El abuso policial: un llamado a la reflexión (parte 1)

El abuso policial: un llamado a la reflexión (parte 1)

Con mucha preocupación he dado seguimiento a la noticia de que, una vez más, miembros de la Policía Nacional se ven involucrados en la muerte de ciudadanos nicaragüenses, en esta oportunidad una pequeña niña y su padre. Este lamentable hecho coincide con la reciente presentación a juicio de dos ciudadanos, con señas visibles de haber sido golpeados fuertemente en sus rostros, presuntamente dichos ciudadanos están involucrados en el homicidio perpetrado contra dos miembros de la Policía Nacional, durante un operativo policial en que fuera abatido otro presunto delincuente (ex miembro de la Policía Nacional) en el barrio San Luis de Managua. Debo decir que me preocupan tanto los hechos violentos mencionados, como las reacciones de una parte de la población que avala, justifica y aprueba la violencia policial, asumiendo a priori que, efectivamente, todas las personas a quienes los policías intentan capturar o golpean son delincuentes.

En realidad, gracias al principio de presunción de inocencia, ninguna persona puede ser considerada delincuente hasta tanto no recaiga una sentencia penal que lo declare y dicha sentencia solamente será válida si concurren todos los elementos de juicio necesarios (pruebas), en un marco de tramitación conocido como "debido proceso". Lejos de lo que comúnmente se afirma o se cree, las reglas garantistas, establecidas en las leyes penales de casi todos los países del mundo, no han sido pensadas para "proteger al delincuente", sino que a la inmensa mayoría de la población. Y es que, por ejemplo, si analizamos la última estadística ofrecida por la Policía Nacional de Nicaragua, correspondiente al año 2015, en nuestro país cada año se cometen unos 66 delitos por cada 100,000 habitantes, lo que es igual a decir que solamente un 0.066% de los nicas (ni siquiera la décima parte de uno) es delincuente (asumiendo que cada delito es cometido por una persona distinta).

Entre penalistas se suele decir que "es preferible que un culpable esté libre a que un inocente esté en la cárcel", o en el cementerio, me permito agregar. Y seguramente estarás de acuerdo, si tomás en consideración que ese(a) inocente podés ser vos, dada la altísima probabilidad de encontrarte con un policía en la calle al menos unas cuantas veces al mes. Y no se trata aquí de "satanizar" a los agentes del orden, pero a nadie conviene que, debido a su presión por resolver los casos, nuestros policías vean en cada ciudadano o ciudadana a un(a) sospechoso(a) o culpable. No esperés a estar tendido en el piso, con las manos en la nuca y encañonado, o arrinconado contra una pared y siendo vejado, para tomar conciencia de esto.

Por definición legal: la Policía Nacional es un cuerpo armado de naturaleza civil, profesional, apolítica, apartidista, obediente y no deliberante… está sometida a la autoridad civil que será ejercida por el Presidente de la República, en su carácter de Jefe Supremo de la Policía Nacional… y se rige por la más estricta disciplina de sus miembros sometidos al cumplimiento de la ley; al mismo tiempo; tiene por misión en todo el territorio nacional, proteger la vida, la integridad y la seguridad de las personas… el ser humano es el centro y razón de ser de la actividad policial, por tanto constituye un elemento transversal en nuestro modelo policial, el respeto profundo al ser humano y a su dignidad; la protección y defensa de sus derechos inalienables, su vida, seguridad, libertad y demás garantías consagradas en la Constitución Política y en especial la defensa y protección a los derechos de la mujer, niñez y adolescencia.

Cada día se hace más evidente que nuestro cuerpo policial está perdiendo la perspectiva en lo que se refiere al cumplimiento de sus funciones y los principios que deben regir su accionar, enunciados en párrafo antecedente. Según nuestra legislación vigente, los agentes policiales están facultados para evitar los delitos interrumpiéndolos mediante la detención: 1) de quien sea visto en el acto de cometerlos (flagrancia), 2) se encuentre huyendo del sitio en donde se acaba de cometer un delito e incluso 3) puede emitir (bajo su responsabilidad) una orden de captura dentro de las 12 horas de haber ocurrido un hecho delictivo. Fuera de esos casos la Policía tiene la obligación legal de acudir a un Juez Penal, exponerle el caso que le ocupa y obtener autorización expresa para actuar. Y, aún más, la Policía Nacional ni siquiera es la autoridad encargada de acusar o denunciar delitos, porque para eso existe el Ministerio Público o Fiscalía… la función policial está limitada a investigar, informar a la AUTORIDAD JUDICIAL y/o Ministerio Público para esperar instrucciones y luego proceder.

Es muy importante destacar que, en estricto Derecho, las personas que actúan fuera del marco jurídico (incluyendo a los policías) se ven automáticamente desprotegidas por la Ley, mejor dicho, desde otra perspectiva, existe la posibilidad real de que un ciudadano que está siendo ilegalmente agredido, pues, se defienda. ¿Qué puede hacer un ciudadano si a altas horas de la madrugada despierta por el ruido que provoca un grupo de encapuchados armados que están ingresando violentamente a su propiedad? Es de sentido común suponer que si dicho ciudadano tiene un arma, pues haga uso de ella… y no sólo de sentido común, según nuestro Código Civil: "Arto. 1776.- El poseedor, de cualquiera clase que sea, puede defender su posesión repeliendo la fuerza con la fuerza, o recurriendo a la autoridad competente", al tiempo que, en materia propiamente penal, existen claras eximentes de responsabilidad criminal aplicables a los casos en que por miedo insuperable, por repeler una agresión ilegítima o por defender tu vida o la vida de los tuyos te ves obligado a actuar en contra del agresor.

Así planteado, cumplir con los procedimientos legales no sólo es una obligación de la Policía Nacional, cumplir la Ley hace que los agentes policiales estén jurídicamente protegidos en sus actuaciones… de otro modo pueden, razonablemente, caer en la categoría de delincuentes y ser válidamente repelidos o agredidos por el ciudadano o ciudadana a quien violenten sus derechos… o sea, llegar a convertirse en el monstruo que se supone deben combatir.

Siendo este un asunto de vital importancia para la seguridad ciudadana y demasiado amplio para ser abordado en una entrega, vamos a darle continuidad en notas posteriores. Es un tema sobre el cual tenemos que hablar, largo y tendido… para tomar posiciones y decisiones. Espero tus comentarios.