¿Qué nota con Uber?

¿Qué nota con Uber?

Desde hace algunos días viene sonando con fuerza la intención de que la empresa intenacional UBER ofrezca sus servicios en Nicaragua. El negocio de UBER consiste en una plataforma tecnológica en la que, mediante una aplicación móvil, cualquier usuario puede contactar con un conductor particular, que tienen previamente registrado y está disponible para brindar un servicio de transporte privado. En principio la idea de fondo no es nada novedosa: "hacer dinero intermediando entre la demanda de unos y la oferta de otros", pero el hecho de que se usen medios electrónicos para la transacción la vuelve atractiva para algunos jóvenes que se desenvuelven con soltura en el mundo digital y algunos viejos que ven en todo esto una suerte de prodigio de la ciencia.

La noticia de la posible llegada de UBER ha provocado encendidos debates en las redes sociales y en distintos medios de comunicación, con defensores y detractores de distinto signo ideológico y estatus social. Básicamente la defensa consiste en argumentos propios de las ideas del "libre mercado", "competitividad para lograr una mejor calidad en el servicio", "que quien puede pagar más, merece ser mejor atendido" y, por supuesto, "que Nicaragua no puede quedarse rezagada ante el progreso y el desarrollo tecnológico". Por el otro lado tenemos que los detractores esgrimen ideas del tipo: "es un servicio clasista", "contribuirá al desorden ya existente en el transporte selectivo donde abundan los taxis piratas", "es competencia desleal en contra de los taxistas que están sometidos a una serie de gastos para operar", etc.

Al día de hoy se dice que, gracias a la presión de las cooperativas de taxis, el gobierno ha afirmado que no se permitirá que UBER ingrese a operar en Nicaragua, sin embargo, el COSEP insiste en que no se ha dicho la última palabra.

Cabe decir que Nicaragua no es el primer país (ni será, seguramente, el último) en que la empresa UBER ha encontrado una férrea resistencia alrededor del mundo, aunque opera con regular éxito en más de 50 países; y personalmente creo que aquí tiene pocas oportunidades de ser un negocio rentable; porque la verdad es que el valor de una carrera de taxi en nuestro país no es tan alto y la cantidad de usuarios que usen tarjeta de crédito, tengan un smartphone y saldo de datos permanente para conectarse a internet en realidad no es tan grande como podría pensarse.

Pienso que uno de los atractivos de UBER es su promoción como un modelo de negocios "disruptivo", esto es, que viene a romper con los patrones o moldes establecidos; lo que le confiere un aire de "rebeldía" tan preciado en algunos segmentos de la población y se enmarca en la idea de un "emprendimiento exitoso", que también es atractivo y apetecible en un medio como el nuestro, donde la informalidad de los factores económicos ronda fácilmente el 70% de las empresas y/o negocios. Y el caso es que el modelo de UBER, efectivamente, no calza con nuestra legislación en materia de transporte, no se trata simplemente de una "astuta" ruptura de un modelo tradicional obsoleto, sino de violar abiertamente las leyes existentes a menos que UBER se someta a nuestro modelo concesional o se provoque previamente su derogación, liberando definitivamente el transporte público selectivo y dejando a los usuarios en manos de esa empresa internacional y las empresas nacionales o personas particulares que decidan continuar ofertando o comenzar a ofertar el servicio.

Cuando hablamos de "competencia" debemos entender que existen algunas reglas básicas que la hacen posible, una de ellas, quizás la más importante, es que exista igualdad de condiciones para los competidores, luego es necesaria la existencia de un árbitro que dirima cualquier irregularidad que podría cometer un competidor con tal de vencer al otro (salvo el caso en que se aplique la ley de la selva). Por otro lado, en toda sociedad medianamente civilizada existe un ordenamiento jurídico que es el marco y el cauce dentro de los cuales ocurren las relaciones humanas, romper ese marco por las vías de facto es lo que usualmente conocemos como delitos o faltas y no me parece sabio vender la idea de que eso es "progreso y desarrollo", por mucho que dicha idea venga disfrazada de tecnología y modernidad digital.

En buen nica: la idea de UBER, sin una previa modificación de nuestro ordenamiento jurídico, no es otra cosa que la organización de taxistas piratas que van a producir ganancias a una empresa extranjera en detrimento del orden y las leyes nacionales, con posible perjuicio a los empresarios y trabajadores del transporte que cumplen con dicho orden y dichas leyes. No hemos hablado, tampoco, de lo que ganaría la sociedad nicaragüense, más allá de la expectativa de comodidad de un segmento poblacional que podría "darse el lujo" de pagar un servicio de transporte privado… ¿y los impuestos?, ¿y el seguro social de los conductores?; aunque a muchas personas no les guste: los países viven, económicamente hablando, de los impuestos que generan las transacciones comerciales internas y externas, con eso se paga la salud pública, la educación pública, la seguridad pública y otros rubros de importancia vital.

Es evidente que tenemos que mejorar en muchos aspectos el servicio de transporte público y creo que todos los esfuerzos deben ser dirigidos en esa dirección, la discusión sobre el tema de UBER no debería apoyarse en nuestras obvias deficiencias para favorecer su ingreso ni en un proteccionismo ciego hacia quienes no están cumpliendo a cabalidad la función para la que les ha sido otorgada una concesión estatal, sino que debería orientarse a una revisión de las leyes y su cumplimiento, tanto por la parte que le corresponde al Estado como por la parte que nos corresponde a los ciudadanos; los usuarios y los transportistas.

Primero pensemos como nicas en lo que nos beneficia como nicas, pensemos en cómo conviene organizarnos mejor… luego diseñemos las reglas que corresponda, incluso tomando en consideración que empresas como UBER puedan incorporarse al sistema. Pienso yo.