38 años más tarde: atrapados en el tiempo

38 años más tarde: atrapados en el tiempo

Cada 19 de julio es lo mismo: mientras un grupo de personas celebra el triunfo de la revolución popular nicaragüense en 1979, y el derrocamiento de la dictadura de los Somoza; otro, menos numeroso, lamenta lo que considera el mayor desastre de la historia patria: el derrocamiento de Somoza y el arribo del terrible "comunismo". Por increíble que parezca, hay gente que todavía cree que Ortega y sus adláteres aún representan a alguna versión de la izquierda política en el mundo.

En el extremo opositor, desde una perspectiva freudiana, nos topamos con algunos mecanismos de defensa interesantes en las redes sociales y comentarios de algunos medios, que vale la pena mencionar, por ejemplo:

Negación: Reflejada en la infantil afirmación de que no hubo (hay, había) tanta gente en la plaza, que las imágenes seguramente son fotomontajes de los medios gubernamentales (no hay más ciego que el que no quiere ver).

Formación reactiva: La que mueve a la gente a mostrarse agresiva y valiente, en sus encendidos comentarios, cuando en realidad lo que tiene es miedo de afrontar la realidad.

Proyección: Consistente en esa creencia de que las personas que van a la plaza lo hacen siempre forzadas o porque les pagan, dado que de ninguna otra manera lo harían. A la inmensa mayoría de los críticos de esta línea es muy difícil verlos acompañando a una marcha opositora o cualquier actividad de ciudadanos intentando hacer valer algún derecho, estos críticos encontrarán cualquier excusa posible para justificar quedarse cómodamente en casa (como decimos en Nicaragua: el ladrón juzga según su condición).

Racionalización: O sea, todas esas explicaciones "lógicas" e "inteligentes" que el crítico elabora para justificar que en realidad no es democrático, que preferiría que todo el mundo pensara como él y que quien no lo haga es digno de ser odiado y debería desaparecer de la faz de la tierra.

Desplazamiento: Que ocurre cuando al leer un texto o comentario como este mismo, el crítico opositor "determina" que soy danielista y comienza a atacarme sin pensarlo dos veces (incluso sin llegar a terminar la lectura), dado que es más fácil "destrozarme" a mí que ir a pelear a la plaza, con las decenas de miles de personas que, engañadas o no, andan en el bacanal.

Cabe decr que exactamente lo mismo sucede con el otro bando extremo cuando ven las marchas en contra del Canal, por ejemplo, y las comento favorablemente; con la salvedad de que, en ese caso, los afines al gobierno me ven como un reaccionario vendido al imperio, un "chingaste de la oposición".

Algunos opositores deberían reconocer que ver llena la plaza les provoca envidia, simple y pura envidia. El FSLN lleva 38 años llenando la plaza, estando o no en el gobierno, en cualquier fecha que le ronca y place, con gente obligada, acarreada y voluntaria. A estas alturas, la celebración del 19 de julio no debería ser un tema importante de conversación. Y no es sano desear que pase algo malo para ver arruinado el evento, ni siquiera pedir que llueva, porque ahí están decenas de miles de hermanitos y hermanitas nicas alegres que no merecen que alguien descargue su odio en ellos, todo lo contrario, lo mejor es desear que todo salga bien y se diviertan.

Por cierto, es menester decir que mucha gente insegura también va a la plaza como un mecanismo de defensa (al decir freudiano) que es el de la Identificación y consiste en “el fortalecimiento de la autoestima mediante la formación de una alianza imaginaria o real con alguna persona o grupo”. Frente a los problemas económicos que enfrenta la sociedad nicaragüense, ¿qué mejor que unirse a "los que mandan", al grupo más fuerte?

Por el otro lado, lo que algunos "sandinistas" trasnochados deberían entender es que el pueblo no ama al FSLN actual, sino a la imagen histórica que aún se tiene de él. El "triunfo de la revolución bajo la conducción del FSLN" es una entelequia del pasado reciente que justifica una celebración verdaderamente popular. Muchas de las personas que hoy se reúnen para celebrar, están plenamiente conscientes de que el FSLN actual se ha desviado radicalmente de los principios que alguna vez le permitieron ser la "vanguardia" del pueblo nicaragüense. Conozco a personas que van a la celebración oficial, paradójicamente, como una expresión de rebeldía: para evitar "que los traidores también les roben la alegría".

Creo sinceramente que la mayoría de los nicaragüenses estamos alejados de las posiciones extremas mencionadas, pero seguimos permitiendo, peligrosa e irresponsablemente, que sean esos extremos los que de forma activa y beligerante controlen y dirijan los destinos de la nación. También creo necesario decir que, como toda buena utopía, la idea de la revolución nicaragüense sigue viva… no como la "segunda parte" de un proceso truncado y fallido que retóricamente nos pretende imponer el FSLN actual, mientras su membresía se enriquece y nos termina de condenar al subdesarrollo y la pobreza. El proyecto de la patria "pijuda y libre", por la que murieron decenas de miles de nuestros mejores compatriotas, sigue ahí, esperando a que nos pongamos de acuerdo para echarlo a andar.

Ya es hora de que escapemos de la trampa temporal en que nos hemos (y han) sumido. A los buenos y malos recuerdos se les debe construir un espacio mental similar a un museo. Un sitio que podamos visitar para reflexionar y estudiar nuestros aciertos y equivocaciones, para que los recuerdos no nos impidan pensar y actuar en el presente, que al final de cuentas es el que realmente importa y estamos echando a perder con nuestra indiferencia y falta de acción.

Es tiempo de que nos unamos no para derrocar o llevar al poder a alguien, sino para trabajar en la construcción de la Nicaragua presente a la que todos aspiramos, como la única forma de garantizar un mejor futuro a nuestros descendientes. Te estamos esperando y estamos contando con vos.