Abril es nuestro

Abril es nuestro

El radicalismo de una parte de los nicaragüenses, en su mayoría jóvenes, que habiendo vivido durante estos meses el yugo opresor de la dictadura, menosprecian la historia, como si negándola construiremos un nuevo país. No es así. La historia es algo intrínseco a nosotros, es a través de ella que sabremos de dónde venimos o hacia dónde vamos.

Muchos habrán escuchado la frase: “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, pues durante meses gritamos en las calles de Nicaragua: “¡Daniel y Somoza son la misma cosa!” Y esa repetición de la historia es una herencia de nuestra cultura, lo que generación tras generación nos han transmitido nuestros padres y abuelos. Lo que ha pasado en Nicaragua, lo que hemos hecho, es lo que culturalmente somos. No es una ideología la que nos ha puesto en esta situación, es nuestra cultura la que ha condicionado nuestro pasado, presente y futuro. Entonces, de ahí nace la necesidad de construir una nueva cultura política que nos permita desarrollarnos como sociedad.

Recientemente Madelaine Caracas escribió un artículo para Confidencial, que tituló: “No somos los hijos de la revolución”, que en todo caso debería ser los nietos y no los hijos. Leyendo este artículo me di cuenta de que seguimos creyendo que aquella revolución o insurrección que derrocó a la dictadura de Somoza no nos pertenece. Sí, hay que diferenciar aquella insurrección popular que derrocó a Somoza en julio del 79 de la revolución de los 80s que derivó en una dictadura más sangrienta que la de Somoza.

Aquella insurrección fue de muchachos como nosotros que levantaron barricadas, incluso más jóvenes, esa insurrección nos pertenece. Esa insurrección es la que le dio vida y nombre al heroico Monimbó, la que le dio el nombre de “la ciudad tres veces heroica” a Estelí. Es que esa historia fue escrita por jóvenes como nosotros, como Leonel Rugama y su “¡Que se rinda tu madre!”, es esa la consigna que se lee en las paredes de Nicaragua. ¡Viva Nicaragua libre!, !Patria Libre y Vivir!, ¡El que no brinque es sapo!, ¡Ni un paso atrás!, entre tantas otras consignas que inconscientemente gritábamos y son herencia de las historias que nos contaban nuestros abuelos.

Cambiamos algunas líneas de esas frases condicionados a esta nueva realidad. Hay pincelazos de aquella vieja revolución en la rebelión de abril. No nos debemos sentir avergonzados de eso, porque no es cierto que la revolución sandinista sea de los todopoderosos comandantes o de Daniel Ortega, esa es la narrativa que nos han hecho creer. No, esa revolución fue del pueblo que, como nosotros, creyeron en una Nicaragua mejor.

Es cierto también que la revolución derivó en una pantomima horrorosa, de ahí debemos aprender que la rebelión de abril no tenga el mismo final. La rebelión de abril, no es de los que están negociando con el régimen, es nuestra. No está en la figura de Ortega la revolución sandinista, como tampoco está en la figura de Lesther Alemán la rebelión de abril. Lo revolucionario lo llevamos en la sangre y debemos adueñarnos de nuestra historia para no volver a ser engañados.

Esta nueva página trágica y dolorosa de nuestra historia es de todos y como muchos de aquellos muchachos que no sabemos sus nombres, pero que dieron la vida para derrocar a Somoza, los muertos de la rebelión de abril no deben ser olvidados, y mucho menos utilizar el nombre de ellos, la rebelión de abril, para fines políticos.

Dos hombres marcaron la historia de Nicaragua en el siglo XX: Augusto Calderón Sandino y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. De aquella insurrección para derrocar a Somoza, la muerte de Pedro Joaquín Chamorro, fue la chispa que encendió el deseo de libertad de los nicaragüenses. PJCH desde 1944 se enfrentó a la dictadura dinástica de los Somoza, también como estudiante universitario. Aunque en la historia no haya sido reivindicado como se merece, es el espejo de todos nosotros, porque soportando todos los vejámenes de una dictadura, dio la vida por Nicaragua, como hoy más de 325 nicaragüenses lo hicieron y como los que resistimos de diferentes formas.

Apropiémonos de la rebelión de abril, para que dentro 40 años se la contemos a nuestros hijos y no vuelva jamás a repetirse otra revolución.