Marketing político y su aplicación en Nicaragua

Marketing político y su aplicación en Nicaragua

El desarrollo de la informática, la telemática y otras tecnologías denominadas de punta no sólo ha contribuido al desarrollo de las economías nacionales a través del crecimiento impetuoso del comercio internacional sino que además, ha logrado que la extrema pobreza y la extrema riqueza sean vecinas y se miren todos los días a través de pantallas interpuestas, así por ejemplo, en fracciones de segundos puedo informarme sobre los programas de maestría y doctorados que ofrece la Lomonosov de Moscú o la Sorbona de París y con la misma facilidad apreciar el prodigioso desarrollo del Japón y la extrema pobreza de la isla de Madagascar ubicada en el Océano Indico o el genocidio y la miseria de Ruanda y Burundi, ubicados en el propio corazón de Africa.

Pero la globalización también ha revolucionado las formas de hacer política; hoy ya no es tan importante el contacto personal del político con su clientela, basta el acceso a la televisión, a internet o un medio más primitivo como es la radio, para convertir a un político bien intencionado e inclusive a cualquier charlatán en una oferta atractiva. El marketing político, al igual que la mercadotecnia de bienes y servicios, tiene como objetivo básico la satisfacción plena de los consumidores, por lo tanto debe tener una dimensión ética, de tal forma que el engaño, la mentira y otras formas antiéticas de hacer proselitismo son incompatibles con una buena estrategia de marketing.

Una buena estrategia de marketing, investiga, diagnostica, previene, corrige, ajusta, planifica, optimiza, eficientiza, maximiza, diferencia, percibe y rentabiliza todo con un solo propósito: que el cliente (los electores) consiga los objetivos propuestos. En esta perspectiva la estrategia de marketing político persigue dos objetivos fundamentales que se complementan dialécticamente y que por lo tanto no son excluyentes, el primero es la satisfacción del vendedor (es decir, el presidente, alcalde, diputado, activistas, promotores, líderes), y el segundo la satisfacción del comprador (es decir, los segmentos de mercado: segmento fiel, segmento seguidor, segmento flotante y el segmento abstencionista), compuesto por hombres y mujeres que desean cambiar su situación actual en una cualitativamente nueva.

La mercadotecnia política no es más que el conjunto de métodos y herramientas mercadológicas de las cuales se pueden servir las organizaciones políticas, el poder público y las organizaciones no gubernamentales para detectar las necesidades de la ciudadanía, presentar alternativas de solución e influir en su comportamiento, respetando las reglas de participación política y contribuyendo al avance del sistema democrático (licenciada Gisela Rubach). El marketing político presupone un proceso de planificación estratégica que incluya un plan que desde una perspectiva sistémica integre los principales problemas de la localidad y las múltiples alternativas de solución en un marco realista y objetivo, en concordancia con las posibilidades reales en cuanto a recursos disponibles y las posibilidades de adquisición de éstos en el exterior.

En nuestro país los actores políticos actúan de acuerdo a coyunturas, sin planes específicos de desarrollo, siendo sus acciones esporádicas de carácter paliativas y dirigidas a resolver problemas concretos (unas cuantas hojas de zinc, determinadas cantidades de bloques, unas cuantas libras de frijoles y arroz, por ejemplo). El escenario de competencia electoral en nuestro país se pone de manifiesto a través de chantajes, "bolas recias", hostigamientos, acusaciones injuriosas, todo con el propósito de eliminar al competidor político, es decir, no es una competencia entre ofertas de productos competitivos: un mejor programa, un candidato inteligente, un político creíble, un proyecto de futuro, etc., sino que más bien se vende desconfianza, incertidumbre, miedo, rechazo, intolerancia y odio hacia el otro.

En conclusión, las campañas políticas en nuestro país tienen un objetivo cuyo propósito se contradice con los principios básicos del marketing político, pues aquí el único que satisface sus deseos es el vendedor (político deshonesto), mientras el consumidor, de previo conoce que está comprando miseria.

Dr. Israel E. Benavides Cerros, Ph.D.
Economista y Administrador
Profesor e Investigador