Ética, moral y ordenamiento jurídico

Ética, moral y ordenamiento jurídico

En Nicaragua, como en muchísimos países alrededor del mundo, se vive una crisis social de la que no parece haber una pronta salida. Básicamente esta crisis se ve reflejada en altos niveles de corrupción que afectan a las relaciones políticas y económicas entre particulares y, lo que es más grave, a la administración pública. En estas circunstancias algunos individuos, quisiera creer que la mayor parte de la ciudadanía nicaragüense, desde nuestra perspectiva ética individual, nos vemos ahogados en un mar de descomposición moral que ha logrado inutilizar los mecanismos sociales, democráticos, creados para contenerle; mientras, al mismo tiempo, la sociedad en su conjunto se ve imposibilitada para cumplir su objetivo principal, el cual yo considero es alcanzar y preservar el "bien común".

Cuando hablo de ética individual me refiero al conjunto de valores y principios que son consciente y voluntariamente aceptados y adoptados por un individuo como rectores de sus actuaciones personales. La ética comprende el concepto subjetivo del deber ser, la forma en que cada individuo considera debe proceder de cara a un hecho o situación relevante que es susceptible de ser valorada positiva (bueno, correcto, justo o legal) o negativamente (malo, incorrecto, injusto o ilegal). Así planteado, la ética implica también un análisis personal y crítico de la realidad social y del entorno en general, es una condición adquirida y no inherente a la persona humana, motivo por el cual es susceptible de ser formada y/o modificada durante el transcurso de la vida en sociedad.

La moral, y más concretamente la moralidad o normas morales, se comprende como la actitud y actividad socialmente aceptadas como correctas por una colectividad; digamos que son los valores y principios comunes a los individuos que conforman el grupo social, los deberes implícitos que permiten y regulan la interacción social. Así, mientras lo ético es lo que yo personalmente estimo "debe de ser", lo moral sería aquello que el grupo asume como ideal de conducta para todos. Eventualmente sucede que, como producto del análisis ético individual y el cuestionamiento de lo moralmente aceptado, el basamento moral que sirve de marco y fondo a la interacción social puede sufrir modificaciones, más o menos trascendentes, en el transcurso del tiempo; dicho de otro modo, la moralidad no es estática, sino cambiante.

El ordenamiento jurídico, por su parte, es el conjunto de disposiciones legales, en nuestro caso escritas, que rigen de forma estricta las actividades individuales y colectivas dentro de un conglomerado social, normas que comprenden incluso la posibilidad de la coerción y el castigo para los casos de incumplimiento. En un escenario ideal el ordenamiento jurídico es el mecanismo democrático creado por la sociedad que necesariamente comprende aquellas normas morales que se consideran indispensables (inquebrantables) para la convivencia del grupo, para garantizar la estabilidad y la paz social. Podemos decir que el ordenamiento jurídico preserva el ideal social de lo que es la justicia y es el nivel de normas o disposiciones convencionales en que se define más nítidamente la estructura que la colectividad asume para los fines de su organización.

En el proceso de la convivencia, los seres humanos creamos toda una estructura colectiva que pasa a estar por encima de las individualidades, el colectivo se constituye en lo que denominamos sociedad y comprende las figuras del Poder y la Autoridad, pero de esto vamos a conversar en una próxima nota. Cabe sí decir que una sociedad no es la suma simple de sus individuos, ni de sus voluntades individuales, y de esa manera se entiende que los objetivos sociales tampoco pueden ser la suma simple de los objetivos individuales y más bien, de alguna manera, quiérase o no, esos objetivos sociales están ubicados por encima del interés individual de cada uno de los miembros del colectivo, vistos separadamente, o de un segmento del mismo en particular. En este orden de ideas, dada nuestra necesidad de convivir e interactuar con otros seres humanos, podemos definir que existen algunas motivaciones o necesidades básicas, primarias, que cada uno de nosotros perseguimos, individualmente, para ser alcanzadas dentro de la colectividad e incluso a través de ella, y estas son:

  • Bienestar
  • Libertad
  • Justicia

Así pues, concluiré la presente nota diciendo que el "bien común", en mi visión de las cosas, más que un bien material o conjunto de los mismos, es en realidad una condición o estado que nos permite la satisfacción de las necesidades individuales básicas enunciadas; por lo que, a la postre, el bien común sería el objetivo común que pretende ser alcanzado por la sociedad y consiste en garantizar, a todos y cada uno de los individuos que la conforman, la posibilidad de acceder a una situación de máximo bienestar, en libertad y con sustento en la justicia. Y hacia ese norte es que tenemos que enderezar el rumbo de nuestro maltrecho país.