¿El Comandante se va o se queda?

¿El Comandante se va o se queda?

A fuerza de balas y cárcel, obligando a decenas de miles de nicaragüenses al exilio y manteniendo la represión contra cualquier intento de manifestación popular el gobierno del FSLN ha logrado contener a la ciudadanía para imponer temporalmente su voluntad y generar un ambiente de falsa normalidad que por algún tiempo podría contentar a sus pocos seguidores quienes, lamentablemente, no alcanzan a comprender la magnitud de lo que nos espera.

La matrícula en las universidades públicas y privadas se ha visto drásticamente reducida, centenares de establecimientos comerciales se han visto obligados a cerrar operaciones y las empresas que generan empleos formales poco a poco van disminuyendo sus plazas de trabajo y oficinas, para poder hacer frente a los aumentos arbitrarios en materia de Seguridad Social y las reformas tributarias que se avecinan. Pese a algunas maniobras que realiza el gobierno para atraer inversión extranjera desde algunos países que están fuera del control o influencia de los Estados Unidos de Norteamérica, se hace evidente que la magnitud de la crisis superará fácilmente cualquier apoyo que se reciba. No podemos olvidar que uno de los atractivos de invertir en Nicaragua, más allá de nuestra mano de obra barata, era la apertura hacia el mercado norteamericano que cada día se estrecha más.

Con la expulsión del FSLN de la Internacional Socialista, las condenas de la OEA y el Parlamento Europeo, las sanciones de los Estados Unidos de Norteamérica y el repudio y condena de todos los organismos internacionales de Derechos Humanos, se hace evidente la insostenibilidad del sistema “sandinista” en el mediano plazo y resulta difícil entender a qué apuesta el FSLN, cuál es su proyección de futuro. A decir verdad no hay una respuesta lógica a ambas cuestiones, el capricho de preservar el poder para hacer prevalecer un régimen que no tiene ningún futuro político ni económico es simplemente absurdo. Se puede comprender que todos los empresarios sandinistas han construido sus negocios y fortunas alrededor del ejercicio del poder, de tal suerte que no se ven a sí mismos trabajando fuera de ese esquema, pero eso era posible en un ambiente político-social mínimamente aceptable, bajo una máscara de democracia que ya no existe. En el corto y mediano plazos, de no estabilizarse ese ambiente político-social destrozado por la represión gubernamental, los negocios de los partidarios del FSLN correrán la misma suerte que el resto: morirán.

Por otro lado, en el extremo opositor más recalcitrante, podemos apreciar que no se plantean mayores propuestas que la salida del Comandante como condición indispensable para salir de la crisis. Esta posición tampoco tiene la menor idea de cómo lograr esa salida y las esperanzas están cifradas en la caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela ya que, según esa versión, se obtendrían los votos requeridos para que la Organización de Estados Americanos (OEA) aplique la Carta Democrática Interamericana a Nicaragua, es decir, la suspenda de ese foro regional. No entiendo cómo opera en la imaginación de estas personas el proceso entre la suspensión de Nicaragua en la OEA y la renuncia de Ortega, porque de ninguna manera ambas cosas están relacionadas. Tampoco entiendo cómo la salida de Ortega va a solucionar problemas tan graves como la criminalidad de nuestras fuerzas armadas y policiales, la criminalidad del sistema de salud que negó la atención a heridos durante las protestas, la criminalidad de las universidades públicas que han borrado de sus registros a estudiantes y egresados, la criminalidad de los jueces que dictan condenas absurdas contra personas inocentes, etc.

Haciendo un balance muy equitativo me parece que podemos afirmar que mientras un 20% de la población puede querer con certeza que el FSLN (con Ortega a la cabeza) permanezca en el poder, hay un 20% de la población que exige su salida inmediata y un 60% que solamente quiere vivir en paz. Así las cosas, como lo ha venido planteando Propuesta Ciudadana desde julio del año pasado, la única salida posible a la crisis es la negociación entre la oposición autoconvocada aglutinada en la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) y el gobierno, con la mediación de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) y la supervisión de la OEA, SICA, UE y la ONU, para que previas reformas al sistema electoral se realice un referendo en el que la ciudadanía nicaragüense decida la permanencia o salida anticipada del poder del FSLN, así como la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Al mismo tiempo, las negociaciones tienen que incluir la creación de un sistema de Justicia Transicional que nos permita resolver la situación de las personas detenidas y que sean llevados a juicio los verdaderos responsables por los crímenes que hayan ocurrido entre el 18 de abril del 2018 y el día de suscripción del acuerdo, independientemente del bando al que pertenezcan.

La propuesta que ha presentado reiteradamente nuestra organización es la única forma realmente posible, democrática y pacífica para salir de la crisis que nos agobia y amenaza con destruir nuestro futuro. Vamos a seguirla impulsando, necesitamos de tu apoyo.