¿Legítima defensa?

¿Legítima defensa?

A raíz de un lamentable suceso en el que se declaró culpable de homicidio a un ciudadano que a su vez fue víctima de robo con fuerza e intimidación, dentro de su hogar; las redes sociales se han inundado de comentarios solidarios y, al parecer, la presión ha sido tal que el Ministerio Público está procediendo a retractarse y, bastante ridículamente, pedir la anulación del proceso penal que ellos mismos instaron y ganaron.

En un país donde la inseguridad jurídica campea a sus anchas (donde un kilo de cocaína se convierte milagrosamente en talco) no es de sorprenderse, claro, pero no deja de ser preocupante que en el nivel social con mejor preparación académica y cierto grado de intelectualidad el debate se centre en puras emotividades y apreciaciones subjetivas alejadas de toda noción de Derechos Humanos y del Derecho mismo. Más lamentable es el hecho de que muchos de los comentaristas sean Abogados, supongo que para granjearse simpatías y popularidad, porque no me atrevo a asumir su ignorancia.

Conviene comenzar diciendo que la defensa legítima NO HACE DESAPARECER el ilícito cometido sino que permite eximir de la responsabilidad criminal o atenuar la pena al autor, NO ES UNA JUSTIFICACIÓN LEGAL para actuar en contra de la ley penal. Matar a una persona es siempre un homicidio, independientemente de que esa persona sea un ladrón o un ciudadano honrado. Por otro lado, para que tenga cabida la legítima defensa, debe ocurrir como respuesta inmediata ante una acción agresiva e ilícita que de forma expresa, inminente y factible ponga en riesgo los bienes jurídicos (propios o ajenos) tutelados por la Ley; la inmediatez de la respuesta y la inminencia del peligro para la vida del que se defiende son fundamentales para lograr una eximente completa en un caso de homicidio como el que comentamos.

Concretamente, en Nicaragua el numeral 4 del artículo 34 del Código Penal establece los requisitos para configurar una defensa legítima que son:

  • Agresión ilegítima; en caso de defensa de los bienes se considerará agresión ilegítima, el ataque a los mismos que constituya delito y los ponga en grave peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de agresión ilegítima a la morada y sus dependencias, se considerará la entrada indebida en una u otras;
  • Necesidad racional del medio empleado para impedir o repeler la agresión;
  • Falta de provocación suficiente por parte del defensor.


Según los detalles del caso que han brindado los distintos medios de comunicación, el ciudadano declarado culpable de homicidio logró matar a uno de los ladrones cuando este se disponía a retirarse del lugar de los hechos, alcanzándole con un disparo por la espalda y otro disparo más cuando el ladrón yacía herido en el piso. Veamos la versión del diario "La Prensa":

Los delincuentes primero entraron a una habitación donde tomaron supuestamente dinero, luego Altamirano Hernández entró al cuarto donde estaba el acusado con otro familiar y su sobrino, y les dijo que era un robo y le dieran sus celulares; estos se los entregaron y el delincuente salió del cuarto para ayudarle al otro a cortar un cable con una tenaza para poder llevarse un televisor, momento que aprovechó el acusado para sacar su arma que estaba debajo de la almohada.

“Cuando el ahora occiso voltea hacia donde están ellos, el procesado le dispara en el cuello y este da la media vuelta para retirarse, pero cae inmediatamente boca abajo en el piso, momento aprovechado por el procesado García para realizarle otro disparo por la espalda”, según acta de juicio.

El otro delincuente salió huyendo del lugar y aunque el procesado le disparó dos veces, no logró darle, según la Fiscalía.

El disparo en el cuello perforó el esófago, lesionó la carótida, la yugular y fracturó la primera y segunda cervical y el sujeto murió instantáneamente, según declaró en el juicio Néstor Membreño, médico forense.

Según ese relato el occiso y su acompañante (los ladrones) en ningún momento pusieron en riesgo la vida del defensor, sino que se dieron a la tarea de continuar robando, que era su objetivo original. El segundo disparo era absolutamente innecesario. De este modo, si nos atenemos a la "legítima defensa" vemos que la misma no debería prosperar, en estricto Derecho, salvo que como atenuante o eximente incompleta. Como complemento a esta interpretación jurídica podemos ver que cuando se arguye un "estado de necesidad" (numeral 5 del mismo artículo) el mal causado no puede ser mayor que el que se trate de evitar.

Cabe detenerse un momento a reflexionar y sopesar los bienes jurídicos en juego: cuando lo que está en peligro es tu vida o la vida de otra persona, podés actuar en contra de la vida del agresor… si lo que está en juego es simplemente un bien material, NO. El derecho a la vida de cualquier ser humano es un bien jurídico superior y eso tiene que estar bien claro. Si a alguien sirve de consuelo, el desprecio por la vida humana de un delincuente no es exclusivo de los nicaragüenses, en otros países se organizan verdaderas cacerías humanas… en Brasil, por ejemplo, hace poco tres niños fueron asesinados luego de que supuestamente intentaran asaltar un vehículo y es también conocida la carnicería humana decretada en Filipinas.

Para no extender demasiado esta nota, cabe decir que la defensa jurídica del procesado no radica en una legítima defensa, como ha sido visto, sino que, muy probablemente habría prosperado basada en dos causales, también eximentes de la responsabilidad penal, que están contenidas en los numerales 2 y 6 del mismo artículo 34 (que es lo que la gente intuye en este caso concreto); la primera relacionada con el estado de perturbación que obviamente provoca ver a dos desconocidos, presuntamente armados, robando dentro de tu casa y la segunda consistente en el miedo insuperable causado por la incertidumbre en cuanto a las posibles siguientes acciones de los delincuentes. Es menester decir que las causales no son aplicables arbitraria o antojadizamente y varían de caso en caso, dependiendo de las condiciones personales y habilidades de los involucrados; no te recomiendo creer que siempre podés matar a un ladrón impunemente.

El Abogado defensor erró en su cálculo de lograr convencer al jurado que, para mi sorpresa, ha actuado en estricto apego al espíritu de la Ley. Cualquier Abogado con mediana experiencia sabe que estos casos es mejor ventilarlos en un juicio técnico, para poder contar con los recursos correspondientes en caso de una sentencia desfavorable. Ahora todo el sistema entra en un juego absurdo de ilegalidades para ganar legitimidad.

La actual solicitud de nulidad impulsada por el Ministerio Público tampoco tiene asidero jurídico aparente, habrá que esperar para ver con qué número continúa la triste función circense. Lo "bueno" es que el público está contento y aplaude muy alegremente convencido de su "poder". La institucionalidad y la seguridad jurídica de este país hace rato fueron debidamente sepultadas, una palada más de tierra o una menos no harán mucha diferencia y no podemos aspirar a mucho, pensando y actuando como lo hacemos y con la calidad de profesionales del Derecho que nos gastamos.