La Alianza Cívica abandona la Coalición Nacional

La salida de la Alianza Cívica deja en manifiesto la deficiente gestión que sus miembros han hecho durante la crisis política. Nunca entendieron y no entienden las necesidades de este país. La enorme influencia o cooptación de la Alianza Cívica por el gran capital los condenó al fracaso. Si ayer la alianza público-privada con Ortega condenó a Nicaragua a destruir su institucionalidad porque la supeditaron sus intereses económicos, no es nada diferente a lo que están haciendo hoy. Si la decisión de la Alianza Cívica de salirse de la Coalición Nacional la tomaron pensando en proteger los intereses del gran capital, ignorando la postura de sus bases territoriales, están repitiendo el modelo que tenían con Ortega antes del 2018. Es difícil de comprender que estén más dispuestos a entenderse con Ortega que a lograr acuerdos con la oposición. Dirigir y solucionar los problemas de una nación no es igual a manejar una empresa. La politica no debe supeditarse a la economia. Nicaragua no es una finca.

La Alianza Cívica debió asumir con humildad que se equivocaron y quedarse para enmendar esos errores, reconfigurar esa Coalición Nacional y hacer de ella un espacio que respondiera a las expectativas de la población. Dejan a la deriva lo que ellos mismos edificaron y sin claridad o transparencia de lo que quieren hacer a partir de su salida. ¿Se van porque la CN no es una opción democrática para los nicaragüenses o porque no satisface sus intereses o expectativas particulares? Hay una diametral diferencia entre una y otra opción.

La salida de la Alianza Cívica solo aumenta la incertidumbre y vuelve más complejo el mapa de actores. A nivel nacional hay una sociedad polarizada, con un alto nivel de hartazgo hacia la clase política que no supo manejar la crisis y lograr la salida de Ortega. Una enorme mayoría quiere la salida del FSLN del poder, pero tampoco se identifica con los grupos opositores. La Comunidad Internacional presiona para que lo interno exista una unificación de la oposición, como también darle una identidad al liderazgo político para movilizar a la gente a unas eventuales elecciones o para presionar la salida de Ortega dependiendo del escenario. ¿A quién va a reconocer la CI como el grupo opositor legitimo contra el gobierno? ¿Alianza Cívica o Coalición Nacional? Una disputa innecesaria que tiene como repercusión que la CI dude del liderazgo de la oposición y alargue la estadía de Ortega en el poder para mantener la estabilidad en la región y el país. ¿A quién va a reconocer Ortega como el grupo opositor? Todas las negociaciones o diálogo con Ortega han sido con la Alianza Cívica. En unas eventuales negociaciones sobre las reformas electorales Ortega podrá elegir entre la Alianza Cívica o la Coalición Nacional. Puede elegir entre sus antiguos socios de cogobierno o los partidos políticos tradicionales aglutinados en la CN. Hay que recordar que el segundo intento de dialogo fue patrocinado por los banqueros. Ortega podrá decidir negociar con el grupo que sea más allegado a sus intereses y le sea menos incómodo.

Es evidente que los nicaragüenses nos habíamos creado grandes expectativas a partir de la crisis de abril 18. Lo que vivimos no es lo que queríamos construir. Estamos cerca de cumplir tres años de crisis con enormes pérdidas en vidas humanas y la economía nacional retrocede a pasos agigantados. Todos coincidimos en que la continuidad de Ortega es insostenible y que la urgencia es lograr su renuncia o salida. Es una urgencia, pero Ortega solo es una parte del problema.

Aunque las cosas marchen mal no podemos condenarnos a vivir en dictadura. Creo que en este momento lo que podemos hacer es exigir y condicionar a la oposición para que no participe en un proceso electoral donde no hay condiciones y garantías previas. El combo de leyes introducidas y aprobadas por la Asamblea Nacional que restringen más las libertades ciudadanas y el aumento selectivo de la represión nos hace pensar que Ortega cierra toda posibilidad de una salida electoral a la crisis, lo que nos lleva a recurrir a un plan B, pero eso dependerá de la participación activa de la ciudadanía para imponer a la oposición líneas rojas, una ciudadanía organizada para defender sus derechos y luchar contra el autoritarismo de este gobierno.

Para construir una Nicaragua mejor

La semana pasada vi un maratón documental sobre la Primera y Segunda Guerras Mundiales y en un primer momento saqué la conclusión de que la evolución del Hombre como ser sociable y su incorporación a sociedades regidas por las leyes se dio a través de la violencia. “El Hombre se humanizó a través de la violencia”, pensé. Una contradicción, aparentemente.

La Liga de las Naciones y la Organización de las Naciones Unidas son creadas a partir de ambas guerras para resolver los conflictos entre las naciones. Cada conflicto obligó a desarrollar mecanismos para mediar y solucionar futuros problemas. La guerra o la violencia, por así decirlo, crearon éstas estructuras supranacionales para mantener la paz.

Entre la primera y la segunda guerras mundiales, hay un periodo de 30 años de diferencia y el conflicto nace a partir de la derrota alemana en la primera guerra mundial. La segunda guerra mundial es consecuencia directa de la primera. La Alemania Nazi se alimentó del nacionalismo para crear la guerra y devolverle la “gloria” al país. ¿Por qué Alemania volvería a iniciar una guerra? Para los franceces cuando se firma el Tratado de Versalles lo más importante era castigar a Alemania. La justicia la convirtieron en venganza con impunidad para los vencedores.

Quiero hacer un paralelismo con Nicaragua, aunque sus dimensiones y contextos históricos sean muy diferentes: la crisis de abril del 2018 estalló 30 años después de concluir la guerra contra la revolución armada previa que derrocó a la dictadura de Somoza, y se intentó una transición hacia la democracia que no se cimentó en la justicia, sino en un apartheid político, donde los “sandinistas” por ser “sandinistas” fueron despedidos de sus puestos en el Estado o estigmatizados; diez años antes la revolución había hecho lo mismo con los „somocistas“. Algo semejante a la postura de Francia de castigar hasta la humillación a Alemania: “castiguemos a los sandinistas por la guerra”, que antes había sido „castiguemos a los somocistas por la dictadura impuesta“.

