más compleja y de estabilidad más difícil la gobernanza en Bolivia, al punto de que se vieron forzados a consensuar la construcción de un Estado plurinacional.

Voy a hacer tres reflexiones cortas sobre elementos relevantes que parecen percibirse en la cultura política boliviana ocupando el cuadro electoral de los últimos cinco procesos de elecciones nacionales que presento a continuación.

La inclusión

La inclusión es la condición social que hace ser cuerpo y desarrollar valores y actitudes de corresponsabilidad. Es fundamental para el equilibrio social.

Lo primero que se observa, viendo la tendencia de crecimiento de población y de votantes inscritos de elección a elección, es la emergencia de una agenda políticamente inclusiva, que beneficia en un primer momento al que la promueve (2005 al 2009). Con el desgaste político esperable en un partido que permanece en el poder, ese incremento va luego repartiéndose a lo largo de los espectros políticos como se observa entre el incremento de inscritos y de votos entre 2005 y 2019.

Esta inclusión ciudadana se vio reflejada en otros indicadores relevantes como el de educación o el índice de GINI (distribución de la riqueza), pero que van más allá de la reflexión de este artículo y son de interés estratégico para Centroamérica.

La legitimidad

La legitimidad es el valor social que convierte la obediencia en adhesión, y es fundamental para la gestión de las diferencias y la tolerancia. Es fundamental para el equilibrio político.

El sistema político en general, y el electoral en particular, parecen contar con credibilidad de parte de la población, y esto se observa en la alta participación ciudadana en los procesos electorales. Las políticas de inclusión ciudadana desarrolladas a partir de 2005 incrementaron la participación relativa y de emisión de votos válidos, fortaleciendo la legitimidad del mecanismo de resolución de conflicto y el reacomodo de las relaciones de poder (las elecciones). Honduras y Nicaragua han dilapidado este capital político en las últimas décadas a través de múltiples procesos señalados de irregulares e irrespetuosos de la voluntad del electorado.

Morales degradó este capital político de legitimidad al darle la espalda al proceso de consulta sobre su reelección que se comprometió a respetar y no lo hizo, llegando a tener un resultado relativo por debajo del obtenido en el 2005. Abrió las puertas a que los grupos más radicales y violentos generaran un movimiento político-militar que terminó degradando aún más la institucionalidad. El papel de la OEA como ente legitimador externo fue un agravante de la situación.

Ha habido unas nuevas elecciones que, por acuerdo con los poderes hegemónicos internos y la participación ciudadana, pese a las tensiones y las diferencias profundas, han sentados las bases para restituir la institucionalidad y la legitimidad que había tomado una curva de degradación peligrosa; problema que no han sabido resolver países como Chile, Venezuela, Nicaragua y Honduras, mientras en El Salvador el presidente Bukele más bien parece encaminado a tomar dicha senda de la degradación.

La agrupación política, la agenda y el líder

El MAS es un cuerpo social, que tomó cuerpo y forma teniendo como líder e imagen a Evo Morales y una agenda inclusiva. El referéndum sobre la reelección de Morales y su negativa a aceptarlo, parecía colocar al MAS en la senda viciada latinoamericana de líderes inmortales. Esa cultura política que coloca a una persona “poderosa” por encima de su organización y la agenda de esta (como Ortega y Alemán en Nicaragua, Hernández y Zelaya en Honduras, Chavez y Maduro en Venezuela). Bajo el argumento de “si no es con él, no se puede nada”.

Las últimas elecciones de Bolivia y su resultado levantan preguntas sobre cuál es el orden de los factores políticos. Sin el líder, la agrupación política recogió su agenda inclusiva proponiendo la reconstitución institucional y la legitimidad. Pese al agotamiento político de un partido, que produce la permanencia en el poder, alcanzaron mejores resultados que El Líder en las elecciones anteriores, y mayores que los resultados relativos del primer período electoral.

Honduras y Nicaragua, países hermanos tan parecidos, aunque sus discursos ideológicos nos engañen, podrían aprender de Bolivia antes que sea demasiado tarde.