La crisis del seguro social, problemas y soluciones

La crisis del seguro social, problemas y soluciones

A raíz de un informe emitido por la delegación del FMI, en el que aconseja una serie de medidas de ajuste económico al gobierno de Nicaragua, entre ellas algunas relacionadas con el INSS, los medios de comunicación y las redes sociales se activaron provocando encendidos debates en distintos foros virtuales e incluso un encuentro en el Centro Ecuménico Antonio Valdivieso que, a manera de Asamblea, culminó con un pronunciamiento que fue suscrito por los presentes.

La crisis actual del INSS en realidad no es una sorpresa ni ha sido un secreto de Estado. Distintos profesionales nicaragüenses, destacando entre ellos el Dr. Adolfo Acevedo, desde hace alrededor de una década han venido advirtiendo la llegada de este momento (por ejemplo). Más aún, desde el año 2011 el propio INSS realizó y publicó un estudio que determinó algunas posibles medidas para afrontar la situación.

Con declaraciones contradictorias ante los medios comparecieron personeros del gobierno del FSLN, inicialmente Bayardo Arce Castaño (asesor económico de la Presidencia) en un medio independiente pareció dar a entender que se acogerían las medidas recomendadas por el FMI, entre ellas la de aumentar la edad de jubilación y la cantidad de cotizaciones para poder optar a una pensión. Casi inmediatamente Francisco López, presidente del INSS por el gobierno del FSLN, salió al paso de los crecientes comentarios indignados de la población informando que el gobierno no estaba siquiera discutiendo la posibilidad de aplicar las medidas aconsejadas.

De la explicación de Francisco López, sin embargo, se entiende que, ante la falta de ingresos del INSS para cubrir sus egresos y debido a la “lógica” de la solidaridad bajo la cual opera el sistema, lo más probable es que veamos reducirse dichos egresos; principalmente en materia de atenciones médicas especializadas y medicamentos (cosa que algunos usuarios ya venían notando desde hace algún tiempo). Se hace necesario decir que esta posición es irresponsable y oportunista, porque mientras se evita el malestar de la mayoría actual de cotizantes se está condenando a los beneficiarios, provocando al mismo tiempo que el problema de fondo continúe creciendo y convirtiéndose en una verdadera bomba de tiempo que va a estallar dentro de muy pocos años.

Podemos resumir tres aspectos fundamentales que destacan en los debates acerca de la situación actual del Seguro Social:

  • La utilización arbitraria de sus recursos por todos los gobiernos que le han administrado (incluyendo, obviamente, al actual), es decir, su mala administración;
  • Las deudas enormes que arrastran las municipalidades y el Estado mismo por no mantener al día el pago de las cotizaciones de los empleados públicos, así como otras deudas sobrevenidas por la utilización de los fondos para patrocinar proyectos y empresas afines al gobierno;
  • El drástico aumento de los egresos frente a la insuficiencia de los ingresos que percibe por las cotizaciones actuales, una diferencia que continuará creciendo debido a la paulatina reducción del fenómeno conocido como “bono demográfico” y la entrada de la población a una fase de envejecimiento relativamente acelerada.

 

La crisis del INSS, así planteada, se presenta como una excelente oportunidad para discutir el tipo de sociedad que tenemos y si realmente queremos o podemos aspirar a construir un mejor país, esto porque: “La seguridad social es la protección que una sociedad proporciona a los individuos y los hogares para asegurar el acceso a la asistencia médica y garantizar la seguridad del ingreso, en particular en caso de vejez, desempleo, enfermedad, invalidez, accidentes del trabajo, maternidad o pérdida del sostén de familia.”; vivir en sociedad tiene sentido si somos capaces, colectivamente, de garantizarnos esa protección.

La calidad y cobertura de la Seguridad Social, en su sentido más amplio, depende de las condiciones económicas del país. Así, la solución ideal consistiría en obtener un nivel nacional de ingreso per cápita que, con una correcta y justa distribución, permitiera solventar las necesidades vitales de cada persona en nuestro país, sea por la vía contributiva (como es el caso del INSS) o por medio de los impuestos que se generen alrededor de las distintas actividades económicas. Esta es una solución factible y alcanzable en el mediano y largo plazos (20 a 30 años), siempre y cuando logremos articularnos como sociedad y enfocarnos en ese objetivo.

Sin perder de vista ese objetivo fundamental, para el corto plazo se hace inminente reconocer la necesidad de:

1. Brindar al INSS una autonomía y capacidad reales de autogestión. La administración del Seguro Social debe estar bajo el control de sus patrocinadores y beneficiarios. En primer lugar se debe recuperar la credibilidad y la confianza en el sistema, así como evitar la posibilidad de que los fondos del INSS vuelvan a ser utilizados para fines distintos de garantizar la seguridad social de los cotizantes.

2. Una nueva administración del INSS tendría que negociar con el Estado;

  • El pago de las sumas que el Estado debe al INSS por concepto de cotizaciones de los empleados públicos.
  • El aporte del Estado para pagar aquellas prestaciones y pensiones que han sido asignadas al INSS para personas que no pertenecen al sistema.
  • El aporte del Estado para garantizar la prestación de servicios y pensiones a quienes no hayan logrado completar los requisitos del INSS para acceder a los mismos.
  • La forma de recuperar total o parcialmente las sumas de dinero que han sido utilizadas para fines distintos de los que corresponden al INSS.

 

3. Es imperativo que se realicen los ajustes que garanticen la estabilidad financiera del INSS manteniendo la cobertura de servicios a los beneficiarios actuales. Se debe hacer uso de las herramientas legales de que dispone el INSS para ampliar la base de cotizantes. Si es necesario, como parece serlo, aumentar la edad de retiro y el número de cotizaciones para optar a la pensión, pues habrá que hacerlo. (Sobre estos aspectos, nuestro amigo Cornelius Hopmann hace una propuesta que merece ser tenida en cuenta.)

Una discusión centrada en encontrar culpables y aprovechar la ocasión para obtener “réditos políticos” es absolutamente inconveniente, de hecho, es también innecesaria. Si el gobierno del FSLN obstaculiza la búsqueda de soluciones a la crisis del INSS se pondrá, por sí mismo y a sí mismo, en posición de ser descartable. Esperemos que la explosión mediática logre ser oportunamente aprovechada para debatir y brindar respuestas reales (no politiqueras) a los problemas de la Seguridad Social en Nicaragua, creeme cuando te digo que en ello está en juego nuestra vida (individual y colectiva).