Hitler utilizó el nacionalismo para buscar venganza por la humillación a que fue sometido el pueblo alemán después de la primera guerra mundial. La crisis social y económica que el pueblo alemán padecía, causado por las sanciones impuestas por la alianza que derrotó a Alemania, sanciones que obligaban a Alemania a resarcir económicamente los daños ocasionados por la guerra, ayudó a Hitler a instaurar el tercer reich. Ortega y Murillo hicieron casi lo mismo; utilizaron todo el rezago social que padecía la población para instaurar sus dictaduras. Ese resentimiento y odio fue creado por la impunidad y la venganza. A partir de esa premisa los paramilitares, ex miembros del EPS, salieron a las calles a asesinarnos. Usaron las heridas de la guerra y el desplazamiento social de estas personas en otros gobiernos para convencerlos de asesinar. No hubo atención psicológica a los desmovilizados por la guerra, adoctrinados por el régimen sandinista en los 80’s, ni hubo justicia para castigar los crímenes cometidos durante la guerra.

La justicia tiene que beneficiarnos a todos, imparcialmente. No hacer justicia, es abrir el paso a un nuevo dictador que manipule el resentimiento y el dolor de las masas e irremediablemente volver al clientelismo populista y al autoritarismo. Debemos reconstruir el tejido social desde la justicia poniendo un alto definitivo a la impunidad.

Al punto que quiero llegar es que no se puede repetir el mismo error de pretender construir un país democrático con una sociedad polarizada y violenta, valerse de la “justicia” para buscar venganza. La justicia se trata de no repetir lo mismo. En los juicios de Nüremberg, una gran parte de los altos mandos militares del Nazismo fueron ajusticiados, antes otros murieron en la guerra o se suicidaron. A pesar de que muchos otros casos quedaron en la total impunidad, los alemanes aprendieron a través del dolor, solo a través del dolor entendieron que en la guerra no hay honor ni gloria, ambas guerras suicidas habían sido instigadas por ellos mismos. No solo fue el ajusticiamiento de sus criminales militares lo que llevó a los alemanes a aprender de sus acciones, la magnitud del desastre que crearon y enfrentaron provocó en ellos un cambio de mentalidad. La idea de justicia también es un proceso mental que tenemos que trabajar.

La reflexión sería que tanto Ortega como Hitler son productos de los traumas de la guerra, la violencia institucionalizada y el resentimiento social. Ojalá que no haya un próximo dictador creado también por el dolor que vive el país por los acontecimientos recientes.

Tal vez la Humanidad hoy no sea mejor que lo que fue ayer, incluso puede que sea peor. No pasaron ni 50 años al finalizar la segunda mundial cuando en la antigua Yugoslavia se llevaba a cabo un genocidio étnico, es decir, hace menos de 25 años. No se aprendió del genocidio realizado por los nazis contra los judíos en campos de concentración como el de Auschwitz y otras zonas de Europa. La Humanidad se sigue deshumanizando y diversos grupos humanos recurren a la violencia para imponer su visión de las cosas. Sociedades supuestamente más avanzadas que las nuestras son las dueñas de las guerras, pero eso no es excusa para nosotros.

Aún estamos a tiempo de cerrar los ciclos de violencia desde nuestra mentalidad nicaragüense, al menos en nuestro pequeño espacio territorial. No hay honor ni gloria en las guerras, las guerras no construyen sociedades ni pueden perfeccionarlas, las guerras nos deshumanizan y nos destruyen socialmente. Nicaragua no será mejor por el hecho de que se vaya Ortega o „extirpemos“ al sandinismo, ellos solo son una parte del problema. El orteguismo, el sandinismo, el somocismo y cualquier otro cacicazgo excluyente, guerrerista y violento no regresarán si, y solo si, los nicaragüenses nos convertimos en mejores ciudadanos; si abandonamos el resentimiento y los deseos de venganza para enfocarnos en un sano ideal de justicia.

Nicaragua será mejor cuando tenga mejores ciudadanos.

Coalición sin corrupción

Este mes que llevo descansando, retirado de los espacios políticos, me ha dado la oportunidad de escuchar a la gente y percibir esa otra realidad de la población respecto a la crisis política. Es interesante porque la gente no está desconectada de la crisis, tienen mucho conocimiento de los acontecimientos, sobre la oposición y la represión que ejerce el régimen. Incluso hasta simpatizantes sandinistas han hablado conmigo expresándome que el cambio de gobierno es irremediable. Y no son de estos sandinistas fanáticos o serviles, son sandinistas con un alto nivel de formación que conocen la realidad de la estructura de su partido y reconocen las fracturas internas.

No es cierto que existe “apatía” por la cuestión política del país, existe un descontento generalizado por el papel de la oposición para presionar a Ortega por una salida. Pero así como hay sandinistas descontentos con su partido, hay opositores que han dado marcha atrás y no ven con malos ojos al régimen de Ortega.

La crisis no es lineal, se mueve vertiginosamente en varias direcciones, desde posiciones políticas extremistas a puntos coincidentes entre bandos aparentemente irreconciliables, pero me resulta interesante que estos sandinistas que están casi en la disidencia se estén alejando del partido por la crisis económica y la corrupción dentro de las estructuras del gobierno y no por la represión descarnada. Y, por el otro lado, que opositores que durante abril participaron en las protestas en este contexto valoren más su estabilidad económica y para eso se hayan visto “obligados” a cambiar su posición política y obvien las consecuencias de la represión. Puedo equivocarme con esta aseveración, pero pareciera que son los simpatizantes del régimen los que van a determinar la caída de la dictadura.

Hace unos días se lanzó “la gran Coalición Nacional” en medio de un Estado de sitio descomunal. Cualquier intento de unificar a la oposición debe ser aplaudido, por supuesto. La interrogante de siempre es: ¿unidos alrededor de qué? Aparentar unidad no sirve de nada. La gente desconfía de la UNAB, la Alianza Cívica, los campesinos, los partidos políticos y los estudiantes; que todavía son percibidos con respeto, pero dicen que “les falta experiencia”. Y sobre todo hay un reclamo exigiendo “soluciones”. La oposición no ha sido capaz de catalizar las demandas de los nicaragüenses. Eso es algo que lo dije en muchas ocasiones, que estábamos construyendo un país desde nuestra visión como opositores y no desde las aspiraciones de los nicaragüenses de a pie.

Entiendo perfectamente por qué la gente no se siente identificada con las propuestas hasta ahora planteadas, porque no ven plasmadas sus demandas en esas propuestas. Otro dato interesante es que el tema económico sea más importante que los derechos humanos y la democracia.

La gente percibe mucho más importante la parte económica. Ese debe ser un tema a trabajar: concientizar y hacerle entender a los nicaragüense que para lograr un desarrollo económico y social de calidad necesitamos defender los derechos humanos y construir y defender una democracia fuerte, sin ambos elementos no tendremos un desarrollo económico sostenible o se repetiría el caso de que el crecimiento económico solo beneficiaría a una pequeña cúpula allegada al poder político y económico. Esa desconfianza podría ser erradicada si la oposición fuera capaz de construir un plan de nación para reconstruir el país en la etapa post-Ortega y de tener un plan de acción para reactivar la resistencia contra la dictadura.

Azahalea Solís, dijo en el programa Esta Noche, que: era “impensable construir una Coalición Nacional sin la participación de la Contra”. Yo sigo pensando que siguen apostando por acercarse a estas organizaciones que la población identifica como anti-sandinistas y eso en aras de eliminar esa idea de que se quiere un orteguismo sin Ortega. No me molesta la participación del FDN, pero se le está dando un peso político que no tiene.

Hace poco se le rindió homenaje a Enrique Bermúdez como “héroe de la democracia”, con puros fines politiqueros. Yo no podría estar más en desacuerdo, cuando la contra cometió delitos de lesa humanidad en los años 80’s y firmó en los acuerdos de Sapoá una amnistía general que les absolvía a ellos y al sandinismo de ser investigados y juzgados por estos crimenes. La Contra también es responsable de que no haya habido un proceso de reparación, verdad y justicia al concluir la guerra.

No me molesta la participación de la Contra, sino esa imagen que quieren verder de la Contra. Quieren utilizar las heridas de la guerra para derrotar a Ortega y esa es la peor estrategia que se puede usar, sobre todo en los más jóvenes (60% de la población de Nicaragua es joven). No están trabajando en una visión hacia el futuro. Los más jóvenes trabajamos nuestro presente pensando en el futuro y si van a revivir a reliquias de la guerra no nos va interesar.

También estuvo presente María Fernanda de Alemán, esposa del ex-presidente Arnoldo Alemán en el acto de la Coalición. En lo particular no estaba de acuerdo con la participación de los partidos políticos tradicionales, pero fui madurando esa idea y creímos necesario que las bases de los partidos fueran parte de la Coalición Nacional, por supuesto proponiamos vetar a las cúpulas de dichos partidos. Miembros jóvenes del PLC nos han expresado que el partido no está controlado por Alemán y su esposa, y que hay mecanismos democráticos internos. El PLC que pactó en el 98 con el FSLN no es el mismo, pero queda ese estigma de que a partir del pacto es que se le permite a Ortega llegar al poder.

A partir de aquí tenemos la participación de una organización implicada en crimenes de lesa humanidad y facilitador de una amnistía, cuando se trata de conseguir justicia, y la inclusión de un partido político pactista, cuando se trata evitar un pacto con el régimen. Todas esas incongruencias que percibe la población en la oposición desalientan la esperanza de encontrar una solución a la crisis política.

La Gran Coalición Nacional

El pasado 15 de enero desde la Coordinadora Universitaria invitamos a una conferencia de prensa para expresar nuestro posicionamiento político como estudiantes respecto a la “Gran Coalición Nacional”. A pesar que se enfocaron mas en nuestra salida de la Alianza Cívica y nuestra permanencia en la Unidad Nacional, no es fácil para nosotros como estudiantes lidiar con los problemas que enfrenta la oposición, porque incluso sabemos que tampoco estamos exentos de esos problemas. No representamos en su totalidad a los estudiantes del país y todavía tenemos el reto de organizar las universidades y materializar nuestra demanda sectorial en una agenda universitaria.

Es necesario aclarar que no estamos ahí para legitimar a ningún espacio u organización, ni estamos supeditados a los intereses de ningún grupo. El trabajo que realizamos como colectivo desde la Coordinadora Universitaria, aún con todas las limitaciones y los peligros que enfrentamos, es autónomo e independiente. No seremos parte de ningún acuerdo que represente la continuidad del actual modelo país, también propugnamos por un cambio de sistema. Debido al contexto nos hemos visto en la exigencia de involucrarnos directamente en las cuestiones políticas del país. Es una lucha continua tratar de no ser absorbidos por los intereses que existen alrededor de la solución a la crisis. Es por esa razón que anticipadamente hicimos público nuestro posicionamiento.

La Coalición Nacional debe tener como prioridad la organización territorial. La crisis de representatividad y legitimidad que enfrenta la oposición nicaragüense es porque no existen espacios de participacion ciudadana directa. Es entendible porque hay un riesgo de que operadores del gobierno se infiltren en los procesos que realiza la oposición y por el estado de sitio impuesto. La Coalición tendrá esa labor de construir estructuras que tengan presencia en los municipios, departamentos y regiones de todo el país. No se debe limitar únicamente para organizarnos ante un posible escenario electoral, también deberá coadyuvar a recopilar las demandas de la población y las propuestas que los mismos nicaragüenses tengan para reconstruir Nicaragua. Además, debe tener como objetivo cambiar la correlación de fuerzas que permita una mayor presión interna para obligar al régimen a cumplir las condiciones para un proceso electoral.

La Coalición no deberá participar en un escenario electoral sin las condiciones propicias. Antes de irnos a unas elecciones debe liberarse a los presos y presas políticas, mejor dicho, no deben existir presos políticos. El gobierno tiene que reestablecer todas nuestras garantías constitucionales; libertad de expresión y movilización, levantar el estado de sitio, desarmar a los grupos paramilitares, propiciar el regreso seguro de los exiliados y por supuesto hacer reformas electorales profundas y un nuevo Consejo Supremo Electoral.

En nuestro posicionamiento dejamos claro que las reformas electorales son el primer paso para lograr los cambios estructurales que necesita el país. No aceptaremos que estas reformas sean parte de un acuerdo entre la élite y el gobierno. Las reformas electorales son para que los nicaragüenses recuperen su soberanía, que el futuro del país esté en su libertad de ser electos y elegir a sus nuevas autoridades de gobierno. No debe existir la posibilidad de un Estado-Botín; el repartimiento del Estado a través de un acuerdo a espaldas de los nicaragüenses, tampoco para la reconfiguración entre el poder político y los poderes fácticos, mucho menos para darle continuidad a un “Orteguismo sin Ortega”. Es mentira que unas elecciones resolverán la crisis política, servirán para salir de Ortega, pero los problemas del país son estructurales. Unas simples elecciones no le devolverán a los nicaragüenses la democracia y su institucionalidad, este es un trabajo permanente que cada ciudadano tiene que construir y preservar.

La Coalición debe girar en torno a un plan de nación. Todos los nicaragüenses estamos esperando una propuesta programática que garantice que, una vez tomado el poder político, habrá un plan para reconstruir el país, reconstruir el tejido social que está completamente fracturado.

Nicaragua enfrenta muchos retos. Seguimos siendo un país con un alto índice de pobreza, con problemas de democracia e institucionalidad, pésimo acceso a la educación, salud, vivienda, falta de tierras, salarios mínimos rezagados. No somos un país competitivo económicamente; poseemos una economía extractivista y agroexportadora, una gran parte de la población trabaja en el sector informal y la industria es muy pequeña. Dependemos de actores externos, enfrentamos retos medioambientales, la seguridad social en la quiebra.

Para reconstruir de nuevo el tejido social es necesario que las victimas tengan acceso a la justicia, reparación y verdad. No hacerlo representaría fallar nuevamente en una transición hacia la democracia. Unos de los ejes principales será la justicia, no solo a las víctimas de abril, también habrá que hacer una retrospectiva del pasado. Los nicaragüenses no necesitan depositar su confianza en la UNAB, la ACJD, la CN o los partidos políticos tradicionales. No hace falta que pertenezca a estas organizaciones para hacerse responsable y ejercer su ciudadanía.

Ninguna organización o persona resolverá la crisis, somos los nicaragüenses en conjunto quienes podemos sacar adelante una transformación hacia un nuevo país. La pregunta no es si la oposición representa un verdadero cambio, yo la cambiaría por: ¿Qué puedo hacer yo como ciudadano nicaragüense para cambiar la realidad de Nicaragua? ¿Qué puedo hacer para que tengamos justicia y libertad? ¿Qué puedo proponer para hacer posible que nos escuchen? Ya pasamos del fenómeno autoconvacado a la organización de la comunidad como colectivos con incidencia. Solo organizados podemos salir de la dictadura y eso inicia por usted como ciudadano. ¿Qué es lo que quiere para Nicaragua?

Hay que preguntarnos si estamos dispuesto a vivir en un país donde violan nuestros derechos humanos, nos meten presos por pensar diferentes, roban nuestros impuestos y los utilizan para reprimirnos, matan a los campesinos en las montañas, nos niegan el derecho a la educación de calidad y salud. ¿Estamos dispuestos a vivir así? Nos basta necesitarnos a nosotros como ciudadanos para cambiar Nicaragua. Ya es momento de los hechos, de materializar nuestras propuestas y demandas, acciones concretas. La critica por si sola no basta cuando no va acompañada de la acción. Criticar y no hacer tampoco debilitará al régimen, ni evitará que la oposición siga haciendo más de lo mismo. Es momento de que nosotros como nicaragüenses nos hagamos responsables de Nicaragua. En definitiva, la Coalición opositora debe girar en torno a un plan de nación y no alrededor de las reformas electorales para lograr una salida electoral.

Elección del Consejo Político de la UNAB

La próxima semana se realizan elecciones internas en la Unidad Nacional para elegir un nuevo Consejo Político (CP) o darle continuidad al actual. Una vez concluidas las elecciones, el próximo CP, con mucha más experiencia, tiene la tarea de fortalecer a la Unidad Nacional y la difícil labor de trabajar en conjunto con la Alianza Cívica.

La población ya comenta sobre este proceso interno. Muchos de sus cuestionamientos son válidos, como la posible reelección de los actuales candidatos al Consejo Político para continuar un año más en el cargo. Fui de los que se opuso radicalmente a la reelección o prórroga del actual Consejo Político y sigo pensando que no era lo correcto. Todas mis aseveraciones terminaron por cumplirse y la opinión pública se los ha hecho saber. Pero bien, a pesar de esto, la Unidad Nacional continúa siendo una mejor opción política, comparada con su homóloga “Alianza Cívica”. A pesar de sus imperfecciones, porque la democracia no es perfecta, la UNAB esta conformada por una diversidad de actores que nacieron en abril.

Este proceso cuenta con un Comité Electoral, cada sector contará con dos representantes. Todos son elegidos o ratificados a través del voto asambleario. Hubo un proceso de nominación primario y posterior a eso impugnaciones de candidatos. La Costa Caribe cuenta con una elección especial, respetando su autonomía para elegir a sus dos candidatos. Cada sector, ya sea político; sociedad civil; territorios; exceptuando a la Costa Caribe que tiene una elección especial, y el sector estudiantil y juvenil que por acuerdo interno solo nómina a tres, cada sector puede nominar a diez candidatos/as. En total serán doce los que formaran parte del próximo Consejo Político. Serán elegidos dos por sector, para un total de diez y los dos restante serán los terceros más votados de cualquiera de los sectores.

No es perfecto, ni mucho menos a lo que aspiramos, pero la Unidad Nacional ha demostrado avanzar más, comparando con el primer proceso electoral. Este sin lugar a dudas es un proceso más abierto y transparente.

Estas cosas sencillas es lo que quiere saber la gente. Tal vez muchos de los candidatos/as no son muy reconocidos/as, pero muchos/as de ellos/as desde el anonimato han venido trabajando y aportando a la construcción de la oposición.

Hay muchos jóvenes que forman parte de la Unidad Nacional, que no aspiran o no le dan importancia a los puestos en estas organizaciones, entendiendo que hay otras maneras de trabajar. En mi caso me propusieron y decliné a participar. Lo menos importante en este momento son los puestos, la gente quiere escuchar ideas y propuestas y en eso estamos trabajando. Ya habrá lugar para ese relevo generacional que esperan los nicaragüenses, cuando existan las condiciones para pensar en un proceso electoral.

La Unidad Nacional solo representa a una parte de la oposición. Si usted quiere puede integrarse a cualquiera de las organizaciones que son parte de la UNAB o inscribir a su organización para ser parte de ella. Es bueno que la población presiones y fiscalice estos procesos. No más candidatos elegidos al dedazo o vividores de las causas ajenas.

Un lugar para irnos

Mis recuerdos sobre Managua son pocos, solía venir cuando tenía que hacerme chequeos médicos. Managua es para mí aquel enorme aparato de resonancia magnética, un túnel que parecía trasladarme hacia la muerte. Desde hace dos meses vivo en ese túnel del que no puedo escapar, que puede estudiar mi cerebro y aflora las emociones del corazón. Managua es la rutina de las reuniones, los debates interminables sobre la crisis, sobrevivir a las precarias condiciones económicas, los niños que se ganan la vida lavando parabrisas, la temeridad de los conductores al conducir y la irresponsabilidad de los peatones al cruzar las calles.

Buscamos un lugar a donde ir para enamorarnos. No se deja de enamorarse aun estando en dictadura. Me sé unos cuantos chismes de algunos cuernos, eso en otro momento los voy a contar. La mayoría somos chavalos a los que intentaron borrarnos, nos obligaron a desplazarnos de nuestras casas y encontramos entre nosotros un hogar, un vínculo solitario, algo que no nos borre, para salvarnos de ese túnel oscuro que paralizó el tiempo en Nicaragua.

La muchacha que sale en las conferencias de prensa es esa que terminó con su novio y fuma por las noches para soportar la ansiedad. El semblante fuerte es para no desmoronarse, llora por las noches, ahora sola en su cuarto. Esta el otro muchacho que parece niño, nunca ha tenido novia y desesperadamente quiere una relación.

Nos escondemos entre la muchedumbre que satura las rutas, observando los rostros y escuchando las pláticas de los pasajeros, apretujados en los problemas de aquellos desconocidos, formando parte de ellos, esperando que pase algo divertido para reírnos cuando lleguemos a casa.

Ese lugar que buscamos a donde ir, es para escapar. La normalidad forzada de Managua nos llena de dudas. Somos, por si no se han dado cuenta, seres de carne y hueso. Los que estamos sumergidos en este esfuerzo por derrocar a la dictadura no nos salvamos de la normalidad. Nos hemos contagiado de la irresponsabilidad del olvido cuando vemos la cotidianidad de los managuas.

En distintas ocasiones hemos pensado en renunciar y continuar con nuestras vidas. Lo que abril significó en determinado momento una espontaneidad, ahora es una obligación moral. Ya no es una cuestión de un ideal supremo, estamos porque no podemos irnos.

Las miradas taciturnas, las noches de desvelo fumando incesantemente y la tristeza de cada mañana es lo que pocas personas en este país conocen. Detrás de cada muchacho entrevistado en los diarios hay un ser humano y, como cualquier otro, sucumbe a las debilidades. Esto es político y no una novela de romance, traidores existen y probablemente algunos vean en este contexto la oportunidad de alcanzar el poder como un fin. Cuestiono de esta manera al periodismo en Nicaragua que está creando héroes con rostros donde la vergüenza no tiene cara.

Intento ser condescendiente con aquellos que viven una realidad fantasma. Al menos yo, soy consciente de mis sentimientos, otros, por el contrario, tratan de engañarse a sí mismos con su propia lástima, negándose sulfurosamente a reconocer que viven una vida de mierda.

La mamá de una compañera nos sentenció al paredón de lo indescifrable, preguntándonos cuál es nuestro ideal. Tal vez su profesión de jueza le daba la lucidez para preguntarnos semejante cosa. No era una pregunta cualquiera, era también una preocupación de madre. Quería seguramente que su hija encontrara en nosotros la razón para renunciar a la decisión temeraria de dejar su casa para continuar una lucha, que, en el corazón de una madre, solo puede presentir la muerte. Aquella señora, preocupada por su hija, nos contó que fue presa política en la época de Somoza y fue liberada con el acuerdo que se logró en la toma del Palacio Nacional. “Nosotros también luchamos y creímos en la revolución, pero miren en qué terminó. ¿Qué les hace pensar que esto será diferente?”

Esta no es una lucha de vanguardia como la hizo el sandinismo y no estamos dispuestos a tomar las armas. Tampoco buscamos construir un proyecto político utópico, lo nuestro es real, ni vemos el poder como un fin. No aspiramos a un puesto político porque no tenemos las capacidades técnicas para ocupar un cargo público, pero si renunciamos, dejaremos el futuro del país en las manos de los de siempre, los oportunistas. Si renunciamos nada será diferente.

La respuesta no fue suficiente para ella, nada puede justificar el amor de una madre hacia su hijo. Es la misma pregunta que me hace mi mama cuando llego a Estelí. ¿Por qué no renunciás? Yo no tengo vida pensando que te puede pasar algo”. Mi mama no solo sufre por mi vida de fugitivo, soporta la humillación y desprecio de la gente que me odia.

Todos los días buscamos un lugar a donde ir…

Este país duele

“La lucha es de ustedes muchachos, nosotros solo somos un respaldo”. Es la frase más común que la gente nos suele decir en las calles, reuniones o redes sociales. Una responsabilidad que aún no tenemos claro cómo tenemos que asumirla. A esta nueva generación de nicaragüenses, como a tantas otras, nos toca cargar con la historia sangrienta de Nicaragua. Nadie sabe con certeza de dónde nace ese romanticismo por nuestra patria que, como cualquier otro amor, duele y te puede matar. En este país de poetas, donde hasta un chiste es poesía, solo se trasciende cuando se muere, como los héroes de esta patria que murieron y ya nadie los recuerda. Pasarán tal vez cuarenta años y solo seremos una vieja reliquia contada en los libros, y el romance sepulcral de esta historia solo la recordaremos los que la vivimos. Como si sufrir fuera vivir y la existencia queda relegada a una desinhibida nostalgia.

A nadie le importa si Carlos Fonseca fundó al Frente Sandinista o si Enrique Bermudez dirigió la contra. Ni aquella revolución que derrocó a una dictadura para instalar otra, ni los Dora María Tellez, Edén Pastora, Henry Ruíz, Sergio Ramírez importan. Nada puede sustituir al presente. No importan porque no somos nosotros, otros nos van a relegar y utilizarán nuestros nombres para enarbolar otra lucha que no será nuestra, dirán que así pensabamos, aunque nunca dijimos que la hicieran y otra vez el ciclo de la vergüenza tendrá otro rostro que trataran de olvidar. Preguntarán: “¿Y quién era él? ¿Por qué luchaba?” Conociendo al nica, más de uno se mofará de las preguntas y riéndose dirá: “Algún mamaturca que no tenía ni verga que hacer. Si no trabajo no como y los políticos a mí no me dan de comer“. Los políticos regordetes seguirán desfalcando millones de córdobas, alimentándose de la ignorancia de este pueblo que cree burlarse de los políticos con sus inverosímiles respuestas.

Después de leer por cuarta ocasión “Cien años de soledad”, he pensado que Nicaragua es la continuación de Macondo, pero moderno. Probablemente la participación de Aureliano José con las tropas federalistas de Nicaragua, huyendo del amor incestuoso que sentía por Amaranta, el rastro de la estirpe de los Buendía por nuestro país nos condenó a compartir cien años de soledad. Así como el gobierno Colombiano negó la masacre bananera en Macondo, en Nicaragua niegan que haya pasado lo mismo. Solo en este país un niño de dieciocho meses se suicida y tenemos más terroristas que Oriente Medio.

Todo está normal, a pesar de lo militarizada que está Managua. Un golpe de Estado orquestado por estudiantes es tal vez un fenómeno único en la historia universal. Un grupo de muchachitos menores de veinte años intentaron derrocar a un gobierno sin más armas que sus conciencias, entregando agua y víveres a los que protestaban. Los muertos fueron inventados por la maquinaria amarillista de la prensa y las madres que lloran al espectro de los cuerpos desangrados de sus hijos.

Este país duele, porque las madres siguen llorando las muertes de sus hijos mientras para otros la vida sigue igual, no ha pasado nada.

“Mañana, hijo mío, todo será distinto.
Sin látigo, ni cárcel, ni fusil
que supriman las ideas”. – Edwin Rodríguez Castro.

Y no ha cambiado nada en Nicaragua desde que se escribieron esos versos. La historia la seguimos escribiendo con la sangre derramada de los jóvenes y en algún momento pensaron que Nicaragua se iba quedar sin jóvenes. Unos muertos y otros en el exilio forzado. No quiero ser el próximo Sergio Ramírez que escriba en sus memorias que el legado de esta revolución fue la democracia, para que tiempo después más jóvenes como yo sigan muriendo por una “causa justa”. No recordaré a los que hoy luchan como unos héroes, los describiré como unos parlanchines malcriados, gente común como usted o yo, y los que murieron serán el estandarte para mantener firme nuestra convicción moral por Nicaragua.

“Marcharán los muertos en cada barricada,
habrá una flor para cada caído,
y las madres verán a sus hijos,
porque Dios hará justicia con aquellos
que mantengan la esperanza”.

La experiencia de Venezuela para Nicaragua

La crisis de Nicaragua no tiene las dimensiones de la catástrofe venezolana. No es mi intención en este post compararlas, pero quiero evidenciar la irresponabilidad e ineptitud de una oposición para emancipar al país de una tiranía .

En enero de este año el parlamento venezolano – último reducto democrático del país – desconoció a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela y para tal efecto designaron como Presidente encargado de Venezuela al presidente del parlamento venezolano, Juan Guaidó. Desde entonces, casi un centenar de venezolanos han sido asesinados por las fuerzas de seguridad de la dictadura de Maduro en las protestas convocadas por la oposición.

CARNE DE CAÑÓN

Desde que Guaidó es Presidente encargado de Venezuela, la liberación de Venezuela del régimen de Maduro es una promesa incumplida. Esta iniciativa ha sido acompañada con el beneplácito de los EE.UU y una cantidad considerable de países de la región. En febrero de este año, el secretario de Estado de los Estados Unidos, aseguró que los días de Nicolás Maduro estaban contados. Han pasado cinco meses desde sus declaraciones y Maduro sigue siendo presidente de Venezuela y no parece que las cosas vayan a cambiar.

Ese centenar de venezolanos asesinados no es únicamente responsabilidad de la dictadura de Maduro, la oposición venezolana ha utilizado como punta de lanza la vida de los venezolanos que desesperados por la grave crisis de su país ofrecen lo poco que tienen: ¡la vida! Tal irresponsabilidad estuvo a punto de provocar una guerra extraregional. Venezuela es de interés geopolítico por sus grandes reservas de petróleo y la gigantesca deuda externa que tiene con China y Rusia. La vida de esos venezolanos nadie las repondrá, ni las promesas incumplidas de la oposición venezolana podrá recompensar a los familiares de los asesinados.

LA HIPOCRESÍA DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Distintos países del mundo han dicho apoyar la lucha de los venezolanos para liberar a su país de la tiranía de Nicolás Maduro, pero mientras los venezolanos huyen de su país por la falta de condiciones para vivir, estos les niegan la entrada. Países como Ecuador están considerando solicitar visa a los venezolanos para que puedan ingresar a sus territorios. En otros países del cono sur como Brasil los venezolanos son víctimas de xenofobia. Solo Colombia ha abierto sus fronteras solidariamente. Mientras la comunidad internacional dice apoyar las aspiraciones de los venezolanos, les cierran sus fronteras a miles que buscan una oportunidad para sobrevivir.

LO QUE DEBEMOS APRENDER LOS NICARAGÜENSES

El día de hoy un grupo de muchachos se manifestaron en la Catedral Metropolitana de Managua. Una joven fue secuestrada por la Policía y otro muchacho salió herido por una bala de goma en su cabeza. Una adolescente de catorce años no debe de servir como carne de cañon para una oposición patética como la nicaragüense. La juventud de Nicaragua no debe convertirse en “santos de la catatumba”. Sin la vida, cualquier aspiración, por muy noble que sea, no tiene sentido.

Los supuestos representantes del pueblo, esos que se autoadjudicaron la lucha de los nicaragüenses, son los que tienen la responsabilidad de organizarse y conformar un bloque opositor que haga frente al régimen de Ortega. Esa organización debe ir acompañada de una propuesta o proyecto de nación que logre cambiar el sistema actual. La fiebre de presidencialitis que en las última semanas ha proliferado tiene que terminar. Ese bloque opositor tiene que llevar a cabo unas elecciones primarias para seleccionar a los candidatos que representarán las aspiraciones de los nicaragüenses. Debe cumplir sí o sí, ese proyecto de nación que en consenso se logró construir con anterioridad con todos los sectores políticos, económicos y sociales del país.

No es momento de candidatos, es hora de organizarse y presentar propuestas que coadyuven a lograr la unidad. La oposición venezolana presumió de unidad, sin embargo, Maduro continúa en el poder. En Nicaragua la situación es peor, la desconfianza y las agendas ocultas han provocado la división de la ya débil unidad opositora nicaragüense. El tiempo apremia y la correlación de fuerzas se debilita. Algunos ya proponen una tercera vía a la UNAB y ACJD para enfrentar a Ortega en unas elecciones.

La comunidad internacional en este momento es nuestro mayor aliado, pero puede convertirse en nuestro peor enemigo. La última Asamblea de Cancilleres de la OEA en Medellín, Colombia, dejó en evidencia que no se cuenta con los 24 votos para aplicar la carta democrática a Nicaragua. A pesar de los 75 días que le dan a la dictadura para reestablecer todas las garantías ciudadanas, la liberación definitiva de todos los presos políticos y elecciones adelantadas, ese tiempo se puede extender hasta el 2021 si no nos organizamos. No podemos apostar a que nuestros problemas se resolverán en el exterior. Los únicos que podemos hacer posibles los cambios que necesita el país somos los nicaragüenses.

El país del olvido

Las ocho y siete de la noche y Managua registra una temperatura de 29 grados. Desde la terraza de una casa de seguridad puedo observar el lago de Managua y las chicharras con su canto me acompañan en mi soledad. Treinta minutos antes le envié un mensaje a mi mama diciéndole: “Quisiera estar en Estelí”.

Mi vocación de triste se complementa muy bien con la capital. Managua es una ciudad horrendamente triste. Un Macondo moderno. Un bus para 70 personas es capaz de transportar a 150 personas mientras el conductor va gritando: “Hagánse para atrás, para que me le den pasada a la gente”, “en medio va vacío”, “amorcito lindo, apartá tu mochila y ponela de frente para que pase la señora, porfa”. Aquel conductor parece perder la paciencia pero no la educación: “¡Hijueputa! Les dije que ocupen el espacio de en medio, por favor”. Un “por favor” después de un “hijueputa” hace al hombre.

Managua es pobre y las marcas de las catástrofes que ha vivido no desaparecen: hoteles cinco estrellas a la par de casas con láminas de zinc óxidado, modernos centros comerciales y al frente una tienda hecha de madera y zinc que vende frutas y ropa usada, al son de una canción dedicada al bachi que dice: “El comandante se queda y tú lo sabes”…

Las desigualdades económicas y sociales son lo más visible de Managua. Vas por carretera norte y podés ver a la gente lavando su ropa o bañando a un niño. Las casas hechas de zinc óxidado, ubicadas a la par de un cauce. Un semáforo peatonal en verde y al mismo tiempo los vehículos transitan. Los semáforos “inteligentes” que instaló la Alcaldía de Managua funcionan bien… A mi mente se viene la frase de la Yuma: “Algún día me iré de este barrio hijuelagranputa”. En mi caso significa volver a Estelí, a mi bella ciudad que de no ser por la gente que escucha música de banda y quiere imitar el acento de los mexicanos sería perfecta.

Pero abril comienza a desaparcer. La normalidad empieza a asentarse: los centros comerciales llenos o hasta “al culo”, como dijo un señor al ver el food court de Metrocentro sin asientos, los bares animan a los capitalinos y las principales vías vehículares siempre están congestionadas. En Managua no existe la cortesía por parte de los conductores y la gente no usa los puentes peatonales. Nicaragua es un país sin leyes. Hace unos meses contábamos con tristeza los números de muertos después de cada protesta, ahora cuentan con alegría las “bichas” que se van tomando. Los policías están presentes en todas las rotondas de la ciudad. En la UCA están permanentemente, me he cruzado en un par de ocasiones en donde están ellos y en mi mente me digo: “Si supieran que aquí va un golpista buscado como criminal en Estelí”. Una suerte de risa que es más una preocupación. Los policías se esconden en la sombra de un árbol para soportar el calor asfixiante de Managua o por vergüenza también… Sostienen en sus manos armas de guerra, alguna de esas armas habrá asesinado a un manifestante y algunos de esos policias son los responsables de sus muertes, pero gozan de libertad.

“Ahí murió Chester”, me señala con sus labios un compañero mientras recorremos a pie la UNAN-MANAGUA. Los vehículos pasan a una velocidad de 60 KPH y ya nadie recuerda que ahí murió Chester Chavarría, el primer asesinado en la UNAN. En la entrada de la universidad, una buena cantidad de estudiantes hacen fila para ingresar. Algunos lucen desesperados por entrar, miran constantemente sus relojes y las muchachas están idas en sus celulares arreglándose su cabello, el reflejo de la pantalla del celular les sirve como espejo. Tan ansiosos por entrar, como si la UNAN tuviera algún prestigio. Los que dirigen la UNAN son los asesinos de nuestros compañeros, sigo pensando que no sería capaz de recibir clases por los asesinos de mis compañeros. Yo no podría… Parece que olvidaron que la UNAN hace un año estaba tomada y el 13 de julio ocurrió la masacre de la “Divina Misericordia”. Olvidaron que el primer muerto fue Chester Chavarría y los dos últimos Gerald “El chino” Vázquez y Francisco “El oso” Flores. “EL OSO” me despierta una curiosidad, no como Francisco Flores el atrincherado de la UNAN, sino como Francisco, el chavalo de barrio abandonado por sus padres, el que hizo de su familia a los atrincherados y consiguió su primera novia en medio de la mortandad que azotaba en esos días a Nicaragua. Es que estos muchachos antes de sus muertes solo eran unos de los tantos chavalos atrincherados en una universidad, solo después de sus muertes fueron alguien, como Leonel Rugama. Solo después de su muerte su poesía era hermosa.

Murieron como santos en las catatumbas de la historia, entregaron sus vidas por una causa que creían justa. Sus fotos no fueron la portada de ningún diario nacional y sus muertes pasaron simplemente a los informes de derechos humanos. En la UNAN ya pocos los recuerdan y sus amigos de lucha están en el exilio…

Están los otros, a esos que les llaman “desgraciados”, los olvidados por los gobiernos y los políticos de segunda. Solo sirven para las campañas políticas antes de las elecciones. Esos que venden agua, los carretoneros, los niños que limpian parabrisas en los semáforos, las señoras que venden frutas y enchiladas en las afueras de las universidades. Los más pobres son los dotados de conciencia, pero son los usados como carne de cañon y al no poseer más que sus vidas, las ofrendan y casi siempre un pequeño grupo coopta los espacios que deberían ser de ellos. Los pobres viven de la realidad por eso tienen un nivel elevado de conciencia. Debe ser cruel vivir de la realidad y más cuando se vive en Nicaragua. A pesar de vivir de la realidad este es el único país donde se puede “avanzar para atrás” y comer quesillo con “sevolla”.

En Managua las rutas nunca van vacías, probablemente van hechas de historias. Un muchacho de un metro setenta, ojos claros como los de un búho, de barba desaliñada y con un piercing en la parte superior de su ceja derecha saludó a su profesora. Él y su profesora fueron expulsados de la UPOLI por “incitadores del odio”. Quise decirles que yo también era un expulsado, pero preferí escuchar su historia. “Me despidieron sin haber cometido una falta grave. Una falta grave puede ser acosar a un alumno y ganas no me hicieron falta, pero no lo hice”, ríe, mientras se sostiene en una de las barandillas del bus que parece que van a desarmarse en cualquier momento y no desentonan con la piel de la profesora. Tanto el bus, como ella, están a punto de jubilarse. Y yo por chismoso me perdí en aquella ruta y no reconocí mi parada. Me perdí y tuve que pagar 200 córdobas de taxi para regresar a casa.

La cultura política del resignado

Estamos a la expectativa de los acontecimientos en este mes de junio. La reunión de Cancilleres de la OEA, la liberación de los presos políticos y la aplicación efectiva de la Nica Act. La presión interna ha mermado por el estado de sitio policìaco, que procura a través de la opresión y represión contener las exigencias de los nicaragüenses. Pero el principal problema es la cultura del resignado con que la mayoría de los nicaragüenses ven la crisis. La lectura de algunos es que el país va por mal camino y la solución para resolver la crisis es un adelanto de elecciones. Es decir, un cambio cósmetico. Irresponsablemente creen que los problemas del país se solucionan con elecciones.

“No me interesa la política, eso no me da de comer”, “Dios quiera que se resuelva esto”, con estas ideas providencialistas, pasamos de un estado de activismo en contra de los problemas estructurales del país, a un estado de indiferencia. “Todos los políticos son iguales” y podría añadir que sus ciudadanos también. El “Estado-Botín” es también una realidad en este proceso de construcción de “UNIDAD”, los nuevos “hèroes” del país ya están exigiendo su cuota de poder. Todavía no hemos entrado a discutir con énfasis los problemas estructurales y caemos en una redundancia generalizada sobre lo que queremos. La experiencia de las diferentes tendencias ideológicas desde el conservadurismo, pasando por el liberalismo y porteriormente el sandinismo “socialista” es que todas carecieron de una agenda nacional sobre la realidad del país. Ninguna supo expresar los intereses y aspiraciones de los nicaragüenses, la Alianza Cívica se dirige por el mismo camino.

La Alianza Cívica es un ejemplo perfecto de nuestra cultura política nicaragüense. Desgraciadamente una élite se autoadjudicó la representación de los nicaragüenses en la mesa de negociación, pero para construir esa agenda nación a la que aspiramos, el consenso entre los diferentes sectores sociales debe ser “sí o sí”. A la crisis política le anteceden problemas sociales primarios. Estamos superficialmente o cosméticamente “solucionando” el problema-país, mientras no hemos podido explicar todas las problemáticas que anteceden a la crisis.

El pacto como instrumento político está siempre bajo la mesa y la Alianza lo ha utilizado recientemente. La reforma electoral que promueve la OEA ha sido objeto de un pacto entre Ortega y los empresarios. Este pacto ratifica la hipótesis de un “orteguismo sin Ortega”. La reforma no incluye la creación o participación de nuevos partidos políticos. La Alianza Cívica utilizará la casilla de CxL y “dedocráticamente” eligirá a los “representantes” del pueblo. Es decir, la expectativa es que gobernarán quienes garanticen los intereses de la oligarquía nicaragüense.

Ante este escenario, la respuesta de los nicaragüenses no solo ha sido la indiferencia ciudadana, también el fatalismo. “Así Dios lo quiso”, no ven factible cambiar de “esto es lo posible” a “es posible”. No nos vemos capaces de construir nuestro propio destino. Tal parece que hasta los delegados de la Alianza son “elegidos por Dios”, así, la “nueva Nicaragua” es la misma de hace 200 años, donde el orden preestablecido no se puede cambiar.

La cultura política del resignado es un obstáculo para analizar la realidad del país. Ortega solo es un parte del problema. La foto donde salían los estudiantes representando a los nicaragüenses ante Luis Almagro ahora la ocupan los Aguerri, Chamorro y Healey, es una vuelta al ciclo que nos ha condenado a no superar nuestros problemas y pretende, con arreglos cosméticos, darle estabilidad de corto plazo al país, pero irremediablemente los conflictos, por falta de soluciones profundas, se repiten.

Las soluciones tampoco vendrán desde afuera. Los nicaragüenses somos los únicos que podemos decidir los tiempos en que puede caer la dictadura. Nos corresponde debatir qué haremos para sacar a la dictadura y cómo lo debemos hacer. Necesitamos un consenso social, un nuevo contrato social para construir un Estado moderno donde se respete la institucionalidad, un país democrático con Estado de Derecho, pero mientras los egos y los protagonismos dentro de la oposición ignoren los intereses de los sectores sociales y tengamos a una población dispuesta a manifestarse sin saber cómo, chocaremos siempre con la pared del sub-desarrollo. El país aún no supera su pasado colonial, tenemos un Estado-Providencialista